Porlamar
30 de mayo de 2020





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Francisco –Chendo- Romero
Este viernes 29 de julio lo encontraron muerto en la casa de su conuco. Uno de sus amigos abrió la puerta del cuarto y allí estaba. Lo mataron y le robaron el carro. Esta muerte nos duele –como toda muerte- y duele mucho.
Roberto Malaver /robertomalaver@gmail.com

1º Ago, 2016 | La muerte lo encontró donde más le gustaba estar: En su conuco. Francisco -Chendo- Romero era licenciado en Matemáticas. Y cantor de galerones, El Ñiqui Niqui, se hacía llamar. Y era amigo, sobre todo amigo y solidario. Una vez que se jubiló como profesor de la Universidad de Oriente, se dedicó a su conuco en Paraguachí, en La Rinconada. Allí invitaba a sus amigos a sembrar y a comer de sus sabrosos sancochos.

Juntos estuvimos en la creación del periódico Mureche. Chendo era su director y yo me sentaba muchas veces en un cuartico de su casa a escribir las Goterones mientras él colocaba el esténcil en el multígrafo, como también lo había hecho Pablo –Pablito-Romero Millán en el Comité de Desarrollo Cultural de Tacarigua -CDC-. Ese periódico salía mensualmente y se enviaba por todo el oriente del país y Caracas y Maracaibo. Chendo escribía unas décimas en forma de editorial que titulaba Palitos de Romero.

Antes de salir para su conuco, en Paraguachí, pasaba muy temprano por la casa del señor Ninito Cabrera, allí nos encontrábamos siempre. Nuestra inolvidable y querida, señora María Torres, nos servía el café, y el señor Cabrera, Chendo y yo, conversábamos siempre de lo que estaba pasando. Después Chendo se despedía y salía rumbo a su conuco en Paraguachi.

Este viernes 29 de julio lo encontraron muerto en la casa de su conuco. Uno de sus amigos abrió la puerta del cuarto y allí estaba. Lo mataron y le robaron el carro. Esta muerte nos duele –como toda muerte- y duele mucho, porque Chendo era uno de los mejores, de los solidarios, de los nuestros, de los buenos tacarigüeros amantes de su pueblo.

Francisco -Chendo- Romero, mi amigo, quería tanto a su tierra, que seguramente la tierra, el día que lo enterraron, abrazó su cuerpo para sembrarlo con ella.




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