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17 de noviembre de 2019





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La culpa
Según palabras del famoso psicoanalista Sigmund Freud: “El obstáculo de un sentido inconsciente de culpa […] es el más poderoso de todos los que se tienen para llegar a la recuperación”. Nadie puede recuperarse cargando culpas a sus espaldas ni señalando de culpas a otros.
Mónica Tietz monicatietzs@gmail.com

4 Nov, 2019 | La culpa es un sentimiento sumamente doloroso que hace la tarea de vivir más difícil de lo que ya es. Una de las cosas más terribles de este sentimiento es que la culpa nos invalida y nos victimiza, ya sea que culpemos a terceros de nuestras situaciones o que nos culpemos en lugar de responsabilizarnos.

A diferencia de la responsabilidad sobre nuestros actos, la culpa pesa tanto que nos evita el crecimiento. Ella viene condicionada por el pensamiento de nuestras tribus y sus creencias, por lo que se convierte más en un estigma en el alma que en un aprendizaje.

Según palabras del famoso psicoanalista Sigmund Freud: “El obstáculo de un sentido inconsciente de culpa […] es el más poderoso de todos los que se tienen para llegar a la recuperación”. Nadie puede recuperarse cargando culpas a sus espaldas ni señalando de culpas a otros.

Como dije al principio, cuando culpamos a terceros de situaciones que nos incomodan, nos anulamos. Al hacer esto le estamos diciendo al universo y a nuestro propio ser que nuestra voluntad no tiene fuerza, que somos seres indefensos que no pueden asumir su lugar y deben entregar su vida a terceros. Sin darnos cuenta nos esclavizamos a la visión de otros.

“Donde hay miedo hay culpa”

Esta frase de Enric Corbera me parece excelente para continuar el tema. Al presentarse una situación de cambio, o que se nos hace incómoda, nuestra frase favorita es “no puedo”.

Creo que para este punto de la historia de la humanidad queda muy claro que un “no puedo” es más bien un “no quiero” y detrás de cada no quiero es un miedo irracional a una modificación.

La zona de confort lleva ese nombre por algo, pasar tiempo en ella es necesario, debemos tener siempre una zona en la que podamos relajarnos. Pero entregarle toda nuestra vida a este lugar no trae nada positivo, nos estanca y suele ser una demostración muy clara de miedo.

Usamos, entonces, la culpa para escudarnos. Nos excusamos y damos explicaciones en las que nos victimizamos a través de la culpa de otros. Todo esto lo hacemos, muchas veces, porque tememos fallarle a alguien, a nuestros padres, amigos, pareja; en fin, a cualquiera.

Para poder empezar a perder ese miedo es necesario que comprendamos en primer lugar que nosotros no podemos fallarle a nadie. Las expectativas que terceras personas tienen sobre nosotros no son nuestra responsabilidad, por lo tanto, el no cumplirlas no es nuestra culpa.

Empiezo con ese sentimiento de falla porque es el más común. Crecemos en una sociedad que nos hace sentir que le debemos algo a ella, que debemos cumplir con sus expectativas.

Este sentimiento de culpa por fallar se puede hacer tan pesado que se asocia al Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

Si bien todas las enfermedades tienen una carga biológica que posiblemente necesiten medicación, la bioneuroemoción, en conjunto con la epigenética, busca resolver la causa emocional que crea este problema.

Ya en el pasado expliqué que la epigenética se centra en modificar, por medio de la consciencia, esa carga de culpas que venimos arrastrando desde nuestros antepasados. Recordemos que los traumas que vivieron y marcaron la historia de nuestros antecesores pueden reflejarse en nuestras vidas adultas, y es necesario atenderlos a tiempo (y gracias a Dios es posible).

La culpa, un síntoma

La Clínica Mayo es reconocida por sus excelentes especialistas y los tratamientos que dispensan. Esta clínica dedica una buena parte de sus esfuerzos al estudio de las enfermedades mentales como la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

En estas investigaciones se evidenció el poder de la culpa sobre el funcionamiento del cerebro. Estos estudios no se pueden tomar como definitivos, ya que aún faltan muchos datos que recopilar, pero definitivamente nos sirven para comprender hasta dónde puede llegar el daño causado por la culpa.

Según los testimonios recibidos por psiquiatras, terapeutas y psicólogos de la clínica, la culpa parece ser un factor bastante común en estas dos afecciones.

En el caso de las depresión suele haber un sentimiento de culpa e inutilidad asociado a no llenar las expectativas que su tribu tenía puestas en él, como ya habíamos dicho.

Se cree que cuando el sentimiento de culpa se internaliza puede afectar la producción natural de químicos en el cerebro, de modo que lo que podría ser una tristeza simple pasa a convertirse en un trastorno depresivo agudo. Este trastorno es heredable, demostrando una vez más cómo las emociones y traumas se marcan en nuestro ADN.

Ahora hablemos TOC. Para la bioneuroemoción el trastorno obsesivo compulsivo está aún más ligado a la culpa que la depresión. Según datos de la Organización Mundial de Salud (OMS) el trastorno obsesivo compulsivo se encuentra en la lista de las 20 enfermedades más incapacitantes.

Esta enfermedad es absolutamente agotadora tanto física como mentalmente.

Para la biodescodificación, este trastorno sucede consecuencia de niveles de angustia muy altos que la persona evita enfrentar con movimientos repetitivos y/o rutinas.

Dicho así pareciera que fuese una simple cuestión de relajarse, pero por el hecho de no poder sortear estos comportamientos, el enfermo se llena de culpa alimentando su angustia y convirtiéndose todo esto en un gran círculo vicioso.

Ahora bien, sería muy irresponsable de mi parte decir que enfermedades tan fuertes, complicadas y arraigadas como la depresión y el TOC se van a curar de manera rápida y sencilla dejando ir la culpa, el proceso, igualmente, puede ser largo y doloroso. Sin embargo, de igual manera, no queda duda de que si buscamos el trauma detrás del sentimiento, estaremos de camino a la sanación.

Las personas que sufren de TOC tendrán rituales y comportamientos asociados al trauma, por lo tanto ya habrá una pista para poder empezar a indagar. Como ejemplo más sencillo y obvio tenemos a los que se obsesionan con la limpieza y el orden.

La experiencia dice que este tipo de TOC viene asociado a un abuso infantil, por lo que la persona busca expiar su “suciedad interna” con la limpieza exterior. Hay que tomar en cuenta que las causas detrás de cada ritual de este tipo varían según la persona que lo padece, por lo que hay que estudiarlo con mucho cuidado y no dar nada por sentado.

La culpa como espejo

En un principio expliqué que cuando culpamos a terceros de nuestros problemas o de las situaciones que nos perturban, nos anulamos a nosotros y a nuestra voluntad convirtiéndonos en víctimas. Además de cometer este acto de abandono a nosotros mismos, al culpar a otros también estamos señalando una característica personal que debemos modificar.

Según Corbera, cuando culpamos a alguien de nuestras desgracias también estamos lanzando un juicio y una crítica al comportamiento de esa persona. Al culpar a alguien sobre los resultados obtenidos le estamos diciendo que no es bueno y que por lo tanto debe ser castigado.

La culpa es un arma que maltrata tanto al que la lanza como al que la recibe. El primero parece lavarse las manos y desentenderse del problema, pero ya sabemos que esto no es del todo real, el segundo estará asumiendo una carga que no le pertenece.

Entonces, para cerrar este punto, antes de señalar a alguien por lo que ha hecho y culparlo de lo que esté pasando, miremos hacia adentro. La culpa puede funcionarnos como un espejo, al igual que la crítica pura, pues culpa y crítica son lo mismo.

Anulando el presente

Otras de las horribles consecuencias de vivir con culpa es que nos mantiene un angustiante viaje en el tiempo que evita nos concentremos en el presente. Constantemente regresamos al pasado para revivir el acto disruptor que rompió las reglas del clan. Inmediatamente nos dirigimos hacia el futuro, con vergüenza, para adivinar la deshonra y el castigo que nos pertenece en consecuencia.

Creo que extenderme en cuanto a la importancia de vivir en el presente es innecesario, pero igual es bueno recordar que solo es en el presente que podemos corregir, mejorar y crecer, por lo tanto, este ir y venir que la culpa nos obliga, alimentará el dolor.

No es cuestión de negar el error que tuvimos en el pasado, es asumirlo y aprovechar para corregir y aprender de él, así estarás preparado para las consecuencias que vendrán en el futuro sin el sentimiento doloroso de la culpa.

Vivir sin culpas pero con responsabilidad te asegura un camino de crecimiento que te acerca, paso a paso, a la consciencia y, como siempre les digo: una vida con consciencia es una vida en libertad y paz.




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