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13 de julio de 2020





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Los vampiros emocionales
Desde siempre hemos escuchado las leyendas de Drácula, ese personaje de ficción nacido de la vida de Blad Tepes, “El empalador”, como le conocían sus enemigos.
Mónica Tietz monicatietzs@gmail.com

Foto: CORTESÍA

Vampiros Emocionales / Foto: CORTESÍA

03 Jun, 2019 | Desde siempre hemos escuchado las leyendas de Drácula, ese personaje de ficción nacido de la vida de Blad Tepes, “El empalador”, como le conocían sus enemigos. Para resumirles, la historia de Tepes nos dice que era un rey que disfrutaba al empalar y torturar a sus enemigos y allegados, y luego se sentaba a verlos desangrarse hasta la muerte, esto mientras bebía su sangre. Sí, suena enfermo, desquiciado, y pasó. Esa cruenta historia dio paso al mito de Drácula, quien se alimentaba chupando la sangre de sus víctimas.

Ahora, si bien esto forma parte de la imaginería popular, y hablo de Drácula, hay algo que no deja de ser cierto: sí existen los vampiros. No cómo el del cuento, hablo de otro tipo, y si bien no chupan sangre, no dejan de ser peligrosos, al punto de poder causar la muerte. En este caso hablo de los “vampiros emocionales”.

Los vampiros emocionales son todas esas personas que son capaces de “succionar” nuestra felicidad y positivismo. En nuestra vida solemos encontrarnos con esos individuos, personas que, por alguna razón, pueden controlar nuestras emociones y nos hacen mantenernos alerta ante cualquier ataque que venga de su parte. Son maestros en solapar sus ofensas y arremetidas.

Lo más común es hacernos amigos de estos vampiros. Tienen, consciente o no, la capacidad de trabar una amistad, más o menos cercana, con su objetivo. De ahí se aprovechan para utilizar con más facilidad nuestras debilidades y perturbar nuestra paz.

Para estos personajes es muy sencillo ver las grietas que hay en nuestro interior, porque de ellas se alimentan. Por eso es muy importante vivir en constante descubrimiento interior y sanación, escucharnos a nosotros mismos. Es la forma más efectiva de mantener alejados a los vampiros emocionales.

Lo primero es reconocer a estos personajes, y revisar si uno mismo no se ha convertido en uno. Este tipo de personas suelen tener características típicas, como cualquier enfermedad tiene síntomas, y aquí cabe perfectamente la comparación.

El problema más grave de tener un vampiro emocional cercano es que a medida que pasan los días a su lado, la negatividad se pega. Es decir, mientras más tiempo estás con una persona amargada, más amargado te vuelves tú. Las emociones son contagiosas, tanto las positivas como las negativas.

Existen tipos de vampiros, sin embargo, todos tienen un síntoma en común: la falta de empatía. Para estos sujetos es casi imposible condolerse del dolor ajeno, este es su alimento, así que más bien suele haber una alegría oculta cuando el otro falla. Es ese amigo que: “te desea bien, pero espera lo peor”.

Toma un momento y mira tus amigos cercanos y no tan cercanos. Mírate a ti mismo también. Observa y pregúntate: ¿existe alguien que ve algo negativo en todo lo positivo que le pasa a otro? ¿Una persona que trata de lucir mejor que los demás minimizándolos a ellos, sus dones y/o logros? ¿Alguien que usa el sarcasmo para sacar a relucir los defectos de los demás?

Cuidado, eso son actitudes típicas de un vampiro emocional. Si reconoces estos síntomas en algún amigo cercano, compañero de trabajo o familiar, es hora de poner distancia, en caso de ser posible. De lo contrario, existen maneras de manejar a estos seres externos que logran descontrolarnos.

Alejarse de este tipo de personas suele ser la mejor opción, la más sana. Sin embargo, no siempre se puede. Si el vampiro es un compañero de trabajo o un vecino, lo más probable es que no podamos poner toda la distancia que quisiéramos.

En estos casos podemos empezar por disminuir el trato y las conversaciones, evitar dar información personal. Mantener la relación a un nivel más bien superficial. Tomar esta posición sirve con amigos, familiares y cualquier persona cercana que sintamosque es tóxica para nuestro desarrollo.

Lo siguiente es no engancharte. Ya sea que el vampiro es agresivo, de esos que te atacan con su sarcasmo o minimizándote, o que sea del tipo pasivo, esos que son unos expertos en victimizarse, en quejarse o en juzgar a los demás, no entrar en su juego, es vital. Recuerda que eso es lo que los alimenta.

La mejor forma de evitar engancharte es creandouna barrera emocional. No escuches activamente, crea un mantra o una afirmación en tu mente que te ayude a alejarte. Puedes empezar con algo tan sencillo como: “Esto no me afecta a mí”.

En estos casos da respuestas neutras y cortas, esto hará que el vampiro, eventualmente, se agote de no recibir la energía que necesita. Y si aún después de aplicar una ley de hielo suavizada, el vampiro no se aleja, por lo menos tú estarás en paz.

Si en última instancia nada de esto funciona, tal vez es porque haya un trabajo más grande que hacer en ti. Estudia de dónde se agarra tu vampiro, cuáles son las debilidades que usa en tu contra. Revisa qué de todo lo que dice o hace te afecta. Eso es lo que tienes que trabajar contigo.

Una vez hayas hecho tú tarea para descubrir tus propias fallas, agradece internamente al vampiro por ayudarte a sanar. En este caso es probable que sea necesario enfrentarlo, decirle a la persona lo que sentimos.

Si decidimos hacer esto, hay que tener cuidado con la forma en que nos expresamos. Usa frases que expliquen tus sentimientos, es decir, habla desde el YO, yo siento, yo pienso, yo creo. Evita acusar al otro, recuerda que es probable que no sepa que es un vampiro emocional. Desde su perspectiva, no ha hecho nada malo y no es tu tarea juzgarlo.

Los vampiros emocionales son entes agotadores. Su nube de negatividad es pesada y, por alguna razón, un poco atractiva. Muchas veces creemos que alguna vez llenaremos las expectativas del vampiro, y que, por lo tanto, seremos aceptados. Es importante que nos demos cuenta de que eso no pasará. Este tipo de personas nos necesitan débiles.

A pesar del poder que pueden tener estos seres sobre nosotros, somos nosotros quienes permitimos que ese poder realmente nos afecte. Asume el control de tus propios sentimientos, visualízate a ti mismo con amor y respeto. Valórate, porque solo así los vampiros emocionales no tendrán poder sobre ti.

Por último, así como existen los vampiros emocionales, también existen entes sanadores. Esas personas que, con una palabra, una sonrisa, un abrazo, o simplemente una mirada, sanan las heridas que nos dejaron los vampiros. De este tipo de personas es que queremos rodearnos. En este tipo de personas es que queremos convertirnos.

Ubica a los sanadores en tu vida, aférrate a ellos, transfórmate tú en uno, y fluye con el universo rumbo a las emociones que trae consigo la felicidad que te mereces. Nunca es tarde para detectar a tus vampiros y sacarlos de tu vida, sin rencores, nunca es tarde para ser la mejor versión de ti, porque el mundo lo necesita.




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