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Tienen grupo de apoyo
Jugadores anónimos: Cuando la diversión se escapa de las manos
Esta patología se ha convertido en un problema de salud pública, y según César Sánchez Bello, es urgente
que los gobiernos asuman responsabilidad al respecto y creen una serie de parámetros y legislaciones, para minimizar el impacto y dar atención a las personas afectadas.
Rosa Virginia Fuentes
Gabriela comenzó a jugar en un momento de su vida en el cual necesitaba escapar de la realidad. Un despecho y la depresión la llevaron a buscar una alternativa de diversión. Ir al casino todos los días después del trabajo, era prácticamente una “norma” en la vida de la mujer. Las primeras veces iba sólo un rato, pero poco a poco, la adrenalina del juego se fue metiendo en sus venas y lo que comenzó como una distracción, culminó en la peor de las adicciones que ha tenido que enfrentar en su vida adulta.
Una madre trabajadora, se convirtió en una pieza fija en el casino cercano a su casa, en el cual era considerada una de las clientes más constantes. La suma del juego fue aumentando con el tiempo. “Primero inicié jugando unos cartoncitos de bingo, pero el problema comenzó cuando empecé a jugar con las máquinas traga níquel”, comenta Gabriela.
Una vez que fue atrapada por las máquinas, no conseguía la manera de parar. Entraba al casino y las horas pasaban, pero ella no lo notaba. Gastaba y gastaba el dinero, sin darse cuenta de que lo necesitaría después y la situación se convirtió insostenible. Ya había descuidado la atención de sus hijos, de su hogar y su bolsillo estaba hecho un desastre. La meta del día era ir a jugar, a ver si podía recuperarse, pero eso jamás sucedió.
Al leer unos artículos de prensa que hablaban de la ludopatía y el juego patológico, Gabriela decidió buscar ayuda, al darse cuenta que tenía una enfermedad crónica y recurrente y que el problema había escapado de sus manos.
Es así como llegó a la Unidad de Atención Integral del Juego Patológico y Cyberadicciones del Hospital Luis Ortega de Porlamar, donde se puso en contacto con su director César Sánchez Bello, quien también coordina la Fundación Venezolana para el Estudio del Impacto de los Juegos de Azar (Fundaeijea), y es además miembro clase “a” del grupo de Jugadores Anónimos.
A partir de este encuentro, Gabriela comenzó a acudir a terapia, a concienciar que tenía una enfermedad y a tratar de superarla. En este camino se hizo parte del grupo de Jugadores Anónimos, donde comparte con personas que tienen este mismo problema y llevan a cabo una terapia grupal de autoayuda.
Según Gabriela desde entonces ha controlado su problema, siempre con la meta de “hoy no juego”.
Ludopatía y juego patológico César Sánchez Bello, psiquiatra y director de la Unidad de Atención Integral de Juego Patológico y Cyberadicciones, asegura que muchas personas pueden apostar en juegos de envite y azar, sin que eso afecte a sus vidas, pero hay otro porcentaje de personas que tiene una inclinación hereditaria hacia esta adicción y que puede destruir su vida con este problema.
“La incidencia del juego problema y juego patológico es mayor en regiones que ofrecen mayores oportunidades de jugar. Entre un 1% y 5% de la población adulta, tiene serios problemas con su manera de jugar y por cada persona que lo sufre, se afectan entre 10 y 15 personas más”, destacó Sánchez Bello.
Según el psiquiatra e investigador, las conductas de riesgo relacionadas con los juegos de envite y azar en población infanto-juvenil, están asociadas con otras conductas de riesgo, tales como el uso de alcohol, drogas, delincuencia juvenil y problemas familiares.
“Entre los jugadores patológicos, son frecuentes los trastornos de ansiedad, trastornos afectivos, depresión, abuso o dependencia de bebidas alcohólicas, trastornos de personalidad. Se aumenta la posibilidad de verse inmerso en casos de embargo, quiebras, juicio, abandono de los estudios, divorcio, desintegración familiar y una serie de problemas graves”, destacó Sánchez Bello.
Esta patología se ha convertido en un problema de salud pública, y según Sánchez Bello, es urgente que los gobiernos asuman responsabilidad al respecto y creen una serie de parámetros y legislaciones, para minimizar el impacto y dar atención a las personas afectadas. Asimismo, dar apoyo a los programas y fundaciones que existen en el país, que ayudan a los jugadores a enfrentar su grave problema.
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