Porlamar
23 de octubre de 2019





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La virgen de nuestros colores
Creemos en nuestras propias historias y por ello nos extasiamos en medio de las salidas del sol y como en cada una de ellas se colorean de naranjas nuestras pieles y nuestras almas.
Alfredo Calvarese

13 Sep, 2019 | Nos encontramos una vez más con el deseo y la voluntad de vivir. El motivo de nuestro nado no es más que propósito de vida.

Estamos más que seguros de este viaje terrenal y esta mañana lo demostramos con los pies bien anclados en esta arena.

Ayer vivimos juntos una clínica sobre aguas abiertas y hoy la pondremos en práctica en el mar. Deseamos recorrer el arco iris en un viaje hacia el blanco puro y el rojo es el primer trecho. En un acto de fe, nuestro camino hacia la luz es a la inversa. Expresamos libremente nuestras energías dejándolas fluir y el elemento agua nos permite sentir el placer por la vida.

Creemos en nuestras propias historias y por ello nos extasiamos en medio de las salidas del sol y como en cada una de ellas se colorean de naranjas nuestras pieles y nuestras almas.

Estamos juntos en un acto de fortaleza, serenidad y capacidad para relacionarnos con los demás sin desear dominarlos y compartimos en grupo.

Del amarillo y dorado del sol nos llenamos de su energía que luego consumimos para transformar nuestras vidas y poder abarcar la totalidad de esta existencia. El buque escuela se encuentra anclado como a quinientos metros de la orilla y poco a poco vamos llegando debajo de su popa inmensa donde nos recibe un tremendo “Simón Bolívar” escrito en letras doradas.

Unos marineros nos ven curiosos mientras nos turnamos para las fotos de rigor y la algarabía se apodera del grupo cuando alguien empieza a cantar el “Gloria al bravo pueblo” y todos se unen en coro, ellos en la emoción se unen e izan hacia el cielo nuestra bandera tricolor.

El fondo luce verde y la orilla vibra en nuestros corazones, estamos allí amándonos y con un gran sentido de la belleza y la armonía.

En nuestra mutua solidaridad, regresamos y estamos buscando un lugar donde colocar una virgen tallada en piedra que regalaron a alguien del grupo. Con inocencia y asombro buscamos ese rincón en el fondo marino, Virgen que a partir de hoy será homenajeada en esta fecha para rendir protección a los nadadores de aguas abiertas.

Una vez colocada en el fondo un sentimiento de silencio nos une a lo divino. El arco iris ruge hermoso hacia los azules turquesa, aquellos que iluminan las aguas poco profundas donde la intuición y la creatividad se muestran en una sincera expresión de lo que somos y en el índigo de las aguas muy profundas donde todos los colores ya no alcanzan el fondo pero los sueños se hacen lucidos y se desborda nuestra imaginación.

Estamos en el borde del arco iris, ya no nadamos en el mar, ni siquiera en el cielo, es justo ese borde donde honramos lo divino en nuestros interiores y en todos los seres vivos, ese violeta que nos conecta con la Creación.

Desde este borde violáceo partió nuestro viaje hacia la vida y aquí regresamos al final de nuestra evolución. Algo nos dice que la Virgen está justo allí. Pueden llamarla de muchas maneras y honrarla en cada parte del planeta con nombres distintos como para nosotros es la Virgen del Valle, pero sigue siendo la única Virgen, la madre de la Conciencia Crística manifestada en Jesús y es la Virgen de nuestros colores.




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