Porlamar
17 de noviembre de 2018





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¡Ahora tiene paz!
Quiero llorar, pero no me escucharán; quiero dar patadas a ver si me sienten; quiero gritar. ¡No sé qué hacer! Al perro de mi mamá lo miman y lo cuidan, le compran comida y lo llevan al médico. Incluso duerme al pie de la cama de mamá. Y a mí, ni me miran, todo es tristeza cuando sienten que yo estoy vivo.
Fernando Castro Aguayo | @monscastro

7 Jul, 2018 | "Escuché una conversación de mamá con sus amigas: dicen que me van a abortar".

Yo pensé que las amigas de mi mamá podían ser también mis amigas. Me entristece mucho que están pendientes de la rumba, de la caña y de los chamos y a mí no me quieren porque dicen que yo soy un "coágulo", otras dicen que soy un tejido indeseable, otras que yo soy un estorbo para mi mamá. Parece que no me quieren. Escuché una conversación de mamá con sus amigas: dicen que me van a abortar.

Quiero llorar, pero no me escucharán; quiero dar patadas a ver si me sienten; quiero gritar. ¡No sé qué hacer! Al perro de mi mamá lo miman y lo cuidan, le compran comida y lo llevan al médico. Incluso duerme al pie de la cama de mamá. Y a mí, ni me miran, todo es tristeza cuando sienten que yo estoy vivo.

Me gustaría conocer a mi papá porque seguro sus manos y su ternura me protegerían mucho. Yo no entiendo eso de abortar. Es una palabra que no manejamos los chicos. Pero un día, mamá estaba desesperada y le explicaron que abortar era matar al bebé que está en la barriga. Entonces entendí. Mi tragedia era muy grande. ¡Me van a matar! No lo creo. No me lo imagino. ¡Yo quiero vivir! Quiero cuidar a mi mamá como ella me cuida ahora porque se pondrá viejita: darle de comer, darle abrigo y seguridad. Quiero también tener mis hijos y que mi esposa sienta lo que seguramente hago que mi mamá sienta.

Todo empezó a cambiar cuando una amiga muy buena le dijo a mi mamá que yo era ¡un niño!, que quería vivir. Que mi vida es una bendición. Rezaron juntas. Y lloraron juntas. Y se abrazaron. Y pusieron sus manos cerca de mi como queriéndome acariciar. Me sentí bien. Pensé: si rezan, hay esperanza. Y mamá empezó a tenerme en cuenta.

Ella está de acuerdo en que se apruebe una ley que permita a las mujeres abortar. Olvida que mi vida y la de cada niño es una bendición de Dios. Yo voy a nacer como el Niño Jesús: chiquitico y pobre. Pero está cambiando de opinión. Parece que escuchó mi grito: ¡Me van a matar! Y entendió que ella está para protegerme. Y ahora tiene paz.




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