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17 de julio de 2018





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Las personas y las cosas
La importancia de respetar los bienes de las personas, sean propios o ajenos; gravita en la significación dada al fruto del trabajo y la valoración psicológica del esfuerzo del ser humano para obtener las cosas que satisfacen sus necesidades.
Crisanto Gregorio León | crissantogleon@gmail.com

3 Ene, 2018 | Algún letrado podría intuir que me referiré exclusivamente al aspecto jurídico-patrimonial de las personas y los bienes; cuyas aristas, contenido y esencia han sido tratados magistralmente en la conocida obra "Personas y bienes" del maestro Gert Kumerov; sin embargo, me aboca también el aspecto espiritual.

Aunque todo tiempo es bueno para reconocerlo, es desalentador que los hombres y las mujeres, en las postrimerías de sus vidas se apuran en digerir, la importancia y el valor de las demás personas; el respeto debido a su cuerpo, a su moral, a su integridad psicológica, a su reputación y a su patrimonio material como extensión de su labor y esfuerzo físico espiritual que lo conforman como un ser social y divino.

"Las cosas no valen más que las personas". Esto parece fácil pronunciarlo y aseverarlo, pero es de compleja inteligencia.

Ello desde luego implica no destruir nuestras útiles pertenencias materiales, ni la de nuestros semejantes y mucho menos codiciarlas, pues envuelve destruir e irrespetar el esfuerzo propio y ajeno; pero radicalmente significa no destruir a las personas.

La importancia de respetar los bienes de las personas, sean propios o ajenos; gravita en la significación dada al fruto del trabajo y la valoración psicológica del esfuerzo del ser humano para obtener las cosas que satisfacen sus necesidades.

Si, en efecto, el valor de lo material posee su propia jerarquía cuya importancia es innegable; pero haciendo abstracción de eso, los bienes no son más importantes que la gente, pues son cosas y no seres vivos, no tienen alma a diferencia de las personas.

No ha de hacerse una interpretación acomodaticia, enalteciendo lo espiritual para despojar y destruir lo ajeno. ¡No!, ha de haber sindéresis donde lo humano se valore por encima de las cosas y en ello está el respeto merecido en su condición de personas naturales y sobre lo consustancial como seres biosicosociales y esencialmente espirituales, además de sus bienes; en su carácter de hijos del omnipotente; de prójimos a que hace referencia el primer mandamiento de la ley de Dios. "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo".




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