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20 de septiembre de 2018





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Que sean nuestros bravos
Los equipos de nuestra pelota, que han alcanzado la identificación y apoyo de su público, han tenido que organizarse e invertir para convertirse en ganadores.
José Rodríguez Suniaga cheitocarobo@hotmail.com

24 Ene, 2014 | Nos comentaba Doña Elodia, todo el despliegue mediático que ha originado la realización en nuestro estado de la Serie del Caribe 2014 y nos reafirma también la gran decepción de los amantes del beisbol de los pueblos de Margarita y Coche por no estar representando Venezuela por el equipo que juega en nuestro estado. Y es que nuevamente, Bravos no dieron pie con bola y quedaron eliminados desde un principio de la temporada 2013-2014 de la pelota profesional venezolana. Según los “expertos” o “luminarias” del análisis peloteril, las causas son infinitas. Todos tienen su punto de vista. No obstante, estamos convencidos que el problema de Bravos de Margarita va más allá de una que otra eliminación, su enfermedad es más grave y amerita una profunda reflexión que permita apoderarse de dicho problema, superarlo y reinventarse acciones para su proyección y el desarrollo de las potencialidades que debe poseer un equipo de esta jerarquía competitiva.

En primer lugar, los margariteños y los cochenses no tienen sentido de pertenencia con el equipo, no lo asumen ni quieren como suyo; al contrario lo ven muy lejos de la isleñaridad o sentimiento ñero. Este distanciamiento afectivo hace que el fanático neoespartano no se identifique con la novena y, por consiguiente, no le brinde ese calor y apoyo tan importante y determinante para aumentar el nivel y la garra competitiva de un equipo deportivo. De igual modo, Bravos carece de un plantel de jugadores criollos de alta factura beisbolera, peloteros que por su jerarquía, clase y fama, motiven la presencia de fanáticos al estadio. Estrellas o prospectos que inspiren identificación e idolatría. Todo ello, sin olvidar que desde su llegada a esta tierra, tampoco se han preocupado en formar peloteros.

Otro aspecto a analizar es el de los importados. No nos explicamos cómo, a pesar de haber desfilado por la gerencia del equipo personas de reconocida trayectoria en estas lides administrativas en nuestro país, no han logrado traer peloteros de calidad que brinden su aporte para el triunfo de la divisa y den un buen espectáculo. Esos, que por su clase, logran captar la idolatría del fanático y se convierten en símbolos de su equipo y lo más importante se sienten parte de él.

Los equipos de nuestra pelota, que han alcanzado la identificación y apoyo de su público, han tenido que organizarse e invertir para convertirse en ganadores. Solo el ganador atrae seguidores, el perdedor, al contrario, es huérfano y los aleja.

En fin, Bravos necesita urgentemente reorientar su política, crearse criterios de excelencia competitiva e invertir para transformarse en un equipo ganador, si es que aspiran continuar siendo huéspedes en la casa de la Virgen del Valle. Que se conviertan definitivamente en nuestros Bravos. Por ahora está bueno, hasta el próximo zaperoco.




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