Desde las nueve de la mañana los guaraperos se instalan con su trapiche a moler el fruto en los puntos de expendio. Una labor que se transmite de generación en generación
Rosalymir Fernández
Christian Zerpa
La venta de guarapo de caña se volvió una tradición. “Los guaraperos González” se instruyeron desde hace más de 25 años en el arte de moler la caña de azúcar en un pequeño trapiche, para calmar la sed a más de un insular.
Cada mañana, desde temprano, estos margariteños montan el producto en su camión de los años de “María Castaña”, y enfilan hacia sus puntos de venta para llevar el popular guarapo a los sedientos insulares que transitan por las calles El Colegio y Buenos Aires, así como en Guatamare, en el municipio Mariño.
Leonel González, heredero de la tradición, llegó de la sucrense población de Carúpano con una carga de ilusiones y el firme propósito de vender a los insulares lo que desde pequeño aprendió de su tío Isidro González.Al poco tiempo de estar en la Perla del Caribe, hizo del guarapo su medio de vida, y una parada obligada en la calle Buenos Aires de Mariño.
Al cabo de los años, el amor llegó a su vida. El elixir de la caña enamoró a la que hoy es su esposa, con la que tuvo un hijo quien aprendió el arte familiar y luego de 24 años se montó también en la calle El Colegio de Porlamar.
A González le llamó la atención desde muy pequeño el movimiento del trapiche cuando molía la caña. Poder saborear el jugo que de ella salía se convirtió en un verdadero disfrute. Por eso decidió dar a conocer ese sabor.
Su tío le había dicho que con la sucesión de los guaraperos podría ganar dinero, pero tendría que ser uno de los mejores para destacar en el ámbito. Ese mismo ánimo e ímpetu se lo transmitió con los años a su hijo Alejandro Patiño, quien se dedica actualmente a la misma profesión.
Son 50 los vasos de guarapo de caña que vende a diario Patiño. Montado en su camioneta Toyota azul, el carismático joven expresó que su trabajo es un don que Dios le dio a su familia. Lo han cosechado desde la infancia y trasmitirán de generación en generación.
El proceso por el que pasan estos “guaraperos” es largo. Los sábados, padre, hijos y primos se reúnen en un sector del estado y salen en sus camionetas a buscar la materia prima que luego usarán para la venta de toda la semana. Recorren los sembradíos del municipio Antolín del Campo en busca de una buena cosecha que los incite a comprar más de mil unidades de caña. Luego se reúnen para repartirse el producto y “ponerse” a trabajar en su puestos fijos.
Alejandro Patiño, su papá Leonel González, él y su primo, se han encargado de zonificar los puntos de venta para controlar el mercado y llevar a cada rincón de la región la tradición de “Los guaraperos González”. También buscan mejorar su técnica para dar mejores opciones al cliente, entre ellas el guarapo con limón y sin limón, jugo con que alegran el día a muchos neoespartanos.
También van a Sucre y conversan con sus homólogos para de forma conjunta tratar de encontrar una nueva técnica que los ayude a perfeccionar el jugo de caña con que seguir enamorando el paladar de sus clientes.
“LA ÑAPA”
La popular “ñapita” no se hace esperar. Los González brindan a más de uno de sus clientes un poco más del popular jugo, para que se vayan contentos y regresen por más.
Ricardo Patiño, también miembro de la familia, ayuda con Constanza en el trabajo a su primo Alejandro. Conversa con los compradores para que “pasen” el jugo alegremente, y así vuelvan al punto Mucuraparo, en la calle El Colegio.
Así, el trabajo que una vez hicieron por necesidad se vuelve cada día una forma divertida y digna de llevar la comida a las mesas de sus casas, dice Patiño.
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