Desde que tenía ocho años comenzó a sacar erizos y a “componerlos” para la venta. En la actualidad, a los 81, sus piernas ya no le dan para lanzarse a la mar y extraerlos de los cebales, pero sí guarda aún toda su energía para buscar la leña y cocinarlos.
Yanet Escalona
Macanao y a menos distancia Punta de Piedras, capital del municipio Tubores. Cerca está la laguna que da nombre al pueblo y en toda la franja, hileras de rancherías que permite a los pescadores protegerse del sol. Para Antonia María Salazar de Quijada, la famosa “Toco Toco” del pueblo, toda esa playa es parte del hogar. Ha sido su espacio para vivir y crecer. “No hay otro lugar para donde dir”.
-¿Por qué ese apodo de Toco Toco?
-Bueno, así me decía mi mamá desde pequeña. Me quedé con el apodo y la gente así me conoce.
Hace ocho décadas, un 7 de noviembre, Antonia María Salazar de Quijada lanzó su llanto inicial. La bebé vino al mundo en esta comunidad de Laguna de Raya, de pocos habitantes -hoy tiene más de mil-. A los ocho años comenzó a ver a los más viejos del pueblo en su faena ericera y fue el oficio que aprendió.
Sus piernas no le dan ya para lanzarse a la mar a buscar estos animales marinos entre los cebales, pero se enorgullece de pertenecer aún a los grupos que los “componen”.
“Mientras Dios y la Virgencita del Valle me den fuerzas, continuaré haciéndolo”, dijo humildemente, sentada en la ranchería.
VIDA DURA
Cuenta que para la época de su niñez y adolescencia no había otra forma de vida, además de pescar y buscar leña en los manglares de la laguna.
“Tuve doce hijos, pero Dios me quitó una hace un año. A todos los mantuve hasta que se hicieron hombres y mujeres de bien”.
-¿Quién le enseñó el oficio?
-Cuando uno es niño sólo ve lo que hacen los adultos. En el pueblo los pequeños observábamos a los más viejos, hombres y mujeres, en este trabajo y fuimos aprendiendo entre el colectivo.
Tiene 81 años, rostro demarcado por arrugas que no perdonan, pero aún su cuerpo es ágil para caminar por la playa y estar atenta a la labor cotidiana. Sus horizontes de siempre.
Señaló hacia la playa, donde niños y niñas actualmente participan junto con sus padres en este proceso laborioso de zumbarse a la mar y traer el producto.
A PIE DESCALZO
Salazar de Quijada contó que cuando era moza, se zumbaban al agua sin importar si estaban descalzos. Como no tenían zapatos de goma ni nada por el estilo, corrían el riesgo de pisar los sapos (marinos) y se puyaban.
-¿Mucha incomodidad y dolor?
-De más… bastante que salí de la playa con esos pies que me dolían. Ahora las mujeres y hombres ni locos se meten descalzos a buscar erizos. Hay calzados cómodos con los cuales se protegen. Eso sí, del sol no se salva nadie. Son horas que uno pasa en la playa sin taparse, hasta que salimos hasta la ranchería donde agarramos un poco de sombra.
-¿A cuánto vendía antes los erizos?
-Mijaaa, entonces apenas nos pagaban medio real. Actualmente cada uno cuesta 15 bolívares, pero para componerlo hay que sacarle la comida a más de veinte.
LOS “EXPRESS” AFECTARON
Según Antonia Salazar, desde hace más de una década la travesía de las embarcaciones “express” perjudica la actividad de Laguna de Raya, debido al movimiento del oleaje que se genera.
“Eso ha acabado mucho con los cebales”, dijo.
-Y si no los consiguen aquí, ¿dónde los buscan?
-Hay que ir a Cubagua o Chacachacare. Para eso la gente de aquí tiene que pagar transporte en peñeros, a 50 bolívares por persona. Eso es bastante costoso.
La intención de los habitantes del pueblo es organizarse como lo hicieron en Chacachacare, también del municipio Tubores, y buscar apoyo de los organismos crediticios para adquirir embarcaciones, con las cuales desplazarse hacia los lugares donde realizan sus faenas de recolección. Traerían los sacos hasta Laguna de Raya y continuarían trabajando con el mismo entusiasmo de siempre. Con erizos hasta para exportar.
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