Una de las inquietudes que recorre la costa neoespartana, es sobre la inseguridad, porque muchos pescadores han sido despejados de sus motores fuera de borda.
Yanet Escalona
Tiene un barco al cual bautizó "Mi gordita", dedicado a su esposa.
Foto: CHRISTIAN ZERPA
Wilfredo Velásquez no necesita de mayor presentación a la hora de incorporarse a la entrevista. Ve al equipo reporteril e interviene en la “conversa”, como si lo conociera de toda la vida. Es jovial y contador de “cachos” y de tantas historias que ha tejido en sus travesías, porque el mar ha sido todo para él.
“¡Cómo no lo voy a querer!”, exclamó jovial. “El mar es toda mi vida, con él he dado de comer a mi familia”, dijo sonriente en la Casa del Pescador de La Galera. Habla recostado de un peñero que repara en ese momento el carpintero de ribera Jairo Ribas.
Velásquez tiene un barco que bautizó “Mi gordita”, en honor a su esposa, de redondeada figura, y a quien profesa sus mayores afectos.
Como los cazadores tras su presa, el pescador se moviliza hacia donde esté el pescado. “Hoy puedes encontrarlo por la ensenada de Punta del Tigre, hacia los lados de Macanao, o mañana en El Tirano, Los Frailes o Los Testigos. Donde esté, hacia allá vamos”, explicó.
“Como hay muchos peñeros (botes), al que coja más, uno lo sigue. Eso es así, hay que seguir aquel compañero a quien le ‘pintó’ más pescao”, señaló.
Como arte utiliza el llamado tren ahorcador, elaborado con redes de nailon. Otros pescan a cordel y en el caso de las sardinas lanzan los trenes sardineros. Varía el arte, según el tipo de pesca.
¿Ha obtenido créditos para la compra de su embarcación?
-Mija, preferí no empeñarme con un crédito. Otros compañeros sí lo han adquirido con préstamos, pero yo prefiero la independencia.
Inseguridad preocupa
Una de las inquietudes que recorre la costa neoespartana, es la inseguridad, porque muchos han sido despojados de sus motores fuera de borda, en una práctica que aterroriza en el mar. Es quedar a la deriva, sin motor ni celulares. Nadie quiere vivir esa experiencia.
Wilfredo Velásquez asegura que este es el temor actual, porque ya han visto que el mar no es tan seguro como antes.
-El pescador anda más arriesgado en el mar que en la misma tierra, sobre todo hacia final del año, porque los ladrones como que atracan más cuando se acerca el mes de diciembre.
“Los pescadores salen a pescar y por allá los encañonan y qué les queda a ellos, sino portarse tranquilitos para que no les metan un tiro. Es necesario que haya mayor control. Estamos a la deriva”, dijo.
Es una actitud
Velásquez no es cabalístico, ni cree en la buena o mala suerte durante el desarrollo de su jornada. Más bien piensa que la dinámica pesquera los enseña, como todo en la vida, a tener paciencia. A la conciencia de que todo tiene su hora.
“Un día a uno le va bien y coge pescado y al siguiente regresa sin nada. Eso es relativo. No todo el tiempo hay buena pesca. Por eso, si no hago nada me quedo igual tranquilo. Estoy en esto desde los 12 años y sé cómo son las cosas. No hay que angustiarse”, agregó quien sólo se encomienda a Dios y a la Virgen para que lo protejan.
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