En Cubagua reposan “las ruinas de las ruinas” de la antigua Nueva Cadiz
Los proyectos del IPC quedaron a medias y actualmente las escasas familias hacen de tripas corazones para subsistir en un paíso natural e histórico donde la electricidad sólo llega a unas pocas viviendas y el agua potable es la gran ausente. Los moradores itinerantes esperan que se les tiendan la mano.
Antonio Vizcaya Loreto
La utilización de tecnología innovadora en Cubagua contrasta con la pobreza y el descuido de la zona que constantemente es visitada por turistas.
Foto: ANTONIO VIZCAYA
Los títulos obtenidos como Monumento Histórico Nacional en 1979 y Bien de Interés Cultural de la Nación en 2000 no han servido de mucho en Cubagua. Su valor histórico permanece en la mente de algunos y aunque podría ser considerado un patrimonio mundial hoy es ejemplo de indolencia, donde reposan “las ruinas de las ruinas” de lo que fue en un día Nueva Cádiz.
En la actualidad destacan las hermosas playas a las que constantemente se acercan catamaranes llenos de turistas nacionales e internaciones, pero éstos, luego de asolearse durante unas tres o cuatro horas, parten en su plan de diversión.
Sin embargo, las carencias son palpadas por las escasas 12 familias que día a día se codean con las necesidades de este territorio de tan sólo 4,5 kilómetros cuadrados.
Aunque son pocos los habitantes de la isla de Cubagua, territorio dependiente del municipio Tubores, en el estado Nueva Esparta, Lidia Rodríguez escogió este lugar para establecer su hogar desde hace 10 años y aunque quisiera estar en él de forma permanente, cada 15 días tiene que trasladarse hasta Punta de Piedras para comprar las previsiones necesarias y poder subsistir en la ranchería donde habita.
Desde su morada, la vista del mar es paradisíaca y frente a su casa está instalado un panel solar con la inscripción “Hecho en Cuba” en la parte inferior y valorado en unos 7.500 dólares. Este panel genera unos cuantos voltios para encender los electrodomésticos más indispensables y no quedar completamente a oscuras en la noche.
No obstante, este beneficio que forma parte de un proyecto iniciado en el año 2007 por el Instituto de Patrimonio Cultural (IPC), no llega a las 43 rancherías de pescadores itinerantes que viajan constantemente a este desértico lugar en el que fundaron Nueva Cádiz, la primera ciudad española de América.








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