Porlamar
27 de febrero de 2020





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Ramoncito Fermín, el redoblante del Sepulcro de La Asunción
(Dedicado a la inolvidable María Ortega del Copey en la Ciudad).
Perucho Aguirre

23 Ene, 2020 | Después del Día de Cenizas, de Carnaval, 40 días después arreciaba el solemne silencio de La Ciudad… Hablamos, pero no muy fuerte, para no malhumorar al silencio y, lo hacíamos calladamente así como música de retreta que toca bajito. Como con plenilunio de estrella enamoradas. Como jardines que, en la aurora abren sus flores como un silencio musical, que, solamente el rocío conocía y, no lo decía… ¡Silencio de cocina al despertar, que es como una Jota cantada a un amor que partió! Pero, que se sabe, algún día volverá; porque así es el amor. ¡Una esperanza concedida por Dios y bendecida por nuestra Virgen al Pampatar! ¡Tranquilo Usted, ahí, Cristo de Pampatar, que, Usted es el consentido!... Ahí, en ese silencio de rapsodia nació y se formó Ramoncito Fermín Prieto… ¡En el pleno corazón de la música, La Asunción! Abuelo, Claudio Fermín, músico y compositor, quien, le deja la batuta a su hijo Augusto, su padre y, el niño en vez de jugar picha y trompo o montar voladores, la cogió también por ser músico, pianista y compositor; un excelente hacedor de canciones. ¿Y, quién lo enseñó?... ¡Don Augusto, bolero y bolerista consumado!. “Quisiera” y “Noche Ideal”

¡Para coger palco! Todos los hijos de Augusto, también músicos. Se reía, yo, todo aquello lo viví y disfruté. Pero no sabía que ese arpón iba entrando poco a poco en mis entrañas y en mi corazón. ¡Vainas! Ramoncito le metió el ojo al redoblante, viendo y sintiendo en su alma musical la solemnidad de las procesiones en la sublime Semana Santa del inolvidable Padre Agustín… Augusto lo fue llevando y, al faltar el de La Banda que él magistralmente dirigía, le dio ese cargo que creó, aún, Ramoncito no ha podido desapercibirse de tan ilustre asombro ¡porque, ahí tuvo que tocar valses, merengues, pasodobles, guarachas, lo margariteño y pare usted de contar!... ¡Infinito placer para mí, pero, muere mi padre el Gran Matcito y con Ana Matilde nos fuimos al Pueblo de La Mar, hoy, Porlamar! En el Liceo Risquez lo volví a ver y aun tocando el piano en la sala de los profesores y, lo seguí viendo y disfrutando en la Semana Santa de la Ciudad como El Redoblante del Sepulcro de La Asunción y, siempre al frente. –Felicitaciones Magda, con Manolo, Gustavo y, Jorge también... ¡Salud!

¿Azul?




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