Porlamar
6 de diciembre de 2019





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






El miedo
Este sentimiento se encuentra en el cerebro reptil o reptiliano, y en el pasado se encargó de alejarnos de los predadores o de situaciones en las que peligrara nuestra vida.
Mónica Tietz monicatietzs@gmail.com

2 Dic, 2019 | Me atrevo a decir que el miedo, los miedos, son el nacimiento de toda la filosofía en la que nos basamos para sanarnos a través de la consciencia y la bioneuroemoción.

Este sentimiento es ancestral y nos acompaña desde antes de que evolucionáramos en seres humanos. El miedo nos ha mantenido vivos a lo largo de los siglos, desde que nos avisó por primera vez que podíamos ser atacados por animales más grandes.

La fisiología del miedo

El miedo es un sentimiento milenario y universal. Todo ser viviente que habita el planeta tierra tiene este sentimiento escrito en su ADN. El miedo siempre ha funcionado como un sistema de alarma que prepara al cuerpo para enfrentarse a una situación difícil.

Este sentimiento se encuentra en el cerebro reptil o reptiliano, y en el pasado se encargó de alejarnos de los predadores o de situaciones en las que peligrara nuestra vida.

Sin embargo, el ser humano evolucionó, y el sentimiento no lo abandonó. El sistema límbico, que es el sistema que regula las emociones, sigue activándose ante lo que considera una situación de peligro, provocando miedo, y alterando el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Cuando estamos atemorizados nuestro cuerpo asume una posición de alerta: los músculos se tensan, el corazón y la respiración se aceleran y toda la energía se reparte de manera que podamos defendernos o huir rápidamente, según se amerite.

El miedo no es malo

Como vemos, el miedo es algo absolutamente natural y, como he dicho en otras publicaciones, todo sentimiento está justificado, no es bueno ni malo, el asunto está en cómo reaccionemos ante él. En el caso del miedo al tener una reacción principalmente biológica, lo que hay que cuidar es cómo lo activamos.

Decir que tenemos depredadores en cada esquina es mitad cierto y mitad falso. En una sociedad hundida en la violencia hay un miedo real a ser atacado, sin embargo, no por eso podemos vivir en un estado perenne de alerta.

Aparte de este miedo básico para la supervivencia, tenemos el miedo irreal, el que nos creamos nosotros mismos en nuestras cabezas.

Este miedo no necesariamente se activa por un ente externo, a veces es consecuencia de teorías conspirativas que nos inventamos. Nuestro cuerpo toma estos pensamientos como reales y se prepara para enfrentarse a una pelea, a un abandono o a cualquier otra situación de estrés.

No pensar o no prepararnos para una situación futura no es una solución, pues ese es el sentido de sentir miedo, el problema está en cuando nos enganchamos.

Tener pensamientos que nos preparen para una futura situación de dolor o estrés está bien, pues nos dará serenidad cuando llegue el momento. Pero aferrarnos a esos pensamientos activando al miedo una y otra vez trae consecuencias bastante terribles.

Psicología del miedo

Siempre que quiero hablar de las consecuencias psicológicas de vivir al límite de una emoción me gusta recurrir a la Clínica Mayo. Esta clínica se ha preocupado de estudiar los trastornos mentales a profundidad en búsqueda de poder dar con una solución para ellos.

En este caso la ansiedad, en todos sus niveles, se ve directamente conectada con el miedo.

Como dije más arriba, el miedo se puede activar por cualquier cosa que el sistema límbico considere una amenaza, y esta no tiene que ser necesariamente física, puede ser emocional o psicológica.

Las personas que sufren trastorno de ansiedad, o cualquier otra enfermedad mental asociada a la misma, tienden a activar el miedo una y otra vez con sus propios pensamientos.

Según la Clínica Mayo la ansiedad es una enfermedad mental incapacitante que puede llegar a evolucionar en otro tipo de trastornos o puede ser un síntoma de alguna otra enfermedad.

En sus investigaciones han llegado a la teoría de que los traumas que forman la infancia de una persona pueden disparar la ansiedad que ya viene escrita en el ADN. Sí, para ellos la ansiedad viene de una predisposición genética.

Miedo y epigenética

Cuando hablamos de que los traumas y las marcas de nuestros ancestros han sido heredados por medio del ADN, estamos hablando de epigenética. Las pruebas de que esto es real se han realizado una y otra vez.

De las más famosas está la prueba de los monos. En una habitación se colocan cinco monos que al acercarse a un tipo de alimento en específico reciben una descarga eléctrica. Estos aprenden el peligro de acercarse a dicho alimento y uno a uno es retirado de la habitación reemplazándolo por un mono que no ha recibido la descarga eléctrica. Sin embargo, estos nuevos monos han recibido la información y también evitan el alimento, aun cuando no sepa la consecuencia real.

Otra investigación famosa fue publicada por la revista Nature Neuroscience. El coautor de este trabajo e investigación de la Escuela de Medicina Emory en Estados Unidos, Brian George Dias, asegura que los hijos de aquellos que pasaron por situaciones extremas, como la guerra, afectan a sus hijos.

Su experimento se realizó en ratones. Dias hizo que la rata asociara el olor de acetofenona con el dolor de una descarga eléctrica. Sus crías, quienes no han sido sometidas a la descarga, sienten temor al ser expuestos por primera vez al aroma.

Así, para él y otros investigadores, se demuestra que lo aprendido por los antepasados, especialmente aquellos aprendizajes asociados al dolor, se pueden heredar.

Por su lado, Manel Esteller, un experto en epigenética del Institut d'Investigacions Biomèdiques de Bellvitge, dice que este estudio es insuficiente, pues tendría que completarse con la solución al problema.

Para este experto sería necesario someter a las nuevas generaciones afectadas por el trauma, pero que no lo vivieron en carne viva, de nuevo al olor de la acetofenona sin repetir las descargas a ver si se corrige el comportamiento heredado.

Manel considera que sin esta segunda parte de la investigación no se puede saber hasta qué nivel puede trabajar la epigenética los traumas asociados al miedo, que son la mayoría.

Miedo ancestral

Iniciando la columna de hoy, comenté que el miedo es tan viejo como la presencia de la vida, y para demostrarlo quiero hablar un poco de la biblia. Este libro me gusta usarlo por su antigüedad y universalidad, ya que casi todo el mundo lo conoce.

En la Santa Biblia el miedo está presente incluso desde el Génesis. En un principio el hombre vive en total ignorancia de sí mismo, su historia todo lo que lo rodea, y aun así teme desobedecer a la voz autoritaria que le da órdenes desde el cielo. Así de antiguo es el miedo en ser humano.

Si vamos incluso más atrás, llegando a los griegos, el miedo está en cada esquina. Todas sus grandes obras, todo su mundo filosófico, todo lo que ellos creían, giraba en torno al miedo o a enfrentarlo.

No importa qué parte de la historia humana revisemos, el miedo está ahí, en muchos casos alertándonos de posibles peligros y en otros encerrándonos en nosotros mismos.

Miedo como placer

El miedo bajo circunstancias controladas puede ser sumamente divertido, el éxito del cine de terror, horror y suspenso así lo demuestran. Paul J. Patterson, de la Universidad Estatal de Santa Fe en USA, dice que:

“El género de terror se dirige a nuestros miedos arquetípicos. Se puede ver en toda la historia cómo cada generación ha definido el 'terror' a su manera y se convierte en gran medida en la idea de que es algo fuera de nuestro entendimiento que nos amenaza”.

Para Edgar Allan Poe el miedo era una enfermedad desconocida y las voces de la depresión que hablaban constantemente en su cabeza; para nuestros padres eran niñas poseídas o niños descendientes del diablo.

Nuestra generación seguía temiendo las posesiones, pero cambiamos al miedo que se esparce a través de las tecnologías. Disfrutamos de las historias de terror porque nos muestran ese lado de nosotros que nos cuesta enfrentar y le da una cara que puede ser controlada.

En estas situaciones sabemos que el miedo es pasajero, que, al salir de la sala de cine, al cerrar el libro o al apagar el televisor, todo esto terminará y podremos volver a nuestras vidas y rutinas.

Esto es lo que le da gusto a este placer culposo, lo efímero del sentimiento.

Cuando vivimos en consciencia es más fácil controlar los pensamientos que el miedo tiende a desbocar, por lo que podemos disfrutar de los subidones que este sentimiento nos provoca.

Ahora que sabemos que el miedo es una emoción natural y con la que tenemos que vivir toda la vida, podremos apreciar más su valor. Cuando nos encontremos encerrados en ese sentimiento podremos revisar si lo que hay detrás de él es algo real o si solo es un invento de nuestra mente.

Reconociendo el miedo y haciendo las cosas con él como compañero nos ayudará a tomar los riesgos con el cuidado necesario. Eso sí, lo importante es no entregarle el poder al miedo, pues cuando lo hacemos nos paralizamos y perdemos todo lo que podemos aprender a su lado.

Recordemos siempre que vivir en consciencia es una de las mejores maneras de vivir en libertad, paz y felicidad.




Contenido relacionado












Locales | Sucesos | Afición Deportiva | Nacionales | Internacionales | Gente Feliz | Vida de Hoy | Semanario | Opinión


Nosotros | HISTORIA | MISIÓN, VISIÓN Y VALORES