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17 de noviembre de 2019





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Doctor Sleep o cómo el terror de Stephen King aún nos lleva a lugares insospechados
En 1980, Danny Torrance era un pequeño que montaba en triciclo y tenía el don de la telepatía o “resplandor”. Teniendo en cuenta que conoció a un cocinero que también era telepático, es lógico suponer que otras personas también podrían tener el don; Doctor Sleep nos cuenta sobre esas personas.
Redacción | @elsoldmargarita

Foto: CORTESIA Warner Bros.

Doctor Sleep. / Foto: CORTESIA Warner Bros.

8 Nov, 2019 | ¿Era realmente necesario que la aterradora The Shining de Stanley Kubrick tuviera una secuela cinematográfica? Es bien sabido que a Stephen King no le gustó nada la adaptación realizada por el célebre cineasta de su novela gótica de terror de 1977, que se convirtió en un elemento legendario del género en su era moderna, y en 2013 escribió y publicó una novela de seguimiento, titulada Doctor Sleep, que explora ampliamente la edad adulta de Danny Torrance, el hijo de 5 años de la familia protagonista en la historia original.

El libro, aunque pesado en algunos aspectos (varios críticos y lectores consideraron que su enfoque en la lucha contra el alcoholismo era en extremo regañón y arrogante), fue un éxito de ventas, por lo tanto, si se necesitaba o no una secuela, esta existe ahora, adaptada por el director Mike Flanagan (que hizo la miniserie de Netflix inspirada en el clásico The Haunting of Hill House de Shirley Jackson) y protagonizada por el célebre escocés Ewan McGregor como el atormentado pero comprensivo Dan Torrance, señala nota de Yahoo Vida y Estilo.

El Doctor Sleep de Flanagan, que al durar 151 minutos es incluso más larga que la cinta de Kubrick, es completamente diferente de esa película. La original, lanzada por Warner Bros. en 1980, funcionaba más un misterioso sueño febril ambientado en el siniestro y elegante hotel Overlook durante un largo y brutal invierno. La nueva película es más una historia de aventuras y violencia gráfica que se extiende por los Estados Unidos y abarca casi 40 años.

Aún si King detestó la versión cinematográfica con Jack Nicholson basada en su libro, llegando incluso a mandar hacer una miniserie mediocre de 1997, Flanagan intenta vincular tanto el mito literario como el mito de la película. Por lo tanto, Doctor Sleep está llena de referencias a su ilustre predecesora, desde la alfombra hexagonal del hotel hasta la aparición de la espeluznante habitante de la suite 317. (Por desgracia, un Jack Nicholson digitalmente rejuvenecido no aparece). Principalmente es porque la trama que florece en Doctor Sleep crece de las semillas plantadas hace más de cuatro décadas.

En 1980, Danny Torrance era un pequeño que montaba en triciclo y tenía el don de la telepatía o “resplandor”. Teniendo en cuenta que conoció a un cocinero que también era telepático, es lógico suponer que otras personas también podrían tener el don; Doctor Sleep nos cuenta sobre esas personas.

También es una suposición lógica creer que Danny tendría dificultades para recuperarse de todo lo que presenció en The Shining, ergo, el Dan adulto es un alcohólico con traumas diversos, que se dedica a huir de sí mismo a lo largo de los años. Su madre, Wendy (encarnada en la cinta de Kubrick por una Shelley Duvall al borde del colapso mental y aquí representada en flashbacks por Alex Essoe), murió años atrás y él ahora es un vagabundo que bebe mucho y que regularmente termina sus noches con una pelea en un bar, una aventura con una mujer extraña, o ambas cosas. Sin embargo, incluso en su momento más desesperado, tiene un aire tristeza: McGregor pocas veces ha presentado una interpretación tan matizada.

Eventualmente, Dan consigue trabajo en un hospicio de New Hampshire donde usa su telepatía para calmar a los moribundos, ahí uno de los pacientes lo apoda Doctor Sleep. Así es como él los ayuda a encontrar la paz, y él también encuentra algo de serenidad, pero las cosas se complican; sin que él lo sepa, hay una pandilla de depredadores psíquicos itinerantes llamada The True Knot que cruzan los Estados Unidos en casas rodantes, manteniendo su antena mental en pos de niños con poderes extrasensoriales. Cuando localizan a sus víctimas, las matan brutalmente (entre más sufra la víctima, mejor) y absorben su fuerza vital. Estos monstruos de aspecto hípster no son vampiros tradicionales que beben sangre y esquivan la luz del día, pero la implicación inquietante es que cada leyenda sobre vampiros deriva de ellos.




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