Porlamar
23 de octubre de 2019





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Las guacharacas están en peligro
Antes estos pájaros eran muy apetecidos por los cazadores y eran bastante ariscos al estar cerca de los hombres, pues sabían el peligro que corrían.
Emigdio Malaver G. / emalaverg@gmail.com / @Malavermillo

13 Sep, 2019 | El periodista Juancho Marcano, observaba como una guacharaca se deleitaba con una pequeña fruta de pomalaca, la cual no había crecido por la sequía que había sido inclemente con su madre, o se con la respectiva mata.

Estaba buscando el azadón que guardaba debajo de su amiga la mata de mango, cuando empezó a ver a dicha ave saciando su hambre con las arruinadas frutas de su pequeño conuco. Observando este espectáculo, le dijo a su perro Pipo:

- Las guacharacas, cuando yo era muchacho, Pipo, eran muy difíciles de ver por aquí cerca, pues se la pasaban en lo alto de los cerros, donde nuestros antepasados tenían sus frondosos y productivos conucos, en los cuales los árboles frutales predominaban.

Antes estos pájaros eran muy apetecidos por los cazadores y eran bastante ariscos al estar cerca de los hombres, pues sabían el peligro que corrían. Pero más tarde, el hombre, con los nuevos tiempos, fue cambiando su forma de actuar y las guacharacas se han vuelto más cercanas a los poblados y son más mansas, tal vez porque el hombre ahora no se mete mucho con ellas.

El perro Pipo, que escuchaba, atentamente, a Juancho Marcano, manifestó: “Es verdad, ahora están prácticamente en los corrales de las casas, cuando aquí en la Tacarigua de Margarita, era muy difíciles verlas. Por eso no es extraño que te despierten de madrugada con su alborotado canto”.

La mata de mango que escuchaba respetuosamente la conversación entre el periodista y el can, también quiso opinar y comentó:

- Perdonen que me meta en su conversa, pero les quiero advertir, que últimamente las guacharacas están en peligro, porque ciertos hombres, no sé por qué, las están volviendo a cazar.

Juancho Marcano, quiso explicarle a su amiga, que tal vez era por la situación actual, pero para no entrar en detalle, respondió que no sabía y se dedicó a regar sus matas de ají margariteño, un poquito de agua para cada una, para que sobrevivan hasta que aparezca la magia de la lluvia que las hace reverdecer y florecer.

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