Porlamar
9 de diciembre de 2019





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Felicidades, Davide
Davide, eres y siempre serás uno de los más grandes maestros que México me regaló; gracias infinitas por tu amistad sincera, por cada instante estar dispuesto a compartir tu inagotable sabiduría, en todo momento de la mano de tu sencillez, tu humanidad.
Dalal El Laden / ladendalal@hotmail.com

12 Jul, 2019 |

Seis de julio de 2019, desde Ghaza, El Valle del Bekaa (Líbano), para Davide Arena, mi amigo italiano-mexicano. De una venezolana-mexicana-libanesa. Porque no existen las fronteras.

Cuánto me gustaría estar presente en tan merecido homenaje a Davide Arena, nuestro gran amigo. Lo conocimos cuando apenas yo tenía un par de años de haber llegado a México, en "Fellini", su inolvidable restaurante, ubicado en Felipe Sevilla del Río, mi favorito de todo el Estado de Colima. Nuestra amistad inició desde el primer minuto, junto a Sara, su querida esposa, y el pequeño Emiliano, su hijo, a quien casi vimos nacer.

La felicidad de Davide era única cuando sus padres, que en paz descansen, salían de Italia para llegar a Colima; mientras Davide les servía sus pastas, nos contaba -muy contento- que su papá fue su principal maestro de cocina. Nuestras reuniones (que con mucho afecto permanecen en mi memoria), dentro y fuera de Fellini, no podían no estar acompañadas de la mejor comida, preparada por Davide con una emoción, un amor indescriptible.
Lo que más me encantaba era escucharlo: los secretos de sus recetas (¿quién no probó su increíble pizza, su espectacular paella, su riquísima ensalada mediterránea?, ¿quién no se maravilló en su acogedora enoteca y siguió sus recomendaciones al pedir una copa?), además de su pasión por el periodismo (me quedaba muda por sus impresionantes relatos de cuando fue reportero de guerra internacional), por el cine (suspirábamos cada vez que tocábamos "Cinema Paradiso"), la literatura (cuántos nombres de autores y títulos de libros mencionados por Davide no anoté en mi libreta para en breve comprarlos o buscarlos en la biblioteca) y la escritura (su columna "In vino veritas", en "Milenio", era imperdible, una verdadera clase magistral; ni hablar de mi mar de nervios cuando me decía -amable, alentador, sonriente- que había leído algún texto de esta servidora -en ese tiempo yo empezaba a publicar en periódicos del Estado).

Davide, eres y siempre serás uno de los más grandes maestros que México me regaló; gracias infinitas por tu amistad sincera, por cada instante estar dispuesto a compartir tu inagotable sabiduría, en todo momento de la mano de tu sencillez, tu humanidad.
Felicidades hoy y siempre. Me encuentro en Líbano, pero Dios sabe que mi corazón está contigo, con Sara y Emiliano.
Los quiero mucho.

Abrazos cariñosos.




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