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13 de julio de 2020





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El cambio es evolución
En una de mis meditaciones recientes y en mi búsqueda personal de la sanación y el crecimiento, noté que la Mónica de hoy no es la misma Mónica de hace un año. A veces ni si quiera soy la misma de hace una hora.
Mónica Tietz monicatietzs@gmail.com

16 Jun, 2019 |

En una de mis meditaciones recientes y en mi búsqueda personal de la sanación y el crecimiento, noté que la Mónica de hoy no es la misma Mónica de hace un año. A veces ni si quiera soy la misma de hace una hora.

El cambio es inevitable, la naturaleza nos lo muestra cada día. Las flores mueren para dar paso a nuevas flores, las hojas de los árboles caen para dar paso a nuevas hojas, a nuevas ramas, al crecimiento.

Después del invierno viene la primavera, luego el verano, el otoño y volvemos al invierno. Si bien es cierto que todo es un ciclo, esto no quiere decir que se repita exactamente igual. La nueva flor no es la misma que murió, la hoja que nace no es la que cayó.

La nueva nevada viene de otras nubes, de otros vientos. La naturaleza es cambio, nosotros somos parte de ella, aunque no lo queramos entender. Básicamente somos animales, por lo tanto, necesitamos cambiar para evolucionar y sobrevivir, así como el ave bota las plumas y la serpiente cambia de piel, el ser humano debe botar los vicios y los malos pensamientos.

Hacerlo no es fácil, sobre todo cuando los malos comportamientos, las reacciones exageradas o los vicios son aprendidos y heredados. Pero todo dolor, por profundo que sea, nos enseña algo. El dolor de soltar es el precio que hay que pagar para evolucionar.

No temas ser la oveja negra de tu entorno si esto se traduce en sanación. Estudiar tu historia y la de los ancestros para saber qué ciclos puedes cerrar,puede ser abrumador, pero el resultado es liberador y hermoso.

A veces vuelvo en mis pasos y me consigo con gente de mi pasado. Los comentarios son siempre más o menos los mismos: “Pero ya no eres la misma” “Ahora no eres tan amable ni tan simpática”.

Tienen razón, no soy la misma, he crecido. Salí de mi prisión de miedos, los que me imponía mi historia y los que me creaba yo misma. Ahora soy una mujer libre que no teme expresar su opinión, que no teme decir que no. Me siento más en paz con mis propias decisiones, por lo tanto: soy más feliz.

Ese “asco” a mis cambios, a tus cambios, suelen venir de quien se quedó en la queja y en el odio. Suele ser esa persona que no evoluciona, que su alma sigue siendo una semilla sin cuidados, por lo tanto, no puede florecer para morir y volver a florecer.

Aunque suene duro, es necesario morir todos los días un poco, es la única manera de cambiar a profundidad. En un mismo año deben morir muchas versiones de ti para que puedan nacer nuevas y mejoradas versiones.

No solo la naturaleza lo sabe, si te pones a ver, los equipos electrónicos funcionan de la misma manera. Cada nueva versión de un sistema operativo “mata” a la versión anterior, se queda con aquello que funciona de manera eficaz, desecha lo pesado y molesto y agrega nuevas funciones que mejoran el funcionamiento del equipo.

Cambiar es evolucionar, cuando se hace en pro de la sanación. Cuando pienses que alguien ha cambiado para mal, revísate, el hecho de que estés juzgando a otro quiere decir que algo de ti mismo te molesta. El mundo es un espejo.

En el camino de la sanación hay mucho de lo que tendrás que desprenderte. No te sientas mal. Cambiar nuestros propios paradigmas es muy duro y muy difícil, pero más difícil aún es dejar ir el resultado de esos malos comportamientos que no sabíamos teníamos.

A veces tenemos que dejar ir amistades, parejas o hasta familiares. Es complicado y causa pesar, pero es necesario. Recuerda que los vampiros y los cadáveres emocionales vienen en cualquier presentación y son lastres, innecesarios en nuestro proceso de crecimiento.

Para que puedas entender aún mejor lo importante del cambio, estudia tu propio crecimiento. ¿Sigues siendo el mismo que cuando tenías 5 años? ¿Has tenido algún evento importante en tu vida que ha creado una nueva versión de ti?

Es verdad que los cambios pueden venir acompañados de un evento importante, traumático o no. Una boda es un momento de mucha felicidad, es un cambio y todos lo comprendemos como positivo. Una muerte es un cambio, necesario también, pero lo vemos con dolor.

En ambos casos se crean nuevas vidas. La pareja de recién casados diseñará su vida en conjunto y moverán la energía como seres individuales, pero ahora, además, también lo harán como pareja.

Con la muerte de un ser amado abrimos espacio en el universo para nuevas almas y para nuevos aprendizajes. El que se va deja su legado en su familia, la cual seguirá repitiendo sus enseñanzas, a pesar de su partida. Entender que cuando alguien se nos va, una nueva vida crece en ese mismo instante,puede ayudarnos a entender este proceso.

Traer a la consciencia todos nuestros cambios, los ciclos repetitivos y nuestros defectos, nos hará de este proceso algo más sencillo. Cuando haces el cambio desde la consciencia, no solamente sanas tú, sanas a la gente que te rodea y sanas a las próximas generaciones.

Las emociones son aprendidas y heredadas, al igual que las reacciones a ellas. Si bien las emociones no pueden ser cambiadas, ellas vienen escritas en nuestro ADN, en nuestro cerebro reptil, son las que nos mantienen vivos, las reacciones a ellas sí.

Creo que lo he dicho en otros momentos, y que siempre lo repito, pero es que es tan importante saberlo. Las emociones no son buenas ni malas, el problema radica en cómo reaccionamos a ellas y si las dejamos controlarnos.

Sentir miedo es natural, sobre todo ante una situación de peligro, el miedo pondrá a tu cerebro en estado de alerta, tu cuerpo recordará cómo sobrevivir en un momento de emergencia, harás cosas que no sabías podías hacer. Eso es reaccionar al miedo de manera positiva.

Si el miedo te paraliza y no puedes hacer nada ante él, te estás dejando ganar por la emoción, el cambio es posible, lento y doloroso, pero necesario. Atrévete a romper las ataduras, o quedarás atrapado en ellas de por vida.

Son muchos años los que llevo en un trabajo introspectivo. He tenido que abrir heridas que pensaba sanadas, pero solo tenían una ligera capa de falsa piel que al primer tacto volvían a supurar. Hoy en día muchas de esas heridas están sanadas y selladas, hay otras en las que sigo trabajando y unas pocas que aún no he podido enfrentar.

He llorado, he reído, he pasado por momentos muy duros, pero la Mónica que hoy puede escribir estas palabras le agradece a todas las Mónicas del pasado que se entregaron a la muerte para darme libertad, algo que valoro como un tesoro preciado que no pretendo ceder a gente que no ha entendido mis procesos.

Cada herida sanada ha sido un kilo de bagaje emocional que no necesitaba. Hoy estoy más feliz, más libre, más en contacto conmigo, con mi familia y con el universo. Por eso doy gracias al dolor que viví, a mis ancestros por sus herencias, de ellos aprendí mucho y me dieron el pie para que pudiera seguir creciendo y aprendiendo.




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