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19 de enero de 2021





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Neoartesanía se impone en moda margariteña
Aby La Rosa es una marca de artesanía de lujo. “La sostenibilidad es nuestra meta” asegura su creadora Abelmary La Rosa. Se inspira en la belleza de nuestra tierra, sus usos y costumbres para crear tendencias. Según la necesidad del cliente existe una lista de espera.
Karelys Inciarte C. @kareinciarte

Foto: OLYANA MARCANO -@olymarcano

Abelmary la Rosa participó en un desfile donde presentó sus últimas creaciones: bolsos con motivos frutales y los abanicos en forma de hojas. / Foto: OLYANA MARCANO -@olymarcano

7 Jun, 2019 | Encaramada en una palma datilera Abelmary La Rosa conoció cómo se extrae el cogollo con el que fabrica bolsos, carteras, pequeños accesorios y abanicos. Ella se ha dedicado a exaltar la palma, que sea usada más allá de los accesorios playeros y la ha llevado a lo que denomina la neoartesanía margariteña.

Su estilo playero-chic lleva pintura y bordados, pero basa su modelo en el reciclaje. “En el taller no desperdiciamos nada. Somos prueba viviente de reciclado”. Es la marca Aby La Rosa.

Abelmary es una diseñadora que quiere poner a competir en calidad los productos margariteños en el campo de los accesorios. “El producto que ofrecemos es exclusivo, porque va dirigido a un público que pueda pagarlo”.

Su taller creció y son más de una docena de personas quienes se encargan de materializar las ideas que se le presentan en forma de inspiración, como aquella que la iluminó mientras comía en el restaurante de un hotel de playa Guacuco. Ella fue conquistada por unos detalles de su decoración y de allí nacieron los abanicos que lanzó en su nueva colección que presentó recientemente.

Foto: OLYANA MARCANO -@olymarcano

Todo el proceso es supervisado. Desde el corte, el trenzado de crineja hasta la confección de la pieza. / Foto: OLYANA MARCANO -@olymarcano

De modos y usos
Aby La Rosa nació en y creció en una zona agrícola, donde los señores usaban sombreros. “Eso me cautivó de esta isla, que compartía mucha similitud con ese entorno rural, quise trabajar con ese material y empecé haciendo sandalias o zapatos maqueros”.

Pero sus estudios de diseño de moda en Caracas la llevaron a querer más. “Me metí en San Juan, para aprender cómo se cosecha la palma, cómo se recogía. Estuve tres años investigando, montada en las matas. Después me dediqué a estudiar los tejidos (telas) con las que trabajo los bolsos”.

Se dedicó a revisar lo que hacían con el género en Guatemala, México, Uzbekistán y España, por nombrar algunos. “Donde había un tejido yo me metía a investigar e inicié la experimentación con tejidos también”. Todo ese conocimiento fue incorporado a sus creaciones que aúnan la fibra de la palma con telas y cueros. Todos materiales de primera calidad.

Familia de artesanos
En 2010 egresó de la segunda camada de emprendedores de la Universidad Corporativa Sigo, lo que vino con los reconocimientos del premio City Bank y Premio Banesco, pero fue un empresario alemán quien resultó el verdadero apoyo al reconocer el trabajo realizado.

“Tardé 10 años en salir de mi zona de confort, pero tras esa década hay estudios e investigación que me convirtieron en la emprendedora que soy”. Esta marca margariteña es una empresa en expansión a pesar de que su nacimiento y desarrollo ha sido en un contexto país marcado por la crisis económica.

Cuando decidió montar su taller tuvo como principio algo que mantiene hasta la actualidad. “Por lo general cuando contratamos a nuestras artesanas, preferimos capacitarlas nosotros. Que ellas no tengan conocimiento previo, que no sepan bordar ni tejer, para poder estandarizar los procesos, aunque cada una de las creaciones sea hecha a mano y por consiguiente, nunca podrán ser iguales una a otras. Vas a aprender la esencia de la marca”.

Y a pesar de que nuestro país tiene manifestaciones artísticas y culturales que pueden competir de igual a igual a las de otras latitudes, todavía es difícil imponer el compre venezolano.

“Aquí en Venezuela –asegura- no hemos podido lograr una identidad propia. Que la gente use en sus galas los productos autóctonos, cosa que vemos en otras naciones, como México. Hablo por la moda porque es a lo que me dedico, pero es hora de que se empiece a ver que el patrimonio cultural de una nación tiene mucho que ver con su artesanía y sus artes de tejido, costura y confección”.

No todo vale
La selección de los materiales es cuidadosa, eso parte del bagaje de conocimientos acumulado con los años. “Cuando usted corta una palma de cogollo de la carretera no obtendrá material de calidad, porque la naturaleza en esas condiciones desarrolla una defensa natural que le impedirá que se blanquee, es aceitosa y su duración no es tan buena como la que se cultiva en zonas rurales”, advierte esta artesana con alta vocación ecologista.

Esta margariteña de corazón asegura que quiere ir más allá de dar a conocer los productos locales: “Nuestro trabajo social consiste en resaltar el patrimonio regional y nacional. Queremos hacerlo desde la educación que es la base de todo”.

Y cómo lograr que la artesanía cale en el gusto de propios y extraños: adaptándola a las necesidades del tiempo actual... así esta emprendedora habla de su neoartesanía y desde esa plataforma se impone en la moda que poco a poco toma identidad margariteña.

A través de su cuenta de Instagram @abylarosa se puede estar informado de sus últimas colecciones, establecer trato y hacer pedidos. También en su tienda en el CC. AB nivel mezzanina.




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