Porlamar
17 de septiembre de 2019





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De lo frágil y fugaz que puede ser la vida
La vida es extraña, ciertamente. Esto lo hablé mucho con mi amigo, las incontables enseñanzas que abarca algo tan fuerte, tan inesperado, tan común, tan doloroso, tan simple.
Juan Ortiz

21 May, 2019 | Le sucedió a un amigo hace unos días aquí en Buenos Aires

Pasó en la Calle Puan de parque Chacabuco, aquí hay muchas calles con nombres idénticos.

Jesús salió del taller donde trabaja a comprar unas galletas para merendar, como ya es su costumbre, y coincidió con una anciana, amable, por demás.

—Hola, joven, ¿cómo está? —dijo la señora, sonriente, mientras recogía la basura.

—Bien, señora, ¿y usted? —respondió él, con otra enorme sonrisa.

—Aquí, mijo, viviendo.

Se miraron con alegría, Jesús siguió al kiosko y la señora continuó recogiendo la basura.

Cinco minutos después, Jesús retornaba de comprar. Volteó adonde la señora y solo pudo ver un grupo de gente gritando y lamentándose, unos policías, y el cadáver de la anciana tendido en el piso.

Ella había muerto de un infarto fulminante. Sí, la mujer sonriente, evidentemente sana, alegre y activa, estaba allí.

La vida es extraña, ciertamente. Esto lo hablé mucho con mi amigo, las incontables enseñanzas que abarca algo tan fuerte, tan inesperado, tan común, tan doloroso, tan simple.

Dentro de las cosas que pude decirle a Jesús, están las siguientes:

- Nadie tiene comprada la vida, te vas cuando menos lo esperas.

- Ella se fue alegre, trabajando y feliz.

- Fuiste tú, Jesús, lo último que vio. Qué bueno que su encuentro fue amable y que se llevó consigo la imagen de alguien tranquilo e igualmente educado y alegre.

En ustedes queda reflexionar y sacar sus propios aprendizajes.

Gracias, Jesús Mora, por compartir tu vivencia.




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