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2 de abril de 2020





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Aires margariteños nutren la música tradicional
Géneros como el galerón, la jota, la malagueña, el polo y la gaita, con todas sus variantes, entre otros, están “sembrados” en el alma insular.
(Trabajo publicado en la Edición Joyas de la Música en el año 2007, por los 35 años de Sol de Margarita. Un documento de investigación escrito por la recientemente desaparecida periodista Yanet Escalona y que se reedita por su gran valor y aporte a la música margariteña).
Yanet Escalona

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Miguel Serra, cantante y pescador, director de la agrupación Cuerdas Espartanas. / ARCHIVO

7 May, 2019 | Galerón, jota, malagueña, polo y gaitas, en todas sus variantes, forma aires o géneros musicales que están anclados en el alma del margariteño, Inspiración que a y viene como las olas del mar, pasando de una generación a otra.

Hablar de música tradicional es referirse al pescador, al agricultor, al margariteño en general, quien también canta y compone canciones. Es invocar poesías, melodías y ritmos.

“El ritmo es una creación de la naturaleza. Todo lo que tenga vida y se mueva tiene ritmo: las aguas del mar, las horas de los árboles, los animales al correr, el agua de la lluvia al caer. basado en esta creación natural, el hombre ha creado sus propios ritmos de una forma sistemática”, expresa el maestro Alberto “Beto” Valderrama Patiño.

También cantor popular y compositor margariteño José Elías “Chelías” Villarroel, escribe sobre esas musas del arte, canto y poesía:

Al comienzo toda la Naturaleza cantó:

cantó la cascada cayendo sobre los grandes ríos.

Cantó la ola salpicando la costa rocallosa,

cantó la flora,

cantaron los pajarillos y el viento,

cantó y silbó en las jarcias de las grandes naves

El hombre primitivo, obedeciendo al llamado espiritual

que entre los seres mora, rozó dos piedras,

golpeó dos pedazos de madera, o al choque de sus propias manos,

cantó y gritó para expresar sus sentimientos y sus alegrías.

Está claro que todos los pueblos enmarcados en la cuenca del Caribe y en escala universal, presentaron su propio folclor. El canto del “lo-lo”, nacido de la recolección de las cosechas, y el canto del pilón, son vida guaiquerí en el ambiente vernáculo del margariteño- El grito del marino y el pescador varando sus piraguas y sus orejetas se convirtió en una canción de playa.

Lo anterior, expresado tan poéticamente por “Chelías” Villarroel, es reafirmado por “Beto” Valderrama Patiño:

“Nuestra música tradicional es una manifestación del alma colectiva neoespartana, la cual está alimentada y robustecida por vínculos socioculturales que le dan vigencia a través de los siglos.

La identidad musical del neoespartanos está en cada uno de los individuos que integran el ámbito insular, en su forma de ser, su dialecto, su gracia, su humorismo, su posición al mantener, a través del canto, la unión entre familiares y amigos. Es historia y leyenda oral o escrita, es la estirpe colectiva, que en cada pueblo tiene originalidad”.

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José Elías "Chelías" Villarroel. / ARCHIVO

Ante la “invasión” de música foránea “Chelías” Villarroel manifiesta: “A mí me impresiona más el canto de un grillo y el croar de una rana que ciertos tamboréelos importados, por más técnicos que sean, exceptuando el pájaro carpintero. Si algo nos llegó y se nos quedó, algo que no nació ni se purificó en nuestra inquietudes internas, está bien justificado y definido en el campo de la convivencia”.

Difusión del folclor

Jorge Luis González, profesor de Castellano y Literatura con línea de investigación cultural hacia la música, es autor del trabajo “La Educación musical y su impacto con relación al acervo cultural neoespartano”, presentado para optar al título de Magíster en Educación.

Allí escribe: “La música es una forma de expresarse, una mantera de manifestar alegría, tristeza, amor. También una forma de rezar a Dios (…) Los antiguos decían que la música era un regalo de los dioses y se cree que tenían razón”.

En esta caso considera que el estado Nueva Esparta cuenta con un reservorio musical muy rico. “Ese pasado no muy lejano, nos indica que la escuela era la promotora principal de este auge. Organizaba internamente sus actos culturales y en cada fecha importante promovía las manifestaciones culturales propias, dice González.

En lo participar, desde hace varios años aporte su “granito de arena” al organizar ciclos de festivales de jota, la malagueña y demás géneros, iniciativa que le valió obtener en 2002 el Premio Pilar de la Paz de la UNESCO.

Orígenes de nuestra música

“Chelías” Villarroel escribe que “si bien es cierto con el castellano y la ubérrima simbiosis colonial nos llegaron nombres como gaita, polo, malagueña, jota, espinela, y otros como fragmento, soneto y lira, los pueblos orientales, centrales y occidentales de Venezuela conservaron su propio estilo, matizaron sus propios aires, sus tonalidades y vibraciones melódicas con el impulso poético de su original naturalidad”.

Abordar el tema de la música tradicional es complejo, pero todos los caminos llevan a la isla de Cubagua, en el siglo XV.

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Alberto "Beto" Valderrama Patiño, visionario. / ARCHIVO

Por Cubagua entraron viajeros, mercaderes y esclavos, pero también versos, juglares, instrumentos musicales, artesanos, violeros, bailes, parrandas, cantos litúrgicos, cantos en porfía, cantos de trabajo, los cuales se emparentaron con la cultura indígena, para dejar una amalgama de ritmos musicales que se ha nutrido por siglos.

Entre los instrumentos que ingresaron a Cubagua resalta la vihuela, instrumento de cuerdas parecido a la actual guitarra. En “Breves apuntes para una historia de la música en Margarita”, el cronista Angel Félix Gómez indaga al respecto.

“Los comerciantes italianos Scipio Pechi y Juan Antonio Piccolomino, de Siena, y el milanés Luis de Lampignan enviaron a Cubagua 15 vihuelas ‘a razón de un peso y dos reales cada una’”.

Con base en todo lo anterior, Gómez no tiene dudas en afirmar que fue en Cubagua donde comenzó el mestizaje musical.

Es Juan de Castellanos, Cronista de Indias, quien deja una primera visión de esa música brotada de la inhóspita isla:

Vuelven los potentísimos empleos

Acuden los contratos y bullicios

Hay fiestas, regocijos, hay torneos

Con muchos cortesanos ejercicios.

Una vez despoblada Cubagua, primero por la escasez de perlas y después por el cataclismo del 25 de diciembre de 1541, el grueso de la población pasó a Margarita, específicamente al Valle de San Juan.

Bajo la sombra de los gigantescos árboles, muy particularmente bajo una enorme Ceiba que existió en San Juan, los habitantes de este valle disfrutaron de la música y el canto.

Juan de Castellanos igual lo reseña con su inspirada pluma:

Allí también dulcísimo contento

de voces concertadas en su puno,

cuyos conceptos lleva manso viento

A los pronto oídos por trasunto:

Corre mano veloz el instrumento

Con un ingenioso contrapunto,

Enterneciéndose los corazones

Con nueve villancicos y canciones.

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José Ramón Hernández, cantautor margariteño. / ARCHIVO

En esta octava, al hablar del “ingenioso contrapunto”, remonta el “contrapunteo”, el cual ha sido una de las características de la música tradicional. Igualmente se refiere a “nuevos villancicos y canciones”, lo cual revela que estuvieron en Cubagua los primeros compositores.

Las musas de la poesía elegíaca y la poesía lírica, Polimnia y Erasto, son mencionadas por el Cronista de Indias. También habla de “discípulos y alumnos”; es decir, que l canto y la música tuvieron inmediatos seguidores. Nombres de Bartolomé Fernández de Virúes, Jorge de Herrera, Fermín Mateos y Diego de Miranda, son mencionados como los primeros poetas o trovadores.

Después de esta descripción de Castellanos, hay muchos vacíos documentales sobre los nombres de músicos margariteños. Vuelve a saberse de un músico margariteño cuando hablan de José Torrico y Doña Isabel Martín, ambos también naturales de Margarita. Ese músico fue organista de la Catedral de Caracas y murió en 1682, de acuerdo con lo investigado por Alberto Calzavara en sus trabajos sobre música en Venezuela.

Otro dato como antecedente: en 1719, en el inventario de bienes de Dos Diego Antonio de Molina y Miñano, Gobernador de Margarita desde el 11 de octubre de 1713 hasta 1716, aparece “un arpa hecha en la isla de Santo Domingo con clavijas de hierro”.

En el censo de Margarita, levantado por orden del Gobernador Don Alonso del Río y Castro, en 1757, el único cabeza de familia que declara su profesión de músico es el mulato Juan Jacinto de la Riba, quien vivía en La Asunción.

De vihuela a bandola oriental

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Nora Cardona, con un estilo particular, piensa que hay que innovar. / ARCHIVO

Después del auge perlífero en la isla de Cubagua, florecieron y se intercambiaron muchos de los ritmos que hoy se conocen. Quizás basado en la estructura vihuelista, el criollo dio sus primeras formas a lo que hoy conocemos como la bandola oriental.

Esta bandola de cuatro órdenes de cuerdas dobles afinadas en forma octavada, no tenía un temple fijo. Variaba de acuerdo con su tamaño y a la resistencia de las cuerdas que se fabricaban con tripas de animales.

Para tocar la bandola no era necesaria ser un virtuoso, dice Valderrama Patiño, pues los músicos populares la tocaban sin ninguna técnica. Más que todo lo hacían por entretenimiento. Con el ingreso de la mandolina o bandolín en el siglo XIX, el uso de la bandola comienza a declinar a comienzos del siglo siguiente.

Hacia mediados del siglo XX ya casi no se tocaba bandola, pues la mandolina la había desplazado por su sonido mucho más claro y brillante, el tipo de cuerdas metálicas duraderas, su diapasón más pequeño, extensión y fácil acceso a todas las tonalidades y el ensamble con otros instrumentos como el violín, la flauta y el clarinete.

La bandola oriental, que por fortuna hoy es retomada por nuevos ejecutantes de Margarita y el Oriente del país, está emparentada con otros instrumentos de cuerdas que se originaron en el Caribe, tales como: el tiple colombiano; el tres cubano; la mejorana panameña; la jarana mexicana; el cuatro puertorriqueño, entre otros.

Versatilidad y ritmo

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Perucho Aguirre, director de la agrupación Collar de Perlas. / ARCHIVO

La versatilidad rítmica y melódica, en constante improvisación, es una característica de la música tradicional margariteña, sumada a la creatividad e ingenio de sus intérpretes.

Explica Jesús “Pollo” Bellorín que en una pieza musical el ritmo es la distribución de los tiempos, “de acuerdo con la disposición armoniosa de las voces”.

Para “Beto” Valderrama Patiño es evidente que la música margariteña, además de melodía y armonía, está impregnada de células rítmicas que son totalmente diferentes a las de otros pueblos, aspectos que también se evidencian en toda la música caribeña, en contraste con el sistema rítmico europeo. Estas células rítmicas aparecen insertas en formas expresivas que muchas veces no son precisadas por la métrica musical, afirma.

Investigadores y musicólogos coinciden en que los ritmos ternarios que se cultivan en el Caribe, son originarios de la Península Ibérica, a lo cual han llamado “Cancionero temario caribeño”. Evidencia de ello se percibe en la malagueña, el punto, la jota, el polo y otros. Al mismo tiempo los ritmos binarios vinieron con al presencia del negro.

Versos aliados de la música

El verso, fiel aliado de la música, también entro por Cubagua. Desde allí se extiende hacia el valle de San Juan Bautista, donde nace la primera peña literaria de América entre porfía, la crónica, el humorismo, el romanticismo, la sátira y la protesta, agrega Valderrama e una investigación sobre la música tradicional neoespartana.

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Lucienne Sanabra tiee la música tradicional como línea de trabajo. / ARCHIVO

La décima en Margarita es tan cultivada, que es la versificación más explotada por varias formas musicales, entre éstas el punto, el galerón, la gaita con sus variantes y un estilo casi extinguido: el gaitón.

Los cantos tradicionales improvisados o no, a pesar de tener la particularidad de que pueden interpretarse “a capella”, tienen en el instrumento musical su más fiel aliado.

Por ejemplo, la forma rasgueada y golpeada de tocar el cuatro, marcando ritmos diversos, fue la que inclinó un poco hacia la métrica de la música tradicional, característica que afectó al punto, al galerón, a la malagueña y a la jota con sus variantes, ya que estos estilos eran acompañados con interludios que se punteaban en las pausas de los versos para darles más lucidez.

En el galerón esas dos funciones se manifiestan constantemente. Un cantor improvisador hábil, juega entre los interludios del instrumento y las estructuras de los versos para enriquecer su improvisación.

Estos cantos siempre han sido manifestación colectiva, donde la música le sirve al canto. Por lo cual el cantador tiene que armonizar con el esquema plateado por el ejecutante que, en la mayoría de los casos, no conoce de reglas, ni de cadencias tonales.

Guía sobre cantos tradicionales

Luego de 28 años de recabar datos, el sociólogo y galeronista Jesús “Pollo” Bellorín publicó “Guía didáctica para el conocimiento y aprendizaje del galerón y otros cantos tradicionales”, hoy de referencia obligatoria.

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Francisco Mata, Chelías Villarroel y Jesús Avila. / ARCHIVO

Al entrevistar al “Pollo” Bellorín en su casa de El Salado, municipio Antolín del Campo, explicó que la mayoría de los cantos se concentran en la décima, en el canto de la décima espinela, la cual puede interpretarse en forma de punto, punto y llanto, punto del navegante y gaita antillana.

Agrega que el punto y llanto es una variante dentro del mismo género del punto. La musicalidad es la que marca la diferencia entre uno y otro.

Así encontramos la gaita margariteña y la gaita antillana que la llaman también gaita “Lla’bajera”, expresión que alude a la gente de “allá abajo”.
Mencionó también el gaitón, género musical casi desaparecido en el estado Nueva Esparta, el cual ahora “rescatan”. En la región hay particularidades, porque un polo puede ser interpretado de varias formas. Igualmente según apreciaciones de personas que vivieron en épocas pasadas como los poetas Wenceslao Hernández y José Gómez, el polo y la jota la cantaban de diferentes formas, la jota mayor y la jota menor.

“En las últimas investigaciones hemos profundizado en algunos géneros que según personas que vivieron a principios del siglo pasado, fueron muy difundidos, como por ejemplo el ‘pedro catino’, género musical que prácticamente es la misma sabana blanca. También indagamos más sobre el punto cruzao”.

Indica que el galerón vivió una etapa en la cual todo lo que se cantaba era aprendido. Es el caso de cantores como Antonio Rodríguez y Rufino Caraballo, quienes cantaban décimas del poeta Wenceslao Hernández.

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Ángel Tomás Figueroa "El Tumbalele" / ARCHIVO

Al respecto conserva un pergamino donde quedó testimonio de que este decimista le escribía a dos poetas del pueblo de El Salado, quienes cantaban galerón.

“Hablamos que estos cantores, Rodríguez y Caraballo, murieron hace más de 30 años, y uno de ellos (Rufino) fallece con más de 100 años de edad”.

Como anécdota el “Pollo” Bellorín recuerda que cuando era muy joven, y falleció Rufino Caraballo, acudió a la casa del finado a ayudar a arreglar la casa, para efectos del velorio.

“Ayudaba a la hija de este señor, quien era la curandera del pueblo, cuando en ese momento se volteó un baúl, de donde salieron varios parques, entre éstos uno enrolladito que contenía una seria de décimas. como ella sabía que yo tenía tendencia a los cantos, me las regaló. Son décimas escritas de puño y letra de Wenceslao Hernández. Debajo del manuscrito dice que eran para ser cantadas por Caraballo y Rodríguez en el Velorio de las Cuatro Esquinas. Esto tiene gran valor, porque son pocos los testimonios que quedan de la época”.

En sus reminiscencias, también Bellorín recordó que cuando niño, veía en el mercado al reconocido galeronista José Ramón González, nativo de El Cardón, quien llevaba siempre consigo un mapire cargado con décimas.

“El las escribía y las mandaba a una tipografía para imprimirlas. Luego las vendía a locha y a medio. Constituían su sustento, además de la agricultura2, recordó.

“Cuna” del galerón

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Alberto Fernández, compositor de Pedregales. / ARCHIVO

El galerón es un aire tradicional cantando en décima espinela, el cual se caracteriza por tener un ritmo lento con acompañamiento de cuatro y guitarra en armonía de tónica sub-dominante y bandolín, con interludios que van en contrapunteo con el canto, explica Bellorín en su Guía Didáctica.

“Históricamente se sabe que los cantos en porfía o en controversia, llegaron los primeros pobladores de Cubagua, pasando luego a Margarita y al resto del continente. Es conocido que el término galerón quizás se debe a un Decreto del Rey IV del 29 de noviembre del año 1625, en el que ordenaban a todos sus reinos celebrar fiesta de conmemoración, por haber llegado ese día a Cádiz la armada de los galeones, la cual transportaba desde las Indias, los grandes tesoros de oro, plata y perlas encontradas en ellas. Suponen que ese tipo de cantos lo entonaba por las noches la tripulación de dichas embarcaciones, quizás por eso se tomó como modelo la exaltar tal acontecimiento”, indica Valderrama Patiño, basado en referencias de Pedro Grases.

Un antecedente fundamental, a la hora de hablar de este aire musical, está vinculado con los velorios de cruz, porque gracias a éstos perdura en el tiempo tanto el galerón, como otros cantos tradicionales.

El velorio de cruz es una celebración que realizaban para agradecer a una imagen, a un santo, a lo divino, el gran poder de Dios, como decían antiguamente, ya fuere por la curación de un enfermo, por la buena cosecha o en función de una petición para conseguir dinero, explica Bellorín.

-¿Cómo hacían esos velorios de cruz?

-Utilizaban por lo general todo el fin de semana. Desde el viernes colocaban un altar y por supuesto existía la imagen de la cruz en el sitio. Organizaban el evento, previendo que los galeronistas, intérpretes de los poetas, cantaran durante la noche del sábado. Utilizaban 12 horas consecutivas cantando por tandas, con sus respectivos recesos.

Testimonios de la época revelan que la parte principal del velorio de cruz era precisamente el galerón y de allí que Margarita es llamada, en justicia la “cuna” del galerón oriental.

No existe otra región en la geografía nacional, donde se conozcan más pueblos dedicados a la tradicional celebración del canto a la cruz, como en Margarita y Coche. Desde tiempo inmemorial se mencionan los velorios a la Cruz de la Ermita en Los Robles, El Copey de La Asunción, Guiriguire, El Cardón, Cuatro Esquinas, El Salado, La Portada, El Mamey, Punta Cují, La Cruz de la Misión en Porlamar y la Cruz del Nazareno en Los Cerritos, entre otros.

El velorio de cruz se diferencia del actual festival de galerón, porque se trata un evento festivo de mayor duración. Generalmente se extiende durante todo un fin de semana, en donde el reparto de décimas con el paseo de música se produce el viernes. Eso marca el inicio de la fiesta.

El sábado realizan el canto a la cruz, lo cual se hace en décima con ritmo de galerón y como actividad central. Antiguamente cantaban además puntos, polos, jotas, malagueñas, estribillos y fulías. Previo al canto, realizan la “corrida de ramos” y la gente del mismo pueblo reza un rosario de cruz.

El domingo finalizan con diferentes juegos típicos, como corridas de sacos, huevo en cuchara, el papelón, la aguja, el palo “encebao”, la carretilla humana, maratón, carreras de burros y bicicletas, y la quema de Judas.

Sostiene Bellorín que estas actividades son las que han venido desapareciendo, y no como dicen erróneamente que es el galerón. “Este es un canto único que continúa vivo”.

Los cantantes utilizan diferentes temas que versan sobre historia, literatura, biología, geometría, astronomía, entre otros. El participante debe estar preparado. También en las tandas desarrollan el tema libre, donde el cantador critica las fallas del contrario, lo insulta o simplemente le hace preguntas. Es considerada la parte más difícil y emocionante del evento, con el “mano a mano”, parecido al contrapunteo que protagoniza el llanero.

Entre los “cachos” o anécdotas recuerdan que en el velorio efectuado hace varios años un joven cantador llamó “viejo” al galeronista y poeta popular de El Maco, Balbino Brito Quijada. Este, sin pensarlo dos veces, respondió rápidamente:

Es cierto que soy viejo

pero un viejo pimientoso

como el astro luminoso

que no pierde sus reflejos

yo no he dejado ni dejo

ni por nadie ni por nada

arder como llamarada

en los incendios más fuertes

y solamente con la muerte

se acaba Brito Quijada.

Esa “chispa” y rapidez en la improvisación es parte del canto tradicional. Los más versados critican que ahora las décimas hayan perdido mucha carga poética, para caer en la “chabacanería”.

Exponentes del galerón

Entre los exponentes del galerón en Nueva Esparta, según la “Guía Didáctica para el conocimiento de los cantos tradicionales”, destacan:

Julio Acosta “El Pescador”; Alejo Albornoz “El Martillo Atómico”, Luis Ramón Bello “La Perlita de Oriente”; Jesús Rafael Bellorín “El Pollo de Nueva Esparta”; Lorenzo Caraballo “El Fiscal”, Ernesto Da Silva “El Ciclón de Margarita”: José González “El Hombre del Galerón”; Amado Guerra “El Topo Topo mayor”; Esteban Guerra Luna “La Biblia”; Benigno Hernández “El Azote de Antolín”; Estílito Hernández “El Pollo de La Loma”; Pascual Hernández “El Abogado Cantor”; Francisco Jiménez “El Remolino de Oriente”; Alberto Landaeta “La Lagartija Blanca”; Juan Lista “El Ciego Lista”; Blas Malaver “El Tiburón de Guacuco”; Dalmiro Malaver “La Culebra de San Sebastián”; Dalmiro Jr. Malaver “La Culebrita”; Eligio Malaver “El Gladiador” y Hernán Malaver “El Tacarigüero”.

Asimismo, José Marín “El Cordobés”; Luis Marín “El Rayo de Margarita”; Adalberto Martínez “La amenaza de Antolín”; Aquiles Mata “El Vendaval de El Tirano”; Blanco Moya “El Poeta Tiranero”; Fruto Pino “El Carpintero del Valle”; Toribio Pino “El Turpial”; Agustín Quijada “El Ruiseñor de Antolín”; Hipólito Quijada “El Propio Polo”; Venancio Quijada “El Profesor”; Aurelia Ramos “La Coralita”; Aurice Ramos “La Diosa Crepuscular”, Jesús Ramos “El Morao”; Luis Ramos “El Estudiante”; Jesús Ramos “El Alacrán del Caribe”; Manuel Rivas “El Tigre de Varias Pintas”; Pedro Rivas “Perucho Rivas”; Antonio Rodríguez “Antonio Lubo”; José Presentación Rodríguez “El León de la Selva”; Juan Cancio Rodríguez “El Clarín Retórico”; Luis Antonio Rodríguez “El Cantor Maravilloso”; Florencio Rojas “El Chivato de la Playa”; Francisco Romero “El Ñiquiñiqui”; Jesús Romero “El Ruiseñor de Punda”; Juan Salazar “La Centella de Juangriego” y Lorenzo Salazar “Calencho, El Terror de Oriente”.

Además, Eleuterio Suárez “El Turpial de Manzanillo”; Jesús Vásquez “El Terrible de La Guardia”; Manuel María Vásquez “Garganta de Oro”, Angel Marino Velásquez “El Estudiante de Oriente”; Martín Velásquez “El Torbellino de Oriente”; Santiago Velásquez “El Bárbaro”; Héctor Villarroel “El Volante Margariteño”; Jesús Ramón Villarroel “El Chorochoro”, José Elías “Chelías” Villarroel; José Ramón Villarroel “El Huracán del Caribe”; José Ramón Jr. Villarroel “El Hijo del Huracán” y Maximiliano Villarroel “El Nuevo Huracán”.

Otros sin seudónimos: Ezequiel Bauza, Balbino Brito Quijada, Pascual Caraballo, Pedro Felipe Caraballo, Rufino Caraballo, Nicomedes Carrión, Santiago Durán, Jesús María Figueroa, Cruz Gil, José Gómez, Casto González, Isaac González, Servelión González, Julián Guevara, Lucas Hernández, Wenceslao Hernández, Pablo Higuerey, Amador Lista, Leandro López, David Marín, Félix Marcano, Gregorio Martínez, Dámaso Meneses, Alejandro Moya, Frank Moya, Marcos Narváez, Felipe Pérez Castillo, Albino Quijada, Chande Rasse, Justo Pastor Rivas, Dámaso Rodríguez, Cruz Romero, José Romero, Santiago Romero, Policarpo Salazar, Inocente Vásquez, Rumaldo Velásquez, Narciso Villarroel, Teodoro Villarroel y Freddy Zacarías.

Géneros musicales

Jesús “Pollo” Bellorín define como versos de arte menor aquellos que tienen entre dos y ocho sílabas poéticas o métricas: bisílabos, trisílabos, tetrasílabos, pentasílabos, hexasíbalos, heptasílabos y octosílabos. Los versos de Arte Mayor tiene nueve o más de nueve sílabas poéticas o métricas: eneasílabos, decasílabos, endecasílabos, dodecasílabos, tridecasílabos, tetradecasílabos o alejandrinos, pentadecasílabos, hexadecasílabos, heptadecasílabos y octodecasílabos.

La décima es una estrofa que consta de 10 versos octosílabos. Desde su aparición existen diversos esquemas decimales; sin embargo, a Venezuela como al resto de América, llegaron los creados por Juan Fernández de Heredia y Vicente Espinel.

La espinela, quizás la combinación decimal más perfecta y mejor concebida de las que conocemos, es una estrofa de 10 versos octosílabos, entre los cuales establecen una rima consonante entre el primero, cuarto y quinto verso; entre el segundo y tercero; entre el sexto, séptimo y décimo y ente el octavo y noveno. El nombre responde a su creador Vicente Gómez Martínez Espinel, nacido en Ronda, España, el 26 de diciembre de 1550.

Lope de Vega fue el primero que empleó el término “espinela”, llamando así a la décima en honor a quien la perfeccionó, fijando en ésta una rima consonante; es decir, uniformidad total del sonido en la terminación de una palabra respecto a otra, a partir de la última vocal acentuada. “Pollo Bellorín aclara que toda espinela es una décima, pero no toda décima es una espinela. Esta afirmación se base en el hecho de que la espinela es una estrofa bien definida de 10 versos octosílabos, la cual no admite otra rima más que la consonante y la combinación de sus versos es invariable, se inicia y termina con una redondilla (la cual es una estrofa de arte menor conformada por cuatro versos en donde riman el primero con el cuarto y el segundo con el tercero). La décima, en cambio, es anterior a la espinela y su único elemento bien definido es la cantidad de versos que la conforman ya que diversos poetas han utilizado desde su aparición, diferentes esquemas de combinación para la rima ente los versos que la conforman y en muchos casos se observa el uso de la rima asonante.

Distinguen con el nombre de gaita margariteña a la forma, expresión o canto tradicional alegre y segundo más difundido en la isla de Margarita. Se conocen en la región dos tipos de gaita. Gaita margariteña, la cual desde el punto de vista musical es interpretada en tonalidad menor y la llamada gaita antillana o lla’bajera (de allá abajo, de los pueblos ubicados al noreste de Margarita), interpretada en tonalidad mayor. Respecto a la versificación, las dos corresponden a la misma estructura estrófica de arte menor, por cuanto se sustentan en la décima espinela. Los instrumentos acompañantes son de cuerda y percusión: bandolín, cuatro, guitarra, maracas, furro, tambor y hasta marimba o marímbola.

Dicen los estudiosos que es probable que con la gaita haya sucedido lo mismo que con el polo, debido al contacto de los pescadores con las costas de Falcón y el Lago de Maracaibo, lo cual propició un intercambio cultural y la inevitable influencia Zulia. Sin embargo, la gaita margariteña al paso del tiempo adquirió personalidad propia.

Analizando la forma de la gaita lla’bajera, está un compás de 5/8 inclinado al estilo de la diversión. En Cumaná también se canta la gaita, en la misma forma que la margariteña, pero inclinada hacia el golpe oriental.

El punto es un aire popular casi extinguido en la región insular. Con relación versificación se sustenta en una estrofa de arte menor, es decir, en una décima espinela. Se le conoce también con el nombre de punto del navegante y punto y llanto, por ser en otrota un canto muy difundido por los pescadores en sus faenas y por el carácter sentimental de su melodía.

La melódica expresión del punto es bastante tierna y sentimental, muy libre y sin un ritmo determinado, donde cada cantor imprime diáfana expresión de sentimientos que le dan a este estilo un carácter de oración recitativa. Por eso quizás se cantaba en los velorios de Cruz antes que el galerón, porque éste último más bien lo asocian al jolgorio y porfía.

El punto se cantaba “a capella” y también con el acompañamiento de la bandola oriental, la cual solamente adornaba con sus interludios las cadencias finales de los versos que a veces ofrecían ciertas complejidades, ya que sus características modulativas no tenían establecidas con exactitud un giro tonal preciso.

Quizás por ser muy dificultoso para los ejecutantes de los instrumentos, el acompañamiento de este estilo fue perdiendo presencia no solamente los velorios de Cruz, sino en todas la manifestaciones religioso-festivas.

Con el acompañamiento de la mandolina, la guitarra y el cuatro, el punto tomó una forma musical más firme, estableciéndose una tonalidad menor, con breve modulación a su relativo mayor, y una secuencia descendente con presencia de la cadencia andaluza, lo cual le da cierto parecido a la tonada menor o tonada de Carvajal que se canta en la isla de Cuba, y con una variante del Seis Puertorriqueño.

El polo margariteño admite mayor variación melódica, justamente porque su estructura estrófica la sustentan indiferentemente en una cuarteta, una redondilla, un cuarteto o un serventesio. Este último es una estrofa conforma por cuatro versos de arte mayor, en la cual riman el primero con el tercero y el segundo con el cuarto.

Con relación a la estructura musical, al comparar el polo margariteño y el polo coriano no existen diferentes, pero no así sucede en la versificación, porque éste último siempre se presenta con versos octosílabos.

Fueron precisamente la isla de Margarita y la zona costera de Falcón, donde el polo se afianzó. Ahora todo indica que tiene relación con la música de las diferencias vihuelísticas “Guárdame las vacas” de Luis de Narváez, músico español de la provincia de Granada, donde éste nació a finales del siglo XV.

En uno de sus poemas que contiene un concepto musical referente a las diferencias, Narváez dice:

“Lo criado

por música está fundado

y por ser tan diferente

tanto más es excelente

porque está proporcionado”

Con este tipo de versos octosílabos utilizando por Narváez, evidencian una forma de versificación que enlaza perfectamente con la música de “Guárdame las vacas”. Si hubo alguna relación con el polo, no se tiene información precisa al respecto.

La malagueña margariteña es un género musical de los conocidos como de arte mayor, en virtud de que su estructura poética está conformada por cuatro versos que pueden ir desde del decasílabo al dodecasílabo, haciéndose obligatoria la rima entre el segundo y cuarto verso, y entre el primero y tercero; correspondiendo perfectamente su conformación estrófica al serventesio. Advirtiendo además que siempre se repote el primer verso al comenzar y al finalizar casa estrofa cantada. Es uno los más tradicionales, utilizado hasta hace 30 ó 40 años como canto inseparable en el diario quehacer del insular, con una melodía sublime y nostálgica.

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Juan Rojas "la música tradicional tiene su sello y acento" / ARCHIVO

Los versos más usados van desde el decasílabo al dodecasílabo, aunque también se cantaba un malagueña en versos octosílabos de la cual deja muestra “Chelías” Villarroel, muy parecida a la malagueña canaria.

La jota margariteña es cantada generalmente en tonalidad menor, en el cual versificación está conformada por estrofas de Arte Mayor, es decir, construida con versos endecasílabos o dodecasílabos y otra con versos octosílabos interpretada en totalidad mayor.

Los tipos de jota más conocidos en Margarita están tonalidad mejor, que se canta con versos octosílabos y otra con versos octosílabos y otra con versos dodecasílabos, siempre con la presencia de la cadencia andaluza.

La versificación que se utiliza para cantar la jota, al igual que la malagueña debe tener un contenido poético de altura. Jamás utilizan la jota como estilo de controversia o para expresar contenidos humorísticos o picarescos.

Es un estilo que probablemente entró a Margarita en el siglo XVIII, procedente de las islas Canarias, done lo han cultivado como un baile, consecuencia o variante del Fandango, lo cual cuestiona la teoría acerca de su origen árabe, donde sostiene que la jota fue creada por Aben Jot en 1169, a quien desterraron y en su deambular recaló en la ciudad aragonesa.

La cadencia andaluza evidencia claramente los rasgos peninsulares en la música de la jota margariteña, acentuándose aún más con el tipo de versos octosílabos que han sido muy usados en Nueva Esparta.

La sabana blanca es el género musical que presenta característica particular, por cuanto cantan la estrofa completa del primero al cuarto verso y luego se repite comenzando por el tercero y terminando en el segundo. Su estructura poética se fundamenta en una estrofa de cuatro versos endecasílabos o dodecasílabos. Es una variante del joropo, igualmente que el zumba que zumba, estilo con el cual comparte las mismas estructuras poéticas y musicales. Sólo que la sabana blanca está en totalidad mayor.

La costumbre de cantar la copla y repetirla a la inversa, se manifiesta igual en estos dos estilos. En la Península de Macanao, como en la zona costera del estado Sucre hacia Cumaná, a la sabana blanca se le conoce como “pedro catino”. La diferencia se manifiesta en los verso que en vez de octosílabos son endecasílabos o decasílabos. La identificación de este nombre quizás se debe al personaje que popularizó dicho canto.

El “mocho Hernández” es un aire musical con in ritmo muy alegre, cuya versificación está sustentada en cuartetas o redondillas. Es decir, estrofas de arte menor. Su acompañamiento musical está dado en tonalidad mayor y se canta repitiendo las últimas cinco sílabas del primer verso o las cuatro últimas, anteponiendo un “Ay”, luego consecutivamente los tres versos siguientes, repitiendo el último después de anteponer la expresión “Ay mocho Hernández", para finalizar repitiéndole primero y segundo versos.

Es un estilo musical que entra a Margarita a finales del siglo XIX. Debe su nombre al general José Manuel Hernández, a quien se le conocía así, porque le faltaban varios dedos. Su fama que se produce tras alzarse contra el general Joaquín Crespo, quien entonces era Presidente.

El corrío margariteño está caracterizado por su alegre melodía. Fundamenta su versificación en una serie indefinida de versos octosílabos, que por lo general en us inicio conforman una redondilla, copla o cuarteta, pero que luego se riman consecutivamente los verso pares, quedando los impares libres, tipo romance.

También lo denominan golpe de arpa. Se caracteriza por tener una melodía alegre, emotiva y jocosa. Con letras de carácter humorístico o narrativa de acontecimientos acaecidos en la comunidad. Es un género musical que a pesar de estar emparentado con otros ritmos que se cultivan en otras regiones del país, se canta muy poco en Nueva Esparta.

Eso quizás sucede, porque su versificación de tipo romance ya no se utiliza, lo mismo que en la interpretación del canto, donde el intérprete debe hacer uso de mucha gracia y picardía para que en su expresión haga sentir la verdadera esencia del canto.

Existen otras expresiones en el acervo musical margariteño, tales como el zumba que zumba o zumbadora, el estribillo, el golpe, la fulía, el San Pascual y el gaitón, los cuales aun cuando en el pasado tuvieron gran significación, actualmente son poco difundidos.

El golpe debe su nombre a la forma de tocar los instrumentos de cuerda, los cuales se ejecutaban unas veces “golpeados” y otras punteados. El golpe y el joropo oriental son considerados como un preludio del estribillo. El ritmo está emparentado con el estilo que en el estado Sucre se conoce como Manzanares. El estribillo que se canta en Margarita es más pausado que el del estado Sucre, y pocas veces tiene la característica de comenzar con un golpe a un joropo para luego mezclarlo con el estribillo.

Sobre el gaitón es poca la información recabada. En la Península de Macanao lo encuentra en la versión de los hermanos Salazar, encabezado con coplas y con un estribillo que se repite con el enlace musical de la cadencia Andaluza. en el valle de Pedrogonzalez, el desaparecido cantautor José Ramón Villarroel lo recopiló en la misma forma. Obtuvo información sobre unos pescadores que cantaban el gaitón teniendo como versificación a la décima, repitiendo los dos primeros versos y sin repetir los dos últimos, es decir, a la inversa de la gaita en tono menor, cuenta el “Pollo” Bellorín.

Orgullosos de su música

José Ramón Hernández, músico y compositor, dice que al igual que ocurre en otras partes de Venezuela el mundo, el hombre busca inspiración Ens. entorno y en las distintas faenas. Asimismo, de manera muy abierta expresa sus sentimientos.

Al analizar el quehacer musical neoespartano, Hernández comenta que “pasa un fenómeno”. “Nos hemos preocupado por aprender todos los ritmos y canciones del presto del país, pero lamentablemente en otras regiones no saber tocar un galerón o una malagueña, al ritmo nuestro. Tampoco la jota y la malagueña son muy difundidas en el resto del país, pero cuando otros músicos las ‘descubren’ encuentran que es música totalmente diferente y entonces muestran interés por aprenderla. Por ejemplo, la malagueña y la jota llevan una pausa y un golpecito muy típico de aquí”.

Nora Cardona, quien tiene grabados tres discos: “Guaicaribe”, en 1997; “Sentir navideño”, en 2002 y “Criolla soy yo”, en 2006, dice con orgullo que en su trayectoria profesional ha interpretado casi todos los aires tradicionales margariteños.

“Esos aires tienen sus raíces. Somos un mestizaje. Nuestros pescadores cantaban la jota y la malagueña. Ahora sólo nos queda enriquecer estos aires y darles un nuevo enfoque, porque hay mucha competencia. Debemos seguir cantando lo nuestro, pero con adaptaciones”.

Considera injusto que a Venezuela sólo la conozcan por el joropo, arpa, cuatro y maracas, cuando la música oriental. y la margariteña en especial, es tan rica. “Lo más hermoso es que son poesías hechas canciones, donde todo queda plasmado en décimas”.

“El poeta y el escritor tienen ese don. Hasta la tristeza la hacen verso y canción. Asimismo, en Margarita hay una inmensa gama de músicos que destacan”, dijo, al mencionar entre éstos a Ana María Guzmán, otra sobresaliente cantante de la región.

Juan Rojas, director artístico de la agrupación Opus 4, considera que la música margariteña vive un momento estelar ante la reactivación de la Orquesta Típica Regional, otras nueve años de estar fuera de escena.

Reconoce, asimismo, la calidad de músicos que han surgido en los últimos años y de manera extraordinaria, “como es el caso de Eddy Marcano, José Alberto Requena, Jesús Rengel, José Salazar, Johnny Escobar, y los hermanos Javier, Alberto y Carlos Valderrama, quienes dejan bien en alto nuestro gentilicio”, dice.

“La música tradicional margariteña es lo más sublime, por los diferentes géneros y aires que la conforman. El galerón y el polo identifican la región, Son la ‘carta de presentación’ de los margariteños”.

En su opinión “en el caso de la jota hay un aire que lo tocan diferente en distintos lugares de Margarita. Por ejemplo, en el valle de Pedrogonzalez lo ejecutan diferente al de Punta de Piedras, o es muy participar aquel que interpreta Miguel Serra en Pampatar o ‘Beto’ Valderrama en El Cercado”.

Para Juan Rojas “la música tradicional margariteña tiene su sello y su acento. El polo margariteño marca diferencias con el polo playero del estado Sucre. Aquel es estribillado y aquí se canta con compases de 2/4. Además, adquiere un estilo único, porque a toda nuestra música le agregamos la picardía y alegría del margariteño, a excepción de la malagueña, el cual es un sonido mucho más melancólico”.

Simbiosis perfecta

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Francisco Mata, gloria del folclor nacional. / ARCHIVO

La entrevista a dúo con el maestro Alberto “Beto” Valderrama Patiño y Francisco “Toño” Mata, gloria del folclor nacional, termina convirtiéndose en una clase magistral para explicarnos la diversidad de la música tradicional.

La música margariteña tiene mucho que ver con la música andaluza. Hay riqueza musical y melódica. Hubo injertos y reinjertos. Tiene sus peculiaridades y de allí nace el motivo guaiquerí. Muchos preguntaban ¿esto es un aire?, ¿es un merengue? Entonces Francisco (Mata) lo identificó motivo guaiquerí, el cual tiene que se considerado como aporte, muy propio de nuestras islas, indica “Beto” Valderrama.

Como quiera que Valderrama ha hablado de la influencia española en la música tradicional, Francisco Mata dice:

“Son ciertas e importantes esas cosas que ha dicho ‘Beto’ (Valderrama), pero les digo que jamás en mi vida creí que todo lo nuestro era solamente de origen español. Seré un loco cuando digo esto, pero es que si nosotros nos comprometemos a ver qué es la música, encontramos que ésta nace del sentimiento del ser humano”.

“Así vemos personas que escribían sus partituras. Es algo que nace de cada uno. Es la sensibilidad, la parte del hombre para cantarle a una muchacha, a una india, y entonces tenía que hacerlo. Lo que lamentamos es que hayan quedado tan pocos registros, dentro de la historia de Margarita. Por eso quiero mucho a los escritores nuevos, porque se comprometieron a escribir todas las cosas bellas de esta tierra”.

“Eso está escrito y perdurará toda una eternidad: qué es Margarita, cuánto vale Margarita, su gente… es una labor extraordinaria. Entonces yo con todo el amor del mundo, salí a cantar fuera a cantar ese folclor nuestro. Me sentía feliz, cómo no, porque quería difundir la música. Sembrando por todas partes nuestro folclor, como una semilla que renace en cualquier parte del mundo, para que vean qué bella es esta tierra. El motivo guaiquerí es una forma de uno tocar el cuatro. Yo trataba de descubrir en el merengue ese estilo, pero como soy músico de fantasía y no soy músico de teoría, entonces me dije ‘voy a tener que escribir algo por aquí y ponerle a esto motivo guaiquerí’ y así sigo promocionándolo. Es música que sale del alma”.

Por eso la necesidad de difundir más la música margariteña, darle la oportunidad a las nuevas generaciones para que escuchen lo grabado por Jesús Avila, Perucho Aguirre, Miguel Rivera y el propio Francisco Mata, entre otros talentosos margariteños.

La música evoluciona también como la sociedad. “Eso no permanece estático. la tradición no es el pasado transcurrido. Es una fuerza viviente que anima y forma el presente. Por eso tú tienes que conocer las raíces. No hay ningún árbol sin raíces. En la música es igual. Tienes que contar con esos conocimientos. El maestro Inocente Carreño escribió su Glosa Sinfónica y dio gran aporte para universalizar nuestra música. Esa es la verdadera lección, porque no podemos quedarnos estancados. Tenemos que enviar también los aportes nuestros y aceptar lo que nos conviene”, dice “Beto” Valderrama.

Con estilo propio

Angel Tomás Figueroa, “El Tumbalele”, llamado así gracias al tema “Baila Tumbalele”, el cual grabó en su primer disco con base en ritmo caribe, muy antillano, posee una voz y estilo inconfundible.

Recuerda que una de las personas que lo motivó más a grabar fue el recordado músico Rafael “Fucho” Suárez, quien acumuló muchos éxitos con el Quinteto Contrapunto. Figueroa alternaba con él en algunos eventos.

“En esa alternabilidad acordamos que nos viéramos en Caracas. Rafael Suárez me animó a viajar a Caracas, pero a los dos meses lamentablemente él muere. Juré, entonces, no venir a Margarita sin antes grabar mi disco como profesional. Así lo hice interpretando netamente música margariteña. Grabé una gaita margariteña con letra del señor Casto Rivero. Asimismo polos, merengues, motivos guaiqueríes y el tema Canto a la Virgen del Valle”.

Transcurrido el tiempo, lamenta que la música margariteña no la difundan en la radio como debe ser. “Esta música es muy rica en ese colorido, en esa semblanza, en ese carisma que tiene. Es una música muy nuestra, muy caribe, como todos los venezolanos. Con sentir humano. Muy de mar, muy de pueblo y apela mucho al sentimiento margariteño”.

Proa al viento

Miguel Serra es músico y director general del grupo Cuerdas Espartanas, pero también es pescador. Junto a los integrantes de esta agrupación, y la dirección musical de Willians Silva, acaban de grabar el nuevo CD “Proa al viento”, con el apoyo de la Alcaldía de Maneiro. Utilizan instrumentos tradicionales y dedican el disco al pescador en su faena.

“Los géneros nuestros tiene esa variedad, que se cantan en arte menor y arte mayor, de acuerdo con el número de sílabas. Los cantos tradicionales tienen que ver con el canto del agricultor y del pescador”.

Serra cuenta que esto lo utilizaban mucho para las labores de pesca, cuando la navegación era silenciosa, a vela o a remo.

“No había radio ni celulares. Cantaban ‘a capella’ con motivos de alegría o de nostalgia, la faena era motivo de inspiración. Lo viví con mis padres y mis abuelos. Los llegué a oír a ellos cantar. Soy pescador y músico por vivencias propias. eso me viene de familia. Hay algunos ritmos como sabana blanca, zumba que zumba y mocho Hernández que se parecen en algo a la música llanera del joropo.

Indica que en este ritmo de sabana blanca hay dos variantes. La sabana blanca propiamente dicha, que se canta con la misma melodía, pero en versos de arte menor y el “pedro catino” que es la misma melodía, pero un poco más “estribillada” y con versos de arte mayor.

Defender legado musical

La cantante margariteña Lucienne Sanabria, resalta la importancia de la música tradicional.

“Cualquier ciudadano del mundo, en el lugar donde habite, encontrará música tradicional, porque ésta es factor de identidad. Por lo tanto, debe ser defendida en el lugar donde nos toque vivir”.

En lo personal, asimila con rigurosidad ese deber de cultivar y de difundir la música, “para que no se pierda en las generaciones futuras”.

“Hay que cantarla, grabarla, tocarla y transmitirla en forma oral. Ahora, si logra el conocimiento académico y puede transcribirse, mucho mejor, porque es un aporte fidedigno que traspasa ese legado a las nuevas generaciones”.

Asegura que en Margarita han realizado buena labor para preservar la música tradicional, y en tal sentido calificada de abanderado y visionario a “Beto” Valderrama Patiño.

“Asumo que soy pupila total del maestro ‘Beto’, quien me motivó para que tomara la música tradicional como línea de trabajo en el campo musical”.

Además llevó a mucha gente a grabar a Caracas, entre éstas a Ana María Guzmán y Jennifer Moya. A la par, nacen las escuelas de cantos tradicionales. El canto coral fue nutriéndose de la música tradicional con arreglos hechos por gente de muy respetado nivel. Todos sumaron esfuerzos.

“Hay que enseñar a cantar, para que nuestra música continúe arraigada en el pueblo. Hay variedad de formas musicales. variantes en los diferentes géneros. El pueblo no las está escuchando ni aprendiendo en forma espontánea, a menos que las enseñen.

Hay muchos que están cantando, pero a pesar que con el gobierno actual se le ha dado importancia todo lo que es identidad nacional, los artistas aún no pueden dedicarse por entero a la música, porque no están los espacios y la conciencia creada para pagarles lo que merecen. Seguimos siendo todavía la ‘cenicienta” de las profesiones”.

Riqueza folclórica

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Bandola y mandolina son instrumentos presentes en la música tradicional margariteña. / ARCHIVO

Santiago Lunar, integrante del grupo Collar de Perlas, transmite la emoción al interpretar esos aires margariteños.

“El polo es alegre, pero cadencioso. Lleva una rítmica más lenta. Lo utilizan todavía para los poemas. La malagueña es romántica y melancólica. Por eso sostengo, y creo no equivocarme, que Nueva Esparta es el estado más rico en cuanto a música folclórica”.

El músico gracitano Andrés Rasse indica que son varios los géneros, pero lamentablemente no todos son bien difundidos.

“Yo incorporé la gaita margariteña, y la tocamos a cualquier hora y en cualquier momento. Utilizamos dos estilos y así también combinamos la jota con el polo margariteño”. Entre los géneros, indica, “el galerón, es aquel que ha tenido más fuerza. Lamentablemente, en razón a los costos, cada vez son menos los eventos folclóricos y culturales que se hacen. Cada vez resulta más difícil lograr contribuciones”.

Con referencia al galerón dice que es una décima, pero es más fácil para improvisar.

“Aquí se usan mucho las décimas de ‘picón’, que es cuando los cantadores comienzan a decirse algunas cosas con mucha chispa, lo cual motiva al conglomerado a ver cómo le responde el otro. Algunos pueden improvisar décimas, pero no tienen esa gracia, para la mayoría del público, su interpretación no es buena, porque hace falta lo jocoso”.

También se dan casos de quienes hace una décima jocosa, que posiblemente guste al público, pero para los conocedores de la materia no está bien hecha, porque el galerón tiene sus reglas.

Rasse tiene fama de improvisar el género de la gaita. “Como es un ritmo muy rápido, necesita mucha habilidad para hacerlo”.

Agrega que mientras en la gaita zuliana hay versos más cortos, en la gaita margariteña tienen que cumplir con una décima o espinela. Con los diez versos, y cumplir con su rima.

“Son costumbres. Es la misma gaita que se canta en cualquier parte. Nuestra música llega de España, pero nosotros nos apoderamos de ella. A ésta le han hecho algunas modificaciones y hemos agregado lo autóctono”, aseveró.

Indicó que una sabana blanca la pueden cantar en polo, en jota o en malagueña. Es muy alegre, pero ha faltado difusión y motivar a la gente.

Como otros músicos que han salido a tierra firme y al exterior para interpretar la música margariteña, al principio hay cierto temor porque ésta no guste, pero está demostrado que cada escenario es un éxito. “En mi caso la naturaleza me dotó con el don de improvisar, y eso gusta mucho”.

Alberto Fernández, nacido en Pedregales el 13 de diciembre de 1936, es músico y compositor. En la casa de Modesta Bor, aledaña a la iglesia San Juan Evangelista de Juangriego, donde mantiene una tipografía, nos hala de la música margariteña.

“Siento que la están revalorizando, porque estaba muy opaca. Uno de los pilares en esto ha sido Francisco Mata, quien por cierto tiene grabadas cuatro canciones mías: canto a Pedregales, El Corocoro, Picha y hoyo, y Fuentidueño”.

Piensa que a la hora de componer, en la isla de Margarita, en la isla de Margarita sobran los motivos como el amor, el mar, todas esas bellezas que son su fuente de inspiración.

Víctor Rivera, director fundador del grupo Paraguachoa, también residen en el municipio Marcano, donde nació el 20 de marzo de 1944. Toca mandolina, guitarra, cuatro y bandola. Interpreta gaitas, polos, malagueñas, zumba que zumba, gaita y galerón.

“La música margariteña ha sido muy olvidada, merece mayor difusión”.

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Ibrain Bracho, músico y compositor neoespartano. / ARCHIVO

Para Ibrahim Bracho, cantante margariteño, la música tradicional es parte de la idiosincrasia. “Es el testimonio más fehaciente de lo que es el margariteño. Es un símbolo que nos identifica ante el mundo. No se parece a ninguna otra, a pesar de que tiene rasgos evidentes de la cultura española”.

Indica que dentro del contexto oriental tiene la diversidad cultural más grande, y su forma particular de ejecutarla.

“Son peculiaridades que poseemos. La malagueña puede ser que en todo el oriente posea la misma estructura musical, pero es diferente la manera de cantarla. Cada quien la interpreta a su manera, respetando la métrica y musicalidad. Por ejemplo, no es igual la malagueña que interpreta Miguel Serra, a la que canta Francisco Mata”, dice

“La gaita margariteña también tiene su forma de cantarse y rítmica al tocarla. En el estado Sucre suena la gaita, pero ellos tienen una forma “estribillada”. Conservan la misma métrica en cuanto a la creación, pero varía en la forma de tocarla. Ha un acento ‘estribillado’ distinto al de Margarita”, agregó Ibrahim Bracho, talentoso músico, director del Ensamble Salitre.

Gama musical

Perucho Aguirre, director de la agrupación Collar de Perlas, opina que la música tradicional margariteá es el material musical quizás más importante del universo.

“No existe una región que tenga la gama de música, de ritmos y de manifestaciones musicales como la margariteña, comenzado por la jota, la malagueña, el polo, el galerón, la sabana blanca, el zumba que zumba, el estribillo, seis por derecho (especie de contrapunteo que se hace entre dos cantadores y también hay un cantador cualquiera que lo hace, lo prepara y lo canta y hasta lo improvisa, con un simple instrumento que es el cuatro o la bandola)”.

Además de la bandola, usan la también tradicional “marímbola”. Se trata de un cajón ahuecado con flejes metálicos que cumple la función de bajo. Algunos le dicen marimba, pero realmente su nombre es marímbola y vino de África. “Lo fueron metiendo y se quedó”, dice.

“Entonces nosotros lo adoptamos para llevar el ritmo, porque le da a éste sazón, candor y fuerza. La marímbola acompaña a todo lo que tu quieras. Además tenemos el acompañamiento del bandolín, el cuatro, las maracas, entre otros instrumentos autóctonos”.

A pesar de la influencia española, a la música le pusimos forma de ser, con nuestra cultura, con la ideología marina que siempre nos ha acompañado. Ese salitre que aparece en la música margariteña, no aparece en la música que hacen España”. Para Perucho “Es una consecuencia, no hay nada que no sea resultante de otra cosa, como en toda creación del hombre. En su estadía por el planeta el hombre hace cosas, pero siempre habrá un patrón, un punto de referencia. Siempre hay un grado de compenetración que el hombre va mejorando, haciéndolo suyo y le pone la candidez del medio, del espacio y del aire que respira, el azul que acompaña, las olas del mar, el mundo que sueña y en toda esa serie de matices va mezclando aquello. Por razones de los matices esa música que él oyó por allá, la va cambiando a sus ancestros, a su condición de ser, a sus sueños y a sus latidos. Es como si te dieran todos los ingredientes”, explica Aguirre.

Considera que gaita margariteña es otro fenómeno musical alegre, soñador, amoroso, humorístico, lleno de candidez extraordinaria. “Esa gaita nada tiene que ver con la gaita de los europeos, ni la de zulianos. ¿Por qué le pusieron gaita, a eso? ¡Vaya usted a saber!” exclama.

“Son ritmos que nacieron, al igual que el punto del navegante, el punto propiamente dicho, el punto cruzao. Eso no tiene nada que ver con el punto puertorriqueño, a pesar de es éste una décima. Nosotros ese punto lo hicimos con coplas, que vienen y regresan como la ola que va y viene. Asimismo, en la sabana blanca también la versificación viene y se regresa, va y viene, como una ola. Ese movimiento del oleaje el nativo lo plasmó en esos ritmos”.

Indica que los polos margariteños también tienen sus “travesuras” desde el punto de vista musical. “¿Qué quiere decir esto? El polo que se canta en Bella Vista (Porlamar) no es como el que cantan en la Península de Macano, ni es como lo interpretan en Punta de Piedras. Es el mismo polo, pero cada quien le pone una característica que lo identifica con el pueblo, el espacio, el ambiente y el medio donde se encuentra”.

“Pienso que el mar tiene mucho que ver con eso. Por ejemplo, los pescadores no tienen secretos con el mar, con los pueblos marinos. Por ejemplo, un marinero cuando está en Porlamar, puede tomar su peñero y venirse a Punta de Piedras, a Bella Vista o Pampatar. En ese ir y venir de pueblo en pueblo, buscando el pescado, un amor o para asistir a fiestas, en esa mezcla de criterios y lenguaje, fue mezclando y cruzando la música y se la fue trayendo. Y de Bella Vista se la llevó a Pampatar”.

“Los campesinos también tenían su música. hace un tiempo escuché cantar a un campesino en El Valle del Espíritu Santo. Me dijo que ese canto era el “loro”. Cantaba “a capella”. Indagué al respecto y la gente decía que lo utilizaban para bajar la montaña con la cosecha. Un canto de alegría, o de acuerdo a cómo se daba la cosecha”.

“El hombre sierre utilizó la música, para expresar sus sentimientos. Por la cosecha, por la lluvia, por la pesca, por la sequía, que no llovía, para pedirle a la Virgen del Valle. Algo hermoso, por ejemplo, escuchar a Francisco Mata cantar un punto del navegante”.

Recordó, asimismo, a un reconocido músico llamado Julián Guevara, quien era cantor de velorio de cruz. “Este señor cantando galerón no tenía rivales. La rapidez con la cual improvisaba era admirable”.

“El premio era ganarse la palma que ponían en la mesa sobre el mantel. Ese era el trofeo, y ellos iban a pelearse por ganarse la palma. Para ello ponían de manifiesto mucha inteligencia y sabiduría. Conocían de historia, geografía o religión. A la hora de cuadrar una décima se preparaban para ello. Además, tenían por naturaleza ese destino, esa fuerza que fue pasándose de generación en generación”.

Asegura que no hay mucha bibliografía al respecto, “pero afortunadamente el margariteño ha sido muy responsable su cultura, y no ha dejado de cantar y de componer”.

Ahora hay cantores por todas partes, la música los envolvió de esa ‘sazón’.

“La memoria popular es lo que está en juego. Quiénes y por qué fuimos, a lo largo de todo este proceso de transculturización”, dice Perucho Aguirre, docente jubilado, quien es músico “desde que tiene uso de razón”. A los trece años compuso su famoso tema El Posiclero.

Junto a Collar de Perlas prepara un nuevo disco compacto, con auspicio del alcalde de Marcano, José Ramón Díaz, el cual será presentado el 18 de mayo próximo en el marco del Festival de l Jota y la Malagueña, a celebrarse en la Escuela Técnica Industrial, ETI, “Alejandro Hernández” de Juangriego.

Aguirre propone políticas de Estado con las cuales contribuyan a preservar la música tradicional. Crear un firme andamiaje musical, al ritmo del turismo, y que en vez de vallenatos o “reguetones” el margariteño escuche su música en los autobuses, emisoras y carros libres.

“Debemos contribuir con la oportuna difusión, a través de los medios masivos. Que el margariteño se encuentre con sus raíces, con sus valores y que de este modo se reciba al visitante en el terminal de ferrys y en el aeropuerto, porque uno compone el tema y el Estado no incentivas a que esta bella música se difunda. Entonces viene el desencanto del cantor y de los excelentes compositores margariteños”.

La realidad triste es que para escuchar música margariteña la gente tiene que madrugar, porque es la única hora cuando la ponen en las emisoras comerciales.

A su juicio “lo peor que le puede ocurrir a un ser humano es la desazón. Sentirse ‘arropado’ por el medio. No quisiera que nos desanimáramos o decepcionáramos. Hay que continuar trabajando para mantener viva esa llama. Para reafirmar que amamos la casa, la mesa… el jardín”.

“Ahora los muchachos no se ocupan ni de sembrar una mata Cuando por el contrario la felicidad como seres humanos sólo la conseguimos si nos metemos dentro de la gama de lo telúrico, de lo permanente y de lo emocionante, pero si muestra música no la difunden, ni la promueven, entonces viene la decepción”.

“Esto hay que estimularlo, para evitar tanto juventud descarrilada. Por eso mi pedagogía ha sido la ‘pedagogía de la parranda’ para transmitir y enseñar. Espero que algún día alguien haga una tesis de grado sobre la parranda como hecho educativo. Mi teoría es que las parrandas se amoldan a un circuito en particular, y en este caso hablamos también de los aires margariteños. Todo hombre tiene por delante un gran aprendizaje en el río de la formación espiritual como ser humano. Esa parte que sale del alma, de la pureza, de sentirse humanos y de pretender siempre el bien”.




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