Porlamar
11 de diciembre de 2018





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De hiel y de cizaña…
Son enemigos gratuitos. Se encuentran en todos los escenarios, regodeándose de accionar al querer invalidar y perjudicar a quien o a quienes con ingenuidad los trata con respeto y consideración.
Crisanto Gregorio León / crissantogleon@gmail.com

11 Oct, 2018 | No fue casual, no fue al azar, te seleccionaron intencionalmente para causarte daño y los perpetradores se mantienen de bajo perfil, festejando su hazaña. Actuaron con astucia y disimulo, por envidia y por celos.

Pérfidos perpetradores que ejecutan canalladas en contra de otros, andan plácidos como si fueran inocuos, cuando en realidad son hienas que ríen apostando a la destrucción de a quien emboscaron para victimizar siendo inocente.

Son enemigos gratuitos. Se encuentran en todos los escenarios, regodeándose de accionar al querer invalidar y perjudicar a quien o a quienes con ingenuidad los trata con respeto y consideración. Aquí un pensamiento de Pierre Corneille, “mientras más bondadosamente tratas a quien te odia, más armas le das para que te traicione”.

Estos perpetradores, son víparas y pueden ser gente sin mayor preparación lo que es entendible algunas veces, y pueden también ser estudiados, lo que es definitivamente inexcusable e imperdonable. No importa el grado de estudios de los perpetradores cuando sus corazones y sus mentes están llenos de hiel y de cizaña; pues al sentirse amenazados en su establishment idean la manera de quitarte de en medio, así tengan que tramar un juego sucio aderezado de juego limpio.

Caras vemos, corazones no sabemos. Cuanta teatralizada circunspección y ponderación exhiben hipócritamente quienes con su obrar dicen lo que son y dejan ver sus costuras. Sus conciencias, son reflejos de su maldad.

Cuánto veneno puede inocular un áspid camuflado, cuánta intolerancia y maldad pueden albergar las mentes y los corazones de estos tipejos y tipejas, que se desplazan con el peso de sus conciencias alteradas con cuyos actos se deleitan maléficamente, siendo una ofensa para el espíritu de quienes se ven obligados a tropezárseles.

¿Es que acaso puede haber mayor vergüenza que saberse una mala persona a quien se le saluda y trata, cuando la circunstancia hace la obligación, pero que el hedor de su conciencia no disimula su vileza?

Con miradas maliciosas entre amiguetes festejan sus fechorías, enlazándose cuales áspides, son inmunes entre ellos a sus desordenes espirituales. Usan diversos camuflajes y lo más escabroso es que se jactan de tener apoyos que comulgan con sus ladinerías, o que a veces inocentemente se prestan para cometer injusticias.




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