Porlamar
17 de octubre de 2018





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100 años de vigencia del Manifiesto Liminar
La universidad era utilizada tan sólo para abusar del poder, y no para su verdadero fin, es decir, producir conocimiento y dar al país profesionales e investigadores promotores de su desarrollo científico y tecnológico.
Maria Margarita Galindo /Mariagalindo2008@hotmail.com

2 Oct, 2018 | Los sistemas de gobierno oprimentes por su naturaleza buscan apoderarse del control de la educación universitaria y de la educación en sí misma; pues permite a los representantes o dirigentes de estos movimientos políticos autoritarios tener el control de la conducta de los ciudadanos.

La “inmovilidad senil” tal como lo señaló el manifiesto Liminar en 1918 representa adormecer a la población, callarlo en su crítica, su pensamiento, su capacidad de transformar, de producir conocimiento. Se busca controlar la educación desde esta perspectiva para mutilar el pensar del ser humano. Esta situación es el fundamento de la lucha emprendida por los jóvenes argentinos en el año 1918. Es importante destacar que aunque este movimiento se gestó en Córdoba pudo abarcar a los jóvenes de Latinoamérica por presentar realidades comunes.

Este manifiesto nos insta a la necesidad de tomar en cuenta las transformaciones políticas, económicas, sociales y educativas que debe experimentar una nación, solo así será posible hablar de una verdadera reforma universitaria. El manifiesto Liminar evoca un sentimiento de libertad de la juventud latinoamericana indignada con tanta mediocridad en sus universidades dado que la ignorancia y la tiranía era lo que caracterizaba al claustro académico.

La universidad era utilizada tan sólo para abusar del poder, y no para su verdadero fin, es decir, producir conocimiento y dar al país profesionales e investigadores promotores de su desarrollo científico y tecnológico. La universidad argentina para ese entonces era el fiel reflejo de la sociedad la cual estaba oprimida, sin libertad, sin pensamiento propio, pasividad extrema, en fin, sin el más mínimo indicador de un posible desarrollo para ese nuevo siglo, del cual solo habían transcurrido 18 años. En este sentido, es válido reflexionar que no puede haber ciencia donde no hay sentido crítico.

Para aquel entonces la universidad se había convertido en un brazo ejecutor de la tiranía y el abuso del poder. Lo que importaba realmente era formar al individuo para obedecer pasivamente, pero esos jóvenes de Argentina, despertaron y elevaron su voz de protesta, cansados de la ausencia del verdadero quehacer universitario, cansados de la pseudociencia, cansados del régimen que violaba sus libertades y derechos.

Esto evidencia como un grupo de personas aferradas a las prebendas del poder habían convertido a la universidad en un claustro sin identidad, pues para la estructura de la época era vista negativamente y no se correspondía a lo que en términos estrictos una universidad debía aportar al sistema-país. Más bien era una universidad signada por la involución a pesar de apenas estar entrando a un siglo que prometía mucho. Definitivamente la universidad conservaba un régimen del pasado, un atraso de más de un siglo y que para la fecha debía estar superado, por ello se le denominó “anacrónico”.

En Latinoamérica no podemos volver a estructuras dominantes del poder, necesitamos una región donde predomine una verdadera democracia, una verdadera libertad que no limite el pensamiento y menos la libertad de expresión. El Manifiesto Liminar en su discurso político y social, engloba lo que podríamos denominar un diagnóstico muy certero de la realidad universitaria porque proporciona el elemento necesario para planificar nuestro avance y progreso como región, pues la realidad de nuestra estructura universitaria sigue anclada en sus orígenes, el cual a pesar de que fue expuesto hace 100 años, su vigencia sigue intacta en sus principios de lucha.




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