Porlamar
17 de octubre de 2018





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Recuerdos de unas Fiestas del Valle - 1980
Para mí, como ser humano, la memoria es uno de los mejores regalos de la vejez (en el umbral ya de mis 67 años). Son tantos los nombres que evoco con cariño. La mayoría de ellos unidos a mis 41 años de sacerdocio (desde agosto 15 de 1977).
Mons. Carlos Romero Moreno

26 Sep, 2018 | (Antes que la memoria me borre las huellas del afecto y del trabajo por la Virgen)

La memoria… la memoria… Dicen que para los pueblos es importante conservar la memoria… Y la historia así lo demuestra. Pueblo que no tiene memoria tiende a repetir sus errores.

Para mí, como ser humano, la memoria es uno de los mejores regalos de la vejez (en el umbral ya de mis 67 años). Son tantos los nombres que evoco con cariño. La mayoría de ellos unidos a mis 41 años de sacerdocio (desde agosto 15 de 1977).

Es un rosario de nombres y rostros. Y debo anteponer una primera petición de disculpa que deben hacerme: y es que si olvido algunos nombres no ha sido por mala intención sino culpa de esos entresijos por donde se nos han comenzado a escapar los recuerdos.

Comencemos por el principio.

En Marzo de 1980 soy nombrado párroco del Valle del Espíritu Santo. S.E. Mons. Tulio Manuel Chirivella –segundo Obispo de Margarita y de entrañables recuerdos en el corazón de muchos por su bonhomía y gran sensibilidad humana como ninguno- en un gesto de confianza (y corriendo un gran riesgo, sólo tenía 27 años y no cumplía siquiera tres años de ordenado) me asigna ese cargo pastoral.

Mi primera decisión fue –ante la inexperiencia de mi juventud, las advertencias de que El Valle era un lugar “difícil” y sobre todo por mi visión de iglesia-comunión- buscar un grupo de “apoyo” para dejarme aconsejar, asesorar y tratar entre todos de sacar adelante algo que –lamentablemente- estaba languideciendo.

Y así nada más, nació una humilde “Junta de Apoyo”. Hoy hablaríamos con palabras más pomposas: Consejo de Pastoral Parroquial – Consejo de Asuntos Económicos – Evangelización – Liturgia. Todos esos encargos estaban sobre los hombros de esta Junta.

¿Quiénes fueron esa “Junta de Apoyo” original?

Mateo y Bertha Boada. Eustiquio y María José Boadas. Alberto e Isabel Heredia. José Miguel y Arsenia Moreno. Pedro y Gloria Vásquez (y su equipo: Gloria nunca trabajó sola. Siempre tenía su propia “Junta de Apoyo” entre sus amistades y relaciones que nos sacaron de buenos apuros) Manuel (Nolucho) y Blanca Obando, Elba de Cerrone, Blanca Blandín, Pedro Marcano, Pedro Claver Cedeño (el hombre de la prensa), maestro Domingo García (encargado de finanzas), Ana Heredia.

Y digo original, porque había una Junta “ampliada” de acuerdo a las actividades que se programaban. Muchos “valleros” se incorporaban: Francisco y Gisela Mejías (Brigada de Orden), Humberto Velásquez y Luis Rivera (haciendo esfuerzos por promover noches culturales enfrente de la iglesia en vez del triste cuadro de gente pasada de tragos alborotando), Nelson Hernández, Claudio Luis Quilarque (y su querida madre, Cruz María). Sixto Cedeño (Sacristán impecable e incondicional. Dignamente sustituido en el tiempo –después de algún período menos brillante- por Daniel Cedeño).

Unida a estas “novedades” (hoy es fácil olvidar que antes de eso no había nada… y que hasta era la Guardia Nacional quien intervenía para “imponer” orden en la iglesia) …

Digo que junto a estas novedades se unía la preciosa “herencia” de Mons. Mata Cova: la prudente y mujer de exquisito trato, Doña Belén Sánchez de Mata (y su grupo de colaboradoras) como “camareras” de la Virgen. Y el señor Agustín González, encargado bajar la imagen el 1 de Setiembre.

Con el tiempo se sintieron convocados también a integrar la Junta personas de gratos recuerdos como José Vicente y Amarilis Salazar.

Transmitía, Salve de la Víspera (Cantó el Orfeón Nueva Esparta) y la Misa, Radio Nueva Esparta. Rómulo Cardona fue el locutor y –por supuesto- el agradecimiento a los hermanos Cardozo Flores quienes siempre fueron incondicionales con la Virgen del Valle.

Y así, llegó septiembre de 1980.

Primera novedad (y primer riesgo): la Eucaristía Central no sería en la iglesia (insuficiente para albergar el número de devotos y, por tanto, limitaba la participación).

Y así, sin ayudas de gobernaciones ni exclusivos patrocinadores y como telón de fondo una bella pintura mariana decorativa conseguida gracias a las gestiones de la incansable Gloria de Vásquez vemos cómo -al repique de campanas- se abren las puertas del Santuario y en su humilde “trono” de yeso y vidrio sale la Virgen a la explanada de la iglesia (esto lo escribo con el paso de los años y es inevitable que todavía no se me erice la piel con el recuerdo emocionante) y la vemos aparecer acompañada de los acordes del Himno del Estado Nueva Esparta. Honor, hasta ese momento, reservado al Gobernador de turno y a la Virgen Santísima del Valle. Y escoltada por los integrantes de la Junta de Apoyo.

Misa solemne. Presidió S.E. Mons. Tulio Manuel Chirivella. La explanada fue insuficiente para la asamblea litúrgica de esa gloriosa mañana.

Por la tarde, procesión alrededor de la plaza del pueblo. Rosario.

Y así terminó un día cuya organización se fue mejorando y mejorando con el paso del tiempo. La preparación dejó de ser sólo “del Valle” y se unió gente muy valiosa convocada de otros puntos de la isla.

Debo, en justicia, reconocer, además, que entre todos cuantos pasaron esos años, correspondió al Pbro. Luis Eloy Serrano dar un “segundo impulso” y una mayor convocatoria en la celebración de las festividades. Los hechos hablan por sí solos.

Con el paso de los años, la Liturgia se vio impresionantemente embellecida con la participación del querido Prof. Domingo Rodríguez.

Algunos otros nombres: para atender al Sr. Obispo Diocesano, a los sacerdotes que pasaban por el Valle, alimentar a la “Brigada de Orden” (compuesta por jóvenes del Valle, bajo el liderazgo de Francisco Mejías y Pedro Marcano), la merienda de los grupos culturales, hacía falta también un buen equipo de respaldo.

Fue entonces cuando le pedí la colaboración a Edgar y Crucita Márquez, Carlos y Nelly Coronel, Luis y Ana Guilarte, Olga y Nilda, del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Sin pensarlos dos veces, con familia y todo se “mudaban” al Valle desde el 1 al 15 de septiembre.

Lo que sigue después no corresponden a mis recuerdos.

En 1987 debí salir a estudiar a Barcelona – España la Licenciatura en Liturgia y le tocó a otros luchar sus propias guerras.

La mía fue muy dura: en mi ausencia (sin derecho a defensa) fui tildado por un ben-“emérito” que me sustituyó de ser yo un cura de “misa-y-olla” (sin duda no tuvo tiempo de valorar lo que se había hecho en esos siete años). Por si fuera poco, fui acusado de ser el promotor de una campaña de anónimos contra el obispo diocesano de ese momento (al tiempo se convenció de la falsedad de la acusación en mi contra y en gesto que lo honra me concedió un “premio de consolación”: pidió para mí la honorificencia pontificia de “Capellán de Su Santidad).

Entre el gozo del regreso de esos años está el haber sido destinado a la Parroquia de Altagracia-Pedrogonzález-Guayacán donde tuve el gran gozo de convivir con una juventud alegre y entusiasta que militó bajo la figura y patrocinio de san José de Calasanz.

Pero ya esto se sale del Valle y de esos comienzos cuyos nombres me ha gustado sacar del cofre del corazón y compartirlos antes que la memoria nos juegue una mala pasada.

Termino invocando a María Santísima con un bello Himno de la Liturgia de las Horas.

Cuando pienso en la cercanía de “la hora” (mi hora) me imagino cuánto quisiera que ese momento fuera así:

Llena de rosas mi herida,

llena de estrellas mis ojos,

llena de paz mis abrojos,

llena de gracia mi vida

y, de resplandor vestida,

ven a mí en la última hora

a cerrar, consoladora,

mis ojos fijos en ti

y, vaciándome de mí,

lléname de ti, Señora.

_____________________

Lectura Complementaria: 75 Años de la Coronación Canónica de la Virgen del Valle.

Libro-Crónica editado con motivo del acontecimiento.

Recomiendo dos artículos: “La Junta de Apoyo” y “Los Embajadores de la Virgen” (relato del periplo por el Oriente venezolano motivando la participación de los margariteños en tal ocasión. Es de la pluma del recordado Prof. Alberto Heredia)




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