Porlamar
16 de noviembre de 2018





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Manual de las Equivocaciones Políticas (IV)
El escenario era el mismo: la plaza Francia en Altamira, desde donde todos los días ofrecían su “parte de guerra”. Esa aventura acabó con las navidades del año 2002 y se prolongó hasta el 3 de febrero del 2003.
José Gregorio Rodríguez / jotaerre577@gmail.com

7 Sep, 2018 | Luego del golpe de estado del 11 de abril del 2002, la vocería de la oposición la asumen los militares golpistas y la Coordinadora Democrática. El 21 de octubre de ese año con el apoyo de los medios de comunicación privados del país, se montó desde la urbanización Altamira de Caracas, una de las tragicomedias más larga y fastidiosa que se conozca en la historia de la política-ficción venezolana: El desfile de la Plaza Francia. Desde ese lugar un ex general de la Guardia Nacional, un tal Felipe Rodríguez, a quien apodaban El Cuervo, acompañado de un poco más de 10 oficiales que habían participado en la intentona de abril proclamó: “Vamos a derrocar al presidente Hugo Chávez”.

Comenzó el pronunciamiento por goteo de cerca de 120 uniformados transmitido en vivo y directo por TV. Las más encopetadas damas de la high society caraqueña y del periodismo de la farándula política desfilaban todas las tardes por el aforo del reality show a exhibir sus estrenos de temporada. Pitos y cacerolas vitoreaban a los valientes vociferantes de muy malos discursos abundantes en lugares comunes. Cayó el telón de la bufonada caraqueña. Cedió el paso el 2 de diciembre a un paro por 24 horas convertido en indefinido y convocado por la patronal Fedecamaras, al que se unieron la CTV, la nómina mayor de Pdvsa y los partidos políticos de la Coordinadora Democrática. Las acciones opositoras las conducían, Carlos Fernández de Fedecamaras y Carlos Ortega de la CTV.

El escenario era el mismo: la plaza Francia en Altamira, desde donde todos los días ofrecían su “parte de guerra”. Esa aventura acabó con las navidades del año 2002 y se prolongó hasta el 3 de febrero del 2003. El sabotaje petrolero causó pérdidas a la nación por más de 30 mil millones de dólares y el PIB del primer trimestre del 2003 cayó en 24.9 %. Los alzados que pedían la renuncia de Chávez nunca explicaron al país lo que había sucedido. Una carta enviada por el difunto Jorge Olavarría al empresario Gustavo Cisneros el 2 de junio del 2004 ofreció desde el propio campo opositor una reflexión poco difundida: “Durante más de sesenta días, más de 200 cuñas diarias en todos los canales privados de televisión, bombardearon a los venezolanos con mensajes de apoyo a la huelga que paralizó al país. No creo que algo semejante haya ocurrido en ninguna parte.

Venevisión puso en marcha una programación de puertas abiertas a todo aquel que quisiera expresar su apoyo a la huelga”. Otro intento, una nueva victoria de la revolución bolivariana. Esta historia continuará. ¡Prohibido olvidar!




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