Porlamar
20 de noviembre de 2018





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“Reparar” ropa es auxilio para mucha gente
Sastres y costureras, quienes también enfrentan las vicisitudes económicas, tienen un a mayor demanda para adoptar ropa, uniformes escolares y hasta militares, a la talla de la clientela. Niños “heredan” indumentaria estudiantil.
Yanet Escalona | @YanetEscalona

Foto: ARCADIO MILLAN

José Ramón Peñaló realiza todo tipo de “reparación” y adaptación de ropa para niños, niñas y adultos. En este caso le toma medida a uno de sus clientes, quien le llevó pantalones para ser transformados en bermudas. / Foto: ARCADIO MILLAN

16 Ago, 2018 |Más que confeccionar estrenos y pensar en textiles adquiridos en el otrora proveedor régimen de puerto libre, los sastres y costureras se adaptan a los nuevos tiempos y tienen su mayor demanda por parte de la clientela para el arreglo de piezas de vestir, uniformes escolares y hasta indumentaria militar, ante los altos costos de la ropa que impiden comprarla nueva.

José Ramón Peñaló, quien atiende todo tipo de reparación en su tienda “Sastrería del pantalón”, ubicada en la calle San Rafael de Porlamar, se dedica a este oficio desde hace 26 años, pero antes, en Caracas, tuvo dos fábricas.

El tiempo pasa y las circunstancias también cambian. Hoy asegura que con esta realidad del país “llegará el momento en que no se podrá seguir trabajando”, porque este conocido sastre asegura que el alto costo de las agujas e hilos tiende a ser insostenible, “y mucho peor el precio de las telas o el de las piezas de una máquina de coser, cuando ésta se daña”. Por ahora se dedica a “reparar” ropa usada y entre los clientes se encontraba David Suárez, quien le llevó varios pantalones para transformarlos en bermudas e igualmente algunas camisas que pidió se las adaptara a su talla actual, porque son las que utiliza para el trabajo.

“También vienen padres preocupados porque no tienen con qué comprarle uniformes a los hijos cuando comiencen las clases. Se los arreglo con ‘tacos’ (parches), o se los adapto para los más pequeños, quienes los heredan de sus hermanos mayores, agrega.

En el terminal
Jesús Martínez es otro de los costureros orgulloso de su oficio. Tiene un puesto desde hace un quinquenio en el terminal de pasajeros de Porlamar. En plena faena, habla de su experiencia, que suma 35 años y que incluye formación en curso del Inces y otros para nutrirse de conocimientos, porque le ha gustado toda la vida dedicarse a esta área.

“La gente se ha visto en la necesidad, o ha tomado la iniciativa, de reparar las cosas porque no tiene dinero para comprar ropa nueva. Aprovecha así lo mucho, o lo poco que tiene, dijo. La carestía actual, en cuanto a los insumos y materia prima para ejercer sus labores, también le impacta a sastres y costureras, a la hora de adquirir hasta un carrete de hilo, cuyo costo oscila entre los 350 mil y 4 millones de bolívares; una aguja de máquina de coser en 700 mil bolívares o tijera grande, especial para corte y costura, entre 60 y 70 millones de bolívares, para poner un ejemplo, explica Martínez.

Además de ropa y uniformes escolares, militares y policiales, repara bolsos, coloca “tacos” y ajusta a la medida de cada solicitante, sobre todo de acuerdo con el bajo peso de la persona, acorde con las inevitables “dietas” ya que no consumen tantas calorías como antes.

“Lo importante es que la gente busca solución ante el bajo poder adquisitivo y se va adaptando en razón de sus necesidades”, dijo.

De los hechos curiosos que vive a diario, cita el caso de un cliente que le trajo una pieza talla 48, para llevarla a talla 36, con el objetivo de ajustarla a la medida y a su obligada delgadez.

Costurera tradicional
Carmen Arenas, costurera con residencia en el municipio Maneiro, tiene casi cinco décadas en esta labor; es decir, casi toda una vida en la costura, desde los tiempos en que la gente compraba sus telas y soñaba vestidos, con modelos escogidos de figurines de moda.

Al igual que sus colegas, esta costurera afirma que actualmente lo que hace es “reparar”, porque es lo que más le piden. “La gente arregla desde pantalones, camisas, chaquetas y en esta época los uniformes escolares, buscando la economía, porque el dinero que obtienen los dedican básicamente a la compra de comida”, dijo. Es la manera de “desempolvar” los closets y demás guardarropas, darle uso a todo lo aprovechable y un mayor rendimiento a los pocos ingresos del hogar, porque la realidad económica, impide a los miembros de una familia salir de compras y adaptarse a la moda.

Como dicen en criollo, las circunstancias obligan “a arroparse hasta donde alcance la cobija”, y eso pasa con lo que se viste o calza en estos tiempos.




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