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11 de diciembre de 2018





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Mitos sobre la autocompasión (Parte I)
Introducción sobre la autocompasión.
Ubaldo Beade | @ubeade | ubeade@gmail.com

6 Ago, 2018 | La mayoría de las personas no tiene ningún problema en ver la compasión como una cualidad muy loable. Esta parece referirse a una amalgama de buenas cualidades indiscutibles: bondad, misericordia, ternura, benevolencia, comprensión, empatía, solidaridad, y simpatía, junto con un impulso de ayudar a otros seres vivos, humanos o animales en peligro. Pero parecemos estar menos seguros acerca de la autocompasión. Para muchos, esta lleva un sutil aroma a todos estos otros malos términos de "sí mismo": lástima de sí mismo, interesado, indulgente consigo mismo, egocéntrico, o simplemente egoísta. Incluso, a muchas generaciones de distancia de nuestra puritana cultura de origen, parecemos seguir creyendo que, si no nos culpamos o castigamos a nosotros mismos por algo, corremos el riesgo de la complacencia moral, el egoísmo fuera de control y el pecado del falso orgullo. Para explicar esto mejor menciono como ejemplo el caso de una paciente, obviamente con nombre protegido.

Consideremos a Patricia, una ejecutiva de marketing digital de 39 años con dos hijos y un esposo amoroso. Una persona profundamente amable, esposa dedicada, madre involucrada, amiga comprensiva y gran trabajadora, incluso con tiempo para trabajar como voluntaria en dos instituciones benéficas locales. En pocas palabras, parece ser un modelo ideal a seguir. Sin embargo, Patricia está en terapia por sus altos niveles de estrés. Está cansada todo el tiempo, deprimida, incapaz de dormir. Tiene problemas digestivos crónicos de bajo nivel y algunas veces—para su horror- regaña bruscamente a su esposo e hijos. Por todo esto, es increíblemente dura consigo misma, siempre siente que nada que haga es suficientemente bueno. Nunca consideraría tratar de ser compasiva consigo misma. De hecho, solo la idea de parar en su autoataque, darse algo de bondad y comprensión, le parece infantil e irresponsable.

Pero resulta que Patricia no es la única. Muchas personas en nuestra cultura tienen dudas acerca de la idea de autocompasión, quizás porque ellos no saben muy bien a qué se parece, y mucho menos cómo practicarla. A menudo la práctica de autocompasión se identifica con la práctica de mindfulness, ahora tan omnipresente como el sushi en Occidente. Mientras que mindfulness —con su énfasis en ser vivencialmente abiertos y conscientes de nuestro propio sufrimiento, sin quedar atrapados en él ni arrastrados por la reactividad aversiva- es necesario para la autocompasión, deja fuera un ingrediente esencial. Lo que distingue a la autocompasión es que va más allá de aceptar nuestra experiencia como es y añade algo más —abrazar al protagonista (por ejemplo: nosotros mismos) con calidez y ternura cuando nuestra experiencia es dolorosa. La autocompasión también incluye un elemento de sabiduría —un reconocimiento de nuestra humanidad común. Esto significa aceptar el hecho de que, junto a todos los demás en el planeta, somos individuos defectuosos e imperfectos, con la misma probabilidad que cualquier otra persona de ser golpeados por las flechas de la indignante (pero perfectamente normal) desgracia. Esto parece obvio, pero suena gracioso cuán fácilmente lo olvidamos. Caemos en la trampa de creer que las cosas "se supone" que irán bien y que cuando cometemos un error o alguna dificultad surge, algo debe haber ido terriblemente mal (Oh, discúlpeme. Debe haber algún error). La sensación de que ciertas cosas "no debieran" estar sucediendo nos hace sentir tanto avergonzados como aislados. En esos momentos, recordar que no estamos realmente solos en nuestro sufrimiento —que las dificultades y la lucha están profundamente arraigadas en la condición humana- puede suponer una diferencia radical. Durante un tiempo me dispuse a observar la actitud de algunos padres en mi etapa de docente y los años de práctica de autocompasión me dieron suficiente serenidad como para darme cuenta, hacer una pausa, hacer una respiración profunda, y tomar conciencia de la trampa en la que estaba cayendo. Distanciándome un poco de mis pensamientos y sentimientos negativos, observé a las otras madres y a sus hijos y pensé para mis adentros, "estoy asumiendo que esos niños van a crecer libres de preocupaciones, con vidas sin problemas, que ninguna de esas madres tendrá que luchar a medida que cría a sus hijos. Pero por lo que sé, algunos de esos niños al crecer, podrían desarrollar problemas graves de salud mental o físicos, o simplemente ¡podrían llegar a ser gente no muy agradable! No hay niño que sea perfecto, y no hay padre que no tenga que pasar por alguna forma de dificultad o reto con sus hijos en un momento u otro". Y en ese momento, mis sentimientos de intenso aislamiento se convirtieron en sentimientos de profunda conexión con las otras madres en el parque, y con todos los padres del mundo. Amamos a nuestros niños, pero vaya —¡es duro a veces! Por extraño que pueda sonar, practicando la autocompasión mientras vamos saliendo del paso, no nos sentimos tan solos. Afortunadamente, no se trata simplemente de ilusiones sobre otro enfoque de autoayuda. De hecho, hay ahora un ámbito de investigación imponente y en crecimiento demostrando que relacionarnos con nosotros mismos de una manera amable, cordial, es esencial para el bienestar emocional. No solo nos ayuda a evitar las consecuencias inevitables de una dura autocrítica —depresión, ansiedad, y estrés- sino que también promueve un enfoque de vida más feliz y esperanzador. Más concretamente, la investigación demuestra como falsos muchos de los mitos comunes acerca de la autocompasión, esos que nos mantienen atrapados en la prisión de la autocrítica implacable. En las próximas entregas de Mindfulness en cápsulas, iremos desglosando cinco de ellos.

Sigue en contacto con estas cápsulas de información que lunes a lunes te iremos brindando, para sepas mas del mindfulness y sus beneficios. Si quieres un contacto más directo y vivencial, puedes hacerlo en la Escuela de Emociones y Meditación Mindfulness.

Que la luz se extienda para todos, hasta la próxima…




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