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19 de junio de 2018





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Ceguera ideológica
La ineptitud bolivariana es proverbial. Esta semana desde el Zulia, el secretario de Gobierno nos explica que el colapso eléctrico en ese estado se debe al equinioxi (sic), que según su delirante explicación significa "que cuando en el mundo hace más frío en el Zulia hace más calor". Con este espécimen reímos, para no llorar.
Manuel Narváez | narvaezchacon@gmail.com

7 Jun, 2018 | El contraste entre un presidente mofletudo, bien entrado en carnes, y una población que enflaquece y padece, es doloroso y cruel. Sobre todo si se piensa en los niños desnutridos, el costillar expuesto, la talla que no progresa, el rostro demacrado, la sonrisa ausente, los ojos desorbitados y la mirada perdida, como el futuro que ya no será para ellos. El hambre venezolana duele e indigna porque es consecuencia de la ineptitud, la corrupción y la ceguera ideológica de la casta que se enquistó en el poder.

La ineptitud bolivariana es proverbial. Esta semana desde el Zulia, el secretario de Gobierno nos explica que el colapso eléctrico en ese estado se debe al equinioxi (sic), que según su delirante explicación significa "que cuando en el mundo hace más frío en el Zulia hace más calor". Con este espécimen reímos, para no llorar.

Sobre la corrupción hay poco que enfatizar. Las pestíferas erupciones purulentas estallan cotidianamente en todos los niveles de la jerarquía bolivariana, especialmente la verde oliva. Pero sí me interesa hacer un comentario sobre el hambre y la ceguera ideológica. Respetando las proporciones, las muertes y la emigración que el hambre causa en Venezuela, pueden explicarse en parte de la misma manera como se explican los dos millones de muertos y emigrantes que provocó la política de no intervención del gobierno británico durante la Gran Hambruna irlandesa del siglo XIX.

O los ocho millones de muertos que provocó Stalin con la colectivización forzada de la Unión Soviética. O los treinta millones de chinos que perecieron durante el Gran Salto Adelante ordenado por Mao.

A aquellos muertos y a estos nuestros, los sacrifica el fanatismo en el altar de la ideología. A los irlandeses los mató "el capitalismo salvaje". A los soviéticos, a los chinos y a los venezolanos, "el socialismo salvaje".




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