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18 de septiembre de 2018





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¿Victoria?
Los chavistas saben que Maduro es el peor presidente que Venezuela ha tenido en toda su historia; saben que más Maduro es más miseria, más dolor, más tragedia. Pero no quisieron, o no pudieron, impedir su "elección". Por ello no celebraron.
Manuel Narváez | narvaezchacon@gmail.com

24 May, 2018 | Los chavistas no celebraron la "elección" de Maduro. Les pesa la misma sensación de culpa que sintieron los vecinos de Santiago Nasar cuando no quisieron, o no pudieron, impedir el asesinato que estaba anunciado. Los chavistas saben que Maduro es el peor presidente que Venezuela ha tenido en toda su historia; saben que más Maduro es más miseria, más dolor, más tragedia. Pero no quisieron, o no pudieron, impedir su "elección". Por ello no celebraron.

Algunos se doblegaron ante la extorsión de las bolsas clap y los bonos; otros se intimidaron ante la amenaza de perder el trabajito, la bequita o la casita. Otro grupo, aun sabiendo que "el proceso" es un colosal fracaso, no pudo desconectar su patológico vínculo emocional con Chávez y mecánicamente obedecieron al testamento: "Mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable, absoluta, total, es que (…) elijan a Nicolás Maduro como presidente".

Por supuesto, hubo votantes maduristas que no tienen remordimientos. Ellos son los que se aferran al enchufe corrupto que da acceso a "los negocios" y los fanáticos religiosos de la iglesia revolucionaria de san Chávez. A los primeros les interesa el billete; a los segundos, la revolución: Venezuela les sabe a trapo. Pero tampoco celebran porque sienten el inminente colapso de su modus robandi y de sus vaporosas fantasías, respectivamente.

Los resultados estaban cantados. Las vestales del CNE oficiaron impecablemente la farsa electoral. Pero ello no significa que Maduro haya garantizado el objetivo de atornillarse en la presidencia. Los chavistas saben que el deterioro del país continúa a ritmo exponencial: cada vez peor, cada vez más rápido. ¿Victoria? ¿Cuál victoria? En todo caso, victoria pírrica, proclama con amargura el mismísimo Néstor Francia. Nada que celebrar.




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