Porlamar
21 de mayo de 2018





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Benilde y otros seres humanos
Cincuenta y siete años al servicio gratuito de la familia del frente. Y ni un solo cariñito de humanidad durante tanto tiempo. Viejita, delgadita, humilde, fruncidita. La llamo, viene y nos vamos a la tienda de la esquina donde nos tomamos sendas merengadas de mango. La satisfacción le baila en los labios y la gratitud le titila en los ojos. Y llora.
Juan José Bocaranda E.

13 May, 2018 | Aquella tarde me dijo mi abuelo:

Hoy te hablaré de algunos detalles que en realidad son grandes. La vida no es un solo tirón, largo e inmenso, ni monopolio de los protagonistas de la historia. Es una retahila de cosas grandes, menos grandes y chiquitas… Las chiquitas son la verdadera vida, denominador común del deambular humano...

Raquel

Una prostituta acaba de mudarse a la cuadra. Vivirá exactamente frente a nuestra casa. Mi padre rezonga hasta el anochecer… Al día siguiente, apenas sale a la calle, Raquel lo saluda amablemente.

- Muy buenos días, señor Rodolfo.

- Buenos días.

Regresa de inmediato a casa y le dice a mi madre con tono increíblemente suave:

- ¡Pero es muy decente! ¡Hasta sabe mi nombre!… y parece buena persona…

El testimonio de esta realidad siempre me acompaña: me enseñó a los seis años de edad, a comprender a las mujeres que se ganan la vida en esa forma. Aprendí a mirarlas como seres humanos. Y si lo hizo el Maestro Jesús, ¿quién soy yo para no hacerlo?

Comprender para compadecer…

Trina

Cincuenta y siete años al servicio gratuito de la familia del frente. Y ni un solo cariñito de humanidad durante tanto tiempo. Viejita, delgadita, humilde, fruncidita. La llamo, viene y nos vamos a la tienda de la esquina donde nos tomamos sendas merengadas de mango. La satisfacción le baila en los labios y la gratitud le titila en los ojos. Y llora.

La caja del padre Albarrán

Cuando el padre Albarrán estaba agonizando, después de mucho sufrimiento guardó silencio. El confesor, el sacristán y la mujer de servicio, Concia, creyeron que había muerto. Pero, de pronto lanzó un grito desesperado ¡No, no! ¡Todavía no! Y como despertando de un sueño profundo, ordenó que salieran todos de la habitación, menos Concia, a quien llamó junto a él para decirle al oído: apenas... retiren de aquí mi …cadáver, te llevas a tu cuarto... la caja de hierro... dinero para ti y nuestros tres hijos, y unos documentos que te hacen dueña de la casa... Dicho esto, partió...

Adolfo y Agapito

El viejo Adolfo, sirviente leal. Los ricachones que le han sacado el jugo sin pago alguno durante cincuenta años, se mudan a la capital. Lo abandonan en la calle, a su perra suerte. Se llevan al joven Agapito, de diecisiete años. Será otro Adolfo dentro de sesenta años, y los hijos de los hijos de los ricachones lo abandonarán a su mala muerte como a un reperro.

La trampa

- Benilde, lleve a Silverio bien arriba, para que conozca el páramo.

Y Benilde, hermosa muchacha de quince años, me conduce. Rubia, de rostro sonrosado, labios carnosos, ojos color caramelo. Atravesamos la niebla cada vez más espesa. De pronto se detiene y me invita a sentarnos sobre un montículo, a la orilla de una vereda de piedras y lajas sueltas. Se me acerca, me mira profundo a los ojos y me ofrece los labios. Casi, casi conozco "el páramo", arrebatado por el ventarrón hasta la cima, como lo pretendía su mamá, según pude leerlo en sus ojos pícaros, cuando dijo Benilde, lleve a Silverio bien arriba, para que conozca el páramo. Me salvó el olor a cebollas y ajos que Benilde despedía y que me bajó el vuelo. Me puse de pie y le dije "es hora de regresar".

Ÿ mi abuelo concluyó:

Pequeñisimos detalles que componen la vida y contienen sal, dulce o pimienta, según se les vea y perciba...




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