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24 de abril de 2018





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Manu Ginóbili y el retrato de una obsesión
El escolta argentino tiene 16 temporadas con los San Antonio Spurs al máximo nivel, aunque ahora no es titular, desde el banquillo juega los minutos importantes de cada partido.
Redacción | @elsoldmargarita

Foto: CORTESÍA Zimbio.com

Ginóbili, una de las leyendas vivientes de la NBA. / Foto: CORTESÍA Zimbio.com

8 Ene, 2018 | Cuando Herman Melville publicó en 1851 la novela "Moby Dick", quizás la mejor de la historia de la literatura, retrató la obsesión del Capitán Ahab siguiendo la estela de un inmenso cachalote blanco. Era el hombre contra las circunstancias exteriores, pero también el hombre contra el hombre mismo. Las pulsiones humanas en un simbolismo único recostado sobre pinceladas de mar y embarcaciones.

Encerrarse en cada página de "Moby Dick" es sumergirse en pensamientos obtusos y recurrentes. ¿Qué es lo que verdaderamente persigue Ahab a bordo del ballenero Pecquod? A medida que avanza la lectura, el objetivo deja de ser el desenlace para centrarse en el camino: la pasión es un argumento maravilloso para encontrar sentido a todas las cosas.

Manu Ginóbili es hoy un Capitán Ahab de la posmodernidad. En un mundo de pasiones efímeras, de estereotipos inacabados, y de fidelidades inconclusas, Ginóbili transita el sueño de esforzarse a límites insospechados para seguir perteneciendo. Son concesiones absurdas para el hombre promedio. ¿Qué está haciendo un padre de familia de 40 años tirándose al piso para alcanzar una pelota, entrenándose con chicos a los que dobla en edad, sacrificando amigos, familia, físico, tiempo?

Ginóbili, el hombre que pone siempre el equipo en primer lugar, juega noche a noche una batalla contra él mismo. Esfuerza la maquinaria a límites absurdos para demostrarse que él todavía puede ser útil a la estructura que lo vio nacer como estrella NBA. Es maravilloso observar cómo todo cambia menos Ginóbili: el entorno se modifica y él se mantiene vigente. Todo pasa alrededor como un videoclip. Es la lógica del mundo apocalíptico: todo se destruye pero el héroe avanza entre los escombros.

En definitiva, Manu ha dejado de pertenecer al paisaje para transformarse en el paisaje mismo. Él ya es literatura fantástica.

Quizás por eso nos cueste comprender lo que ocurre noche a noche, porque no es otra cosa que la destrucción absoluta del orden establecido. Hay una grieta en el tiempo y espacio: ¿hasta dónde la obsesión puede empujar al talento? ¿Será que acaso es la mente la que puede dominar el cuerpo? El escolta argentino está rápido, atlético, intenso. Gregg Popovich suministra minutos como un alquimista en el laboratorio, pero en ese lapso que le permite estar en cancha el impacto es mucho más que suficiente. El Grandpa Juice le aporta al equipo pero también a los espectadores: si Manu tiene 40, con ese elíxir hace que todos, al observarlo, vuelvan a sentirse de 20, como marca su dorsal. Es la bandera en el cielo de un mundo deportivo en extinción.

Mientras sus contemporáneos descansan en sus casas, se vuelcan a la dirigencia, a ser entrenadores o comentar partidos como periodistas, Ginóbili sigue jugando con la mentalidad avasallante que lo llevó a terrenos insospechados. Manu ya no persigue campeonatos, como Ahab dejó, a su manera, de perseguir al cachalote blanco. Puede encontrarlo, claro, pero el enfoque ha mutado de eje. Se trata solo de seguir apartando de un empujón la zona de confort para navegar una vez más en las alturas. Sentir la adrenalina que corre por el cuerpo, cerrar los ojos y poder tener, al menos una noche, un minuto, un segundo, esa brisa de aire fresco que acaricia la cara para luego transformarse en tormenta.

Manu es el retrato de una obsesión empujada por la pasión. Se dice que el amor todo lo puede.

Ginóbili y el básquetbol son una clara muestra de eso, publicó ESPN en su portal web.




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