Porlamar
21 de octubre de 2018





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El padre Juan (Dedicado a mí hermana Anitíca)
El recuerdo, ola de perlas legítimas que se nos viene y nos hace el llanto y nos lo purifica. Esa plaza, que estará por siempre frente a ti, porque sé que eres hombre de recuerdos te dio el abrazo de bienvenida; sus guayacanes y ceiba te dijeron – Ven, ven amigo, ven con tu paz hacia nosotros y, las angoletas se acercaron a ti medio tímidas, para decirte con sus cánticos inocentes y alborozados - ¡ Adelante, amigo Juan, bienvenido hombre de fuera...
Perucho Aguirre

9 Nov, 2017 | Cuando saboreaste los pétalos de esta flor, su lozanía y pureza sentiste que arribabas al Paraíso, que tanto preconizan ustedes los clérigos. Sus fosforescencias, clima y la brisa pretenciosa que se dejaba venir desde Bellavista. Te deslumbraste y deslumbró la mano humana y límpida de Víctor Gómez, el Campanero de lo de adentro.

La temeridad de Belén Sánchez y al instante te diste cuenta que esa mujer –margariteña por todos sus puntos cardinales- es Belén de verdad, verdad… ¡La Navidad! Y te deslumbró Trina Ávila. Cornuscopia del necesitado, entrega del corazón. La sangre… Todo cuanto hallaste en esta tímida flor de ayer ¡Bendita sea! aleluyas en tu corazón y silencios.

¿Cuánto no disfrutarías con las ocurrencias de Chico Pote y Don Inginio? Acaso, en más de una ocasión ¿no se te vio disfrutando el deleite de un helado de Simón Rico Rico, frente al Cine Paramount?

¡Oh, Juan, Juan…!

El recuerdo, ola de perlas legítimas que se nos viene y nos hace el llanto y nos lo purifica. Esa plaza, que estará por siempre frente a ti, porque sé que eres hombre de recuerdos te dio el abrazo de bienvenida; sus guayacanes y ceiba te dijeron – Ven, ven amigo, ven con tu paz hacia nosotros y, las angoletas se acercaron a ti medio tímidas, para decirte con sus cánticos inocentes y alborozados - ¡Adelante, amigo Juan, bienvenido hombre de fuera; ya tienes isla, casa y pueblo! Y, el pueblo margariteño se te enterró de buenas a primera, ni siquiera te diste cuenta de ello y de ese pueblo hiciste tribuna de los hombres buenos, trinchera de los mártires y gallardete de los arribos necesarios. Tu palabra de cincel y pulmón enardecido, corrió de calle en calle, de bodega en bodega y de calzada en calzada para acusar el vicio, derrotar la maldad y la corrupción y, hacer correr con las tablas en la cabeza a la pornografía; desbordamiento sexual y violencia ¿ Eso lo hizo Juan, el español ? No. Eso lo hizo Juan el margariteño. El Padre Juan que se vino desde tan lejos y al llegar fue sacudido por la inteligencia de un pueblo grande y luminoso… Tu lo hallaste así y en tus manos y alma lo fueron envileciendo y acorralando y, eso, te fue doliendo tanto que el púlpito de tu casa de oración fue el tribunal de la vergüenza y la defensa de una causa… Con tu voz de relámpago enardecido pretendiste sanar tus heridas. ¡Qué va, el monstruo, demasiado grande! Desgraciadamente tenemos que decir adiós, porque el adiós se lo inventaron a la razón. Tú no te vas, Juan. Te llevan y, sé, te marchas teóricamente, porque conozco tu praxis y, tu praxis, es este pueblo de Margarita que se sembró donde el Dios que amas también llora tu partida…

- Hasta dónde se combate el pecado se peca Juan, es así…

A mí pretendieron callarme, no pudieron; tu menos callarás, amigo.

- Te ocurrió como a Miguel Ramón González, pero Miguel Ramón se nos quedó, aquí, en la sangre y en el alma…

¿Azul?














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