Porlamar
20 de octubre de 2018





EL TIEMPO EN MARGARITA 25°C






Ungüento para el alma
Hace más o menos unos cuatro veranos, en una ciudad libanesa, el dueño de un puesto (que aquí, en Venezuela, conocemos como quiosco) en el que vendía periódicos, revistas y billetes de lotería, cada día, muy temprano, recibía a uno de sus mejores clientes que, sin falta, le compraba uno de estos últimos. Una mañana no llegó, y el comerciante, sin dudar, escogió uno y se lo guardó...
Dalal El Laden | ladendalal@hotmail.com | www.dalalelladen.blogspot.com

21 Oct, 2017 |

Para Ali El Laden Mourad, mi querido papá. Feliz cumpleaños. Te amo.

Caminar por la playa con mi papá es de los momentos que más disfruto, y cada vez que lo acompaño doy gracias a la vida por tan maravilloso regalo. Desde que iniciamos nuestro trayecto hasta que lo finalizamos, la lengua no nos para. Ninguna hora (lo que dura nuestro recorrido) es predecible; una puede ser toda risa (le encanta contar chistes), y otra puede resultar una mezcla de sentimientos que yo no sabría cómo describir.

Ayer, lunes, llegamos un poco más tarde de lo acostumbrado (las sábanas de un domingo relajado no querían soltarnos), pero el sol -que ya quemaba- no nos desanimó.

Calentamos un poco nuestros huesos antes de iniciar la marcha y, al saludar los primeros pasos, una vecina voz femenina deseó haber ganado la lotería, lo que bastó para que mi papá recordara una de esas historias que renuevan los corazones.

Hace más o menos unos cuatro veranos, en una ciudad libanesa, el dueño de un puesto (que aquí, en Venezuela, conocemos como quiosco) en el que vendía periódicos, revistas y billetes de lotería, cada día, muy temprano, recibía a uno de sus mejores clientes que, sin falta, le compraba uno de estos últimos. Una mañana no llegó, y el comerciante, sin dudar, escogió uno y se lo guardó. A la mañana siguiente tampoco apareció y el billete seguía, intacto, en el bolsillo de su pantalón, sin embargo, pronto tuvo que tomarlo para revisarlo y confirmó que había resultado ganador.

Al amanecer, su amigo por fin aterrizó en el quiosco y explicó que una emergencia familiar lo alejó de casa. El vendedor, rozando el billete, callaba, le escuchaba; al darle la gran noticia se abrazaron y las lágrimas de ambos no tardaron en asomarse. Su cliente no podía dejar de pensar que, con el fin de que se quedara con el premio, su compañero fácilmente hubiera podido decir que era su billete; no podía dejar de pensar y pensar en eso, quedando literalmente paralizado ante tanta sinceridad; al recibir el dinero, le entregó una gran parte. La noticia sobrepasó las fronteras.

Cuando mi papá terminó de narrarme lo sucedido, quedé sin palabras (¡y qué podía, qué puedo decir ante tanta limpidez!). El mundo está tan contaminado, hay tanto odio, tantas injusticias, tanta envidia, tanta violencia, tantas divisiones, tantas guerras, tanto, tanto, tanto de todo lo malo, que esto se convierte en algo más que una tregua; en algo más que una historia que nos llena de esperanza al demostrarnos que aún hay gente buena; en algo más que un bonito y ejemplar relato; ¡se convierte en un verdadero ungüento para el alma!

*Escrito en Porlamar, el 18 de octubre de 2012.




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