Porlamar
19 de febrero de 2018





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“¡Que cante! ¡Que cante! ¡Que cante!”
"Veo por la ventanilla que voy caminando al lado de mi condiscípula Eri al salir del liceo. Cuando tenemos exámenes y estudiamos en su casa ella pone siempre un long play de Sadel. Es su cantante favorito, a mí también me agrada".
Dalal El Laden / ladendalal@hotmail.com

9 Sep, 2017 | "La melancólica hermosura de la Calle de la Nostalgia continúa extendiéndose al paso del tren con sus paisajes enigmáticos preñados de sorpresas. De pronto, escucho un agite, y algunas exclamaciones emotivas. En el barullo destacan una señoras en muy buena forma, como mi propia maestra Omaira, que se encuentra en el grupo que rodea a alguien que aún no he podido distinguir bien pero, sin duda, se trata de un caballero muy popular, escucho que algunas lo nombran ¡Alfredo! ¡Alfredo! Me pongo de pie para ver si puedo reconocerlo y, claro que sí, se trata del famoso cantante Alfredo Sadel.

Veo por la ventanilla que voy caminando al lado de mi condiscípula Eri al salir del liceo. Cuando tenemos exámenes y estudiamos en su casa ella pone siempre un long play de Sadel. Es su cantante favorito, a mí también me agrada. Una voz lírica muy romántica. Lo escuchamos. Canta: Cerca de ti no importa ni la muerte ni el dolor, cerca de ti, la vida es tu bondad y tu perdón. Canta: Lloraste ayer, porque me quieres con locura, porque tú sabes que este amor no puede ser. Canta: Vengo a decirte dos palabras solamente, que son pedazos de mi alma y mi dolor. Canta: Escríbeme, son tus cartas mi esperanza, tu ilusión la vida mía, lo mejor morir sería si algún día me olvidaras. Canta: Solo una noche contigo una noche más. Canta: Anoche volví a tenerte en mis sueños, visión brillante y distante que la crueldad de un instante esfumó. Canta: Todo lo que tú anhelabas, todo lo que tú has querido, todo lo que tú has pedido lo has conseguido de mí. Y ahora dime qué más quieres, para saciar tu capricho, di por favor, si por ti muero de amor. Canta: Nunca me iré de tu vida, ni tú de mi corazón, aunque por otros caminos nos lleve el destino, qué importa a los dos. Él canta, al tiempo que mi querida Eri y yo simulamos batallar con una fulana ecuación matemática de segundo grado que nunca he comprendido, ni comprenderé jamás, mientras nuestras piernas se rozan y yo siento un ansioso temblor en nuestros cuerpos juveniles de fácil ardor.

Ahora, en el Circunvalación N° 13, tiene el cabello platinado, su dentadura es perfecta y se muestra simpático y seductor, escucho cuando la muchacha de la franela azul turquesa que tengo muy cerca dice sin rubor ¡Él es divino! Su amiga de la camisa adornada con imágenes de las cartas del Tarot está de acuerdo. Sí, es el más bello de todos los cantantes, asegura. Comienza la alegre incitación acompañada de palmadas: ¡Que cante! ¡Que cante! ¡Que cante! Piden casi todos los pasajeros que observo, solo el doctor José Gregorio Hernández mantiene cierta moderación, supongo que alguien debe conservar la compostura y meditar acerca de lo trascendental en este viaje. Y justo en ese momento me pega un brinco el corazón, cuando el cantante dice: Los voy a complacer con una bella canción bolero, 'Contigo en la distancia', del inspirado cantautor César Portillo de la Luz, que empezando por su propio nombre nos ilumina a todos, y mi interpretación voy a dedicarla muy especialmente al pasajero Elmer, que abordó esta mañana por mera curiosidad el Circunvalación N° 13 y a su linda maestra de primer grado Omaira. Se escuchan algunos aplausos y yo me siento realmente abrumado por la gentil dedicatoria del admirado tenor. Se hace un amable silencio apenas su voz se hace canto: No existe un momento del día en que pueda apartarme de ti. Me acerco a mi maestra Omaira y le ofrezco mi mano que ella retiene en la suya, mientras casi en un murmullo me dice: Cómo has crecido, Elmer, ya eres todo un hombre. Sí, Omaira, querida maestra, y lo cierto es que te encuentro más bella que nunca; al fin crecí. El mundo parece distinto cuando no estás junto a mí. La acerco para bailar, mi brazo rodea su cintura como un adorable tesoro por mucho tiempo codiciado. No hay bella melodía en que no surjas tú. Nuestras mejillas se juntan y siento cuando los pezones de sus senos firmes se acunan en mi pecho como una dulce herida. Ni yo quiero escucharla si no la escuchas tú. Un viaje al anochecer ahonda en nuestras vidas en nuestra pequeña historia privada. Es que te has convertido en para de mi alma. Tanto tiempo de espera, maestra, tanto tiempo anhelante para sentir próximo este cuerpo tuyo que incendia todos mis sentidos. Ya nada me conforma si no estás tú también. Elmer, qué locura nos prende. Más allá de tus labios, del sol y las estrellas. Nos besamos ansiosos, como si temiéramos despertar de un sueño. El cantor finaliza la hermosa historia de amor haciendo alarde de su voz. Contigo en la distancia, amada mía, estoooooyyyy" (Eduardo Liendo, en su maravillosa novela "Contigo en la distancia", páginas 215-217).

Nota: En la obra, "long play" y las letras de las canciones aparecen en cursivas.




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