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Porlamar
24 de septiembre de 2017





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Se cae la biblioteca
No hay un gobierno que llegue al poder que no le lance una flor a la figura del Maestro Insigne de Margarita y usan su nombre solo para fines proselitistas, pero nadie osa poner sus buenos oficios para que se detenga el cáncer interior del comején que destruye no solo sus varas y techo, sino que tiene rato instalado en sus entrañas.
Manuel Avila

7 Sep, 2017 | Nadie mete la mano por la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” de Pampatar. Da tristeza que si el historiador “Jesús Manuel Subero” diseñó un centro la historia de toda Margarita para que los estudiantes y ciudadanos en general pudieran investigar sobre nuestra historia, ahora es el comején el dueño de los libros guardados en esa importante institución. Nadie mete la mano desde el Gobierno Nacional o desde el Gobierno Municipal. Esta realidad ondea sobre Pampatar ante la mirada indolente de una región donde la historia parece pegada con cautaro.

Todo el mundo se hace el sordo y el ciego ante tal calamidad que pone en tela de juicio el sentir de los insulares por su historia y no se ve por ninguna parte campaña alguna para el rescate de la Biblioteca “Jesús Manuel Subero”, pues la nostalgia se apodera de quienes pasamos por el frente y nos imaginamos al Maestro pampatarense en su mecedora exhibiendo con orgullo su creación.

No hay un gobierno que llegue al poder que no le lance una flor a la figura del Maestro Insigne de Margarita y usan su nombre solo para fines proselitistas, pero nadie osa poner sus buenos oficios para que se detenga el cáncer interior del comején que destruye no solo sus varas y techo, sino que tiene rato instalado en sus entrañas. Ahí está en todo su esplendor corriendo por sus hojas como una misiva de muerte que condena a cada ejemplar de la historia a fenecer muy pronto. Llegue a creer que el comején solo atacaba la madera y me equivoque porque tiene rato comiéndose las hojas de libros importantes para la historia de nuestros pueblos.

Cada día se decreta la muerte lente de la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” ante la mirada complacida de un pueblo que parece no quejarse de nada ante la caída inminente de este patrimonio cultural y académico de la isla. Ni una sola mirada se lanza desde el IABSTIENE de La Asunción donde su director está más distraído en la política nacional y regional que en su tarea nobiliaria de ser un farsante de los libros y desde la Alcaldía de Maneiro desde donde sus autoridades no siquiera saben que el comején dejará sin futuro las huellas de la historia regional. Pareciera que no le duele a nadie, ni a los amigos de Jesús Manuel, ni a sus colegas historiadores, ni a los cronistas, y por supuesto menos a las autoridades.

Ese día que fui a investigar algunos elementos de la historia regional me tropecé por cuestiones del destino con la arquitecta que planifica el Paseo El Calvario desde hace varios años que buscaba información sobre las plantas que adornarán la obra religiosa cultural de Pampatar y tuve ganas de decirle que incluyera “El Comején” como otro atractivo del monumento a la desidia gubernamental. Me guarde mis expresiones por respeto a la dama profesional, pero cómo es que en las narices de las propias autoridades municipales se viene abajo la Biblioteca “Jesús Manuel Subero” y nadie levanta sus manos para pedirle siquiera al Cristo del Buen Viaje para que haga un milagro en tan importante obra para Margarita y Pampatar. Solo la insensibilidad gubernamental de quienes están distraídos por la vorágine de la política hacen que se olviden espacios tan importantes que hacen pensar al común de los mortales que a nadie le duele nada en esta tierra de la Virgen del Valle.

Un día de estos cuando se derrumbe una biblioteca que está sostenida solo por el amor que le puso Subero a la historia de Margarita, veremos a los curiosos asomarse para ver de cerca la caída de un gigante y la debacle de la historia de nuestros pueblos. Esa biblioteca que duele está de pie como un gigante que se cura sus heridas y no encuentra una mano amiga que le dé una mano. Eso lleva la conclusión que a nadie importa la cultura, pero si los votos.




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