Porlamar
17 de julio de 2018





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Un país mejor
He aprendido en la escuela que los grandes cambios ocurren cuando se respetan las pequeñas cosas. Pido a Diosito que nos ayude primero con esta pequeña cosa.
Juan Ortiz | Instagram: @Juanortiz_12

9 Ago, 2017 | "Que no se coman la luz, Diosito, que no se coman la luz", repetía una y otra vez José, de unos ocho años, mientras esperaba junto a su mamá el bus ruta cuatro que lo llevaría al centro de Porlamar. Era martes, 4:30 p.m., hora pico. Estaban sentados en la parada de Rattan Plaza. La mamá no deja de escucharlo y notó que yo tampoco.

-¿Qué haces, José? -preguntó la mamá.

-Pido a Dios un mejor país -respondió el niño.

-Así no se hace, eso no tiene sentido, debes decir: Dios, danos un mejor país.

-Eso hago, mamá, ¿ves aquella señora al otro lado de la acera?, se parece a mi abuela, tiene tiempo tratando de cruzar la calle, aun cuando el semáforo le dice que puede pasar, pero la gente en los carros no le dejan, ¿cómo puedo pedirle a Dios un mejor país, algo tan inmenso directamente, si la gente no respeta lo más simple?

He aprendido en la escuela que los grandes cambios ocurren cuando se respetan las pequeñas cosas. Pido a Diosito que nos ayude primero con esta pequeña cosa.

Su madre cerró los ojos y empezó a decir:

"Que no se coman la luz, Diosito, que no se coman la luz".




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