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24 de mayo de 2018





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Convertirse en lo que se detesta
No contentos con insultarlo, se le abalanzaron encima. Ya en el CCCT se había vivido un episodio de violencia parecido hace unas semanas, cuando una turba enardecida confundió a un pobre señor con un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia y se sintió empoderada para caerle a golpes.
Carolina Jaimes Branger | @cjaimesb

19 Jun, 2017 | El miércoles pasado, un grupo de personas que asistían al plantón, se refugió en los espacios del CCCT, huyendo de la persecución de la GNB. Entrando al centro comercial se toparon con un señor que caminaba hacia la salida, trajeado de flux y corbata. Nadie lo conocía, pero casi de inmediato, comenzaron los gritos y la andanada de insultos: “¿Y tú qué estabas haciendo mientras nosotros protestábamos?... ¡Seguro que eres un enchufado, comiendo en un restaurante cuando aquí la gente se muere de hambre!... ¡Sinvergüenza, el %$%/# de tu madre, hijo de @$%!”.

No contentos con insultarlo, se le abalanzaron encima. Ya en el CCCT se había vivido un episodio de violencia parecido hace unas semanas, cuando una turba enardecida confundió a un pobre señor con un magistrado del Tribunal Supremo de Justicia y se sintió empoderada para caerle a golpes. En vista de ello, la locutora Shía Bertoni -quien venía del plantón- trató de intermediar para defender al atacado, pero ella también se convirtió en víctima: le jalaron el pelo, la insultaron y le pegaron. Antonio Vasco, también locutor de Mágica 99.1 FM y quien ha tragado gas del bueno, entró a auxiliar a Shía y también fue atacado. Una mujer gritó “¡éste es un infiltrado!” y varios le cayeron encima. El saldo, golpes por todas partes y un dedo fracturado.

Yo puedo entender la rabia y la impotencia de saberse adversario de un gobierno que rompe todas las reglas y viola todas las leyes. Pero de allí a convertirse en lo mismo que se critica, que se pelea, que se antagoniza, hay un largo trecho. Volvernos misántropos lo que va a lograr es destruir aún más lo que queda de país.

Las masas enardecidas no piensan ni razonan. Actúan visceralmente. Una persona que se deja llevar por esas pasiones puede pasar de ser ciudadano respetuoso a convertirse en asesino en un santiamén. Ya ha sucedido. Me remito al terrible caso de un inocente chef que una turba linchó en Los Ruices.

Es imperativo mantener la cabeza fría. Entender que cada quien tiene su manera de protestar y de aportar. Con actitudes como ésta que narro lo que vamos es a terminar destruyéndonos entre nosotros. Lo peor es que el gobierno, bien gracias, verá los toros desde la barrera. Y es que lo peor que nos puede pasar ahora es convertirnos en lo que detestamos.




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