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Porlamar
20 de febrero de 2017





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Eso de ser parrandero…!
Y la noche con su botín de luces bellísimas me levantaba, como a propósito, para que yo la mirara, evocara y me quedara viéndola ido, completamente; ni sé para dónde. Preguntándome por qué uno el ser humano no podía ni siquiera robarse una estrella de esas y, sobre todas, la famosa estrella de Belén
Perucho Aguirre

5 Ene, 2017 | Siempre me sentí pueblo viejo, porque desde muy niño mi difunto padre ¡Que en EL BAR LA GLORIA descanse! me llevaba a la Iglesia de La Asunción y yo le preguntaba que quienes eran esas personas y por qué no caminaban ni hablaban como nosotros y, él, Mateo Beltrán, me decía ¡Cállese, después usted sabrá! Pero se me murió cuando tenía 8 años y todas aquellas interrogaciones, aún, las llevo en la sangre. ¡Si, ese ha sido mi después; hacerme a mí mismo con lo que Dios me puso al frente y, aprovechable. Después que él, Mateo, me dejó con el después y el cállese la boca!...Eso me enseñó a vestir siempre con colores nuevos y a valorar el canto de los pájaros y de los músicos de La Asunción ¡De aquella famosa e inolvidable retreta y, sobre todo, los Paseos de Música, a los que me iba escondido, aunque, después me jodieron en la casa!

Eso mismo me ocurrió desde muy niño con los parranderos. Parranda que Peruchito oyera, parranda de la que Peruchito se pegaba, sin medir tiempos ni consecuencias…Cuando las flores cerraban sus pétalos y escondían sus sensibilidades, pudor ¡siempre aparecían las interrogaciones. La lluvia me entusiasmaba, demás! La lluvia era para mí esa hija de Dios que se aparecía de cuando en vez a llenar las perolas que se nos pusieron viejas –también- de tanto aguardarlas…¡Vainas!

Y la noche con su botín de luces bellísimas me levantaba, como a propósito, para que yo la mirara, evocara y me quedara viéndola ido, completamente; ni sé para dónde. Preguntándome por qué uno el ser humano no podía ni siquiera robarse una estrella de esas y, sobre todas, la famosa estrella de Belén que anunció el arribo de Jesús, El Mesías. Por eso la condición de niño –para mí- es nuestra máxima e infinita Libertad…¡Sí, Libertad! Tanto así, como la de ser parrandero! ¿Y, mi mamá, Ana Matilde?...¡Ahí, callaíta la boca!

¿Azul?




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