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18 de junio de 2019





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Agricultura como herencia familiar está viva en La Matica de La Rinconada
Los hermanos Zacarías trabajan la tierra de forma individual y sin ayuda de terceros en lo más alto del cerro El Monero, en Antolín del Campo, pese a que sus hijos no continuarán con la tradición agrícola, Huberto Zacarías prepara a un nieto para que siga el legado.
Karla Marval Esteves

Foto: CARIDAD LEAL

En La Matica también siembra la caña de azúcar. / Foto: CARIDAD LEAL

10 Feb, 2015 | La siembra en el cerro El Monero en Antolín del Campo es catalogada como una agricultura de herencia por los hermanos Zacarías, quienes desde niños suben a diario el cerro para cultivar la tierra.

Ahora con sus años encima, Humberto y Víctor, dos de los tres hermanos dedicados al cultivo de la tierra, se confiesan amantes de su trabajo. "Yo subo a las 6:00 a.m. hasta las 10:00 a.m., y luego otra vez a las 2:00 p.m. hasta las 5:00p.m., como nadie me dice que hacer, yo me pongo mis tareas", relata Humberto, quien tiene sembrado a la fecha maíz, berenjena, ají dulce, plátanos, caña de azúcar y frutales como la guanábana.

La gran desventaja de los cultivos de los hermanos Zacarías es la falta de agua. Allá arriba en el cerro no hay sistema de riego, solo depende de lo que provea la naturaleza, y en estas últimas semanas la lluvia no ha aparecido por lo que el corte de auyama y maíz no se dio como debía. Humberto a diferencia de su hermano posee una pequeña poza de agua que le sirve para el riego.

Estos hermanos recuerdan que desde bien pequeños iban con sus padres en una caminata pausada hasta la cima del cerro, donde están los frescos de la familia, o bien las parcelas donde siembran y trabajan duramente la tierra.

Foto: Caridad Leal

Ají margariteño. / Foto: CARIDAD LEAL

Cada hombre de la familia Zacarías se dedica a su tierra de forma individual, no tienen ayudantes. Sin embargo, Humberto contó que está enseñando a un nieto sobre la agricultura, para que cuando él ya no pueda cumplir con la hora de caminata para subir y otra para bajar, el pequeño se encargue del conuco y continúe con la labor que desempeñaron sus bisabuelos.

El proceso de comercialización de los productos cultivados se hace en el mismo pueblo, pues la comunidad se hace eco de que la cosecha está lista y acuden a la casas de estos hombre en busca de la docena de maíz, los cortes de yuca, las auyamas o los ají margariteños. Con la caña de azúcar es diferente, pues a la casa de estos hombres llegan varios compradores, dedicado a la venta de guarapo de caña, quienes pagan entre Bs 4 y Bs 5 por cada vara.

Una de las quejas de estos agricultores es la falta de atención de las instituciones del Estado, pues allí en La Matica de La Rinconada no han llegado representantes de institución alguna para realizar censos u ofrecer apoyo financiero para la compra de herramientas, las cuales que aseguran están muy costosas.

Trapiche funcionando

Los hermanos Zacarías son propietarios de unos de los pocos trapiches que existen en la isla de Margarita. Humberto no sabe cuántos años tiene en la familia, pero asegura que ya sus bisabuelos los empleaban para moler la caña de azúcar que cultivaban en el cerro El Monero como en los fondos de sus casas. A la fecha la estructura hecha de madera funciona a la perfección. Pese a que varias personas han querido comprar el trapiche para llevarlo a un museo, estos hermanos se niegan porque forma parte de su herencia y tradición.

Foto: Caridad Leal

El trapiche está funcionando. / Foto: CARIDAD LEAL




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