• 05:22pm  Varios heridos en segunda jornada de protestas por nuevo presupuesto en Haití

  • 05:21pm  El real pierde 0,87 % y el dólar se vende a 3,130 reales en Brasil

  • 05:13pm  Los Ángeles acoge a la mayor celebración del arte latinoamericano y latino

  • 05:05pm  Colombia ha erradicado 62 % de 50.000 hectáreas de coca previstas para 2017

  • 05:04pm  Tardes redondas en Albacete, Murcia y Baza, donde cae lesionado El Cordobés

  • 05:03pm  Wall Street cierra con nuevos récords del Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq

  • 05:01pm  Precios al consumidor en Argentina subieron en agosto pasado un 1,4 %

  • 05:01pm  Venezuela anula 150 puntos de pago con tarjeta por escasez de efectivo

  • 04:42pm  No jugaremos contra Juan de los palotes, dice el técnico del Plaza Amador

  • 04:41pm  Helicóptero con ayuda para víctimas del sismo se desploma en el sur de México

  • 04:34pm  Juez del Supremo brasileño autoriza una nueva investigación contra Temer

  • 04:34pm  Incautan millonarias propiedades y cuentas bancarias a testaferro de las FARC

  • 04:24pm  Huracanes Irma y Harvey podrían superar los costes de Katrina, según estudio

  • 04:23pm  Chavismo perderá elecciones regionales y presidenciales, según analista

  • 04:08pm  Inauguran en el norte de Chile la primera central geotérmica de Suramérica




Porlamar
18 de diciembre de 2017





EL TIEMPO EN MARGARITA 26°C






La rebelión de los malandros
Cada vez se disemina más la percepción de que la explosión continuada de violencia criminal que aprisiona al país, tiene mucho que ver con la consagración de la cultura o anticultura del malandraje.
Fernando Luis Egaña / flegana@gmail.com

5 Feb, 2014 | El gran polemista Domingo Alberto Rangel, pluma privilegiada para desentrañar el acontecer venezolano, dedicó muchos escritos a explicar por qué el auge de la violencia criminal en Venezuela tenía un componente de carácter sociopolítico de primera importancia.

Que no sólo era una expresión acentuada de la actividad delictiva común y corriente en cualquier nación, sino algo diferente; algo derivado de la exacerbación de la confrontación social, en buena parte promovida desde el poder establecido y, en otra, estimulada por el avasallamiento, la desigualdad y la deshumanización de la sociedad de consumo.

Rangel, como marxista coherente, incorporaba la dinámica de la lucha de clases en su explicación general, pero la realidad es todavía más compleja.

En ese mismo sentido, cada vez se disemina más la percepción de que la explosión continuada de violencia criminal que aprisiona al país, tiene mucho que ver con la consagración de la cultura o anticultura del malandraje, con su legitimación política por parte de la hegemonía y con su reiterada justificación a lo largo de muchos años de retórica y proceder oficialista en el siglo XXI.

Uno de los efectos más destructivos de todo ello es el aumento exponencial del porte ilícito de armas, que pasó de 700 mil en el año 2000 a casi cinco millones en 2010 y, hoy en día, cuatro años después, se afirma que la cifra supera los 10 millones.

De allí que la referida percepción esté más que fundada en una trágica realidad.

Por distintos motivos, quizá más pragmáticos que ideológicos, variados jerarcas del régimen imperante, comenzando por el principal, fueron urdiendo por largo tiempo una densa red de intercambios e intereses entre diferentes ámbitos del hampa de arriba y del hampa de abajo, con el poder efectivo del aparato político-económico bajo el comando estatal.

Una malla de connivencias al margen de la legalidad formal, pero en sintonía con objetivos combinados. Los del hampa: que los dejaran hacer y deshacer; los del poder hegemónico: que el hampa no obstaculizara el "proceso" o proyecto de dominación y que más bien fungiera como instrumento de control político-social.

Ello contribuye a comprender que Venezuela se haya convertido en uno de los países más violentos del planeta, al tiempo que sus gobernantes se automercadearan como justicieros o redentores de la opresión social. De muchas maneras se llegó a privilegiar una especie de "paz malandra" o la relativa garantía de que el hampa podría desplegarse y acrecentarse, siempre y cuando no desafiara el poder del oficialismo rojo, del cual, por cierto, en no poca medida formaba parte.

Esas reglas de juego han sido tímidamente afectadas por algunos organismos gubernativos-policiales, ante el clamor nacional por la extrema inseguridad. Y las bandas armadas, los colectivos territoriales y el malandraje de diversa índole, han reaccionado con encono y potenciada violencia. Y la respuesta de la "revolución" ha sido más recursos millonarios para la "pacificación de las bandas armadas".

En pocas palabras, evitar la rebelión de los malandros, así sea a costa de la paz y la vida de los demás. Así estamos.




Contenido relacionado












Locales | Sucesos | Afición Deportiva | Nacionales | Internacionales | Gente Feliz | Vida de Hoy | Juan Griego | Opinión


Nosotros | HISTORIA | MISIÓN, VISIÓN Y VALORES