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La nueva ofensiva anti-medios
Fernando Luis Egaña
En el presente capítulo de la guerra declarada por la revolución bolivarista a los medios independientes, la víctima principal será la población venezolana ávida de información.
Es un error apreciar la actual ofensiva del Estado rojillo en contra de la libertad de prensa sólo en los términos de un conflicto entre su jefatura y los dueños de los medios de comunicación. La cosa va mucho más allá, porque de lo que se trata es de restringir al máximo posible el derecho que tienen los venezolanos a expresar libremente sus pensamientos, ideas y opiniones.
Esto ha sido, es y será la razón principal de la incompatibilidad entre el modelo de gobernanza que impera en Venezuela y la existencia de un sector mediático que se empeñe en funcionar con autonomía de criterio.
Bastaría realizar una somera revisión de los contenidos de las muchas estaciones de televisión en manos del Estado, para concluir que su misión oficial no tiene nada que ver el derecho a la información sino con el propósito de propaganda e ideologización.
La excusa formal de que los medios estatales deben ser partisanos y entubados a fin de defender a la “revolución” de los ataques sistemáticos de la prensa privada es, precisamente, una coartada para justificar la ejecución de un proyecto comunicacional que sacrifica lo informativo en aras de la militancia política.
Pasa, desde luego, que los numeritos de la audiencia no son halagadores, por lo que la mera acumulación de medios no necesariamente contribuye al reforzamiento de la proclamada “hegemonía comunicacional”. El fracaso de TVES como sustituto de RCTV rinde buena cuenta de ello, y la explicación es obvia: a la generalidad del público televidente no le satisface un canal de publicidad gobiernera.
Por eso estamos entrando en una etapa de mayor agresividad oficialista en materia de acosamiento de la libertad de expresión. La consigna parece ser la siguiente: o los medios no-estatales se autocensuran con respecto a la cobertura de todo aquello que afecte la imagen del régimen, o dejan de existir.
En otras palabras, el problema central no es que fulano o mengana sean propietarios de tal o cual medio de comunicación. Eso es secundario. Lo primario es que esos medios no sigan siendo un vehículo para que los venezolanos se enteren de las noticias que contrastan abiertamente la realidad cotidiana con la prédica triunfalista de Miraflores.
Y ahora, el blanco de la ofensiva no se limitará a determinados medios emblemáticos como Globovisión, sino que se extenderá a lo largo y ancho del universo mediático, incluyendo a toda la televisión abierta, por suscripción o cable, radio, prensa escrita e Internet.
Lo que significa que el objetivo final no es quitarle la empresa a Don Perico de los Palotes, sino doblegar el derecho que tiene Pedro o Yamileth a dar y recibir información oportuna, libre, veraz y sin censura. flegana@gmail.com
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